miércoles, 18 de junio de 2014

No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos

"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos". Juan 15:13.
Enrique era un hombre bueno. Consideraba que su trabajo como policía era un servicio a la comunidad, y estaba totalmente dedicado a servir a cualquier precio. Una prueba de ese deseo se veía en la puerta de su taquilla en la estación de policía, donde había pegado Juan 15:13.
En ese versículo, nuestro Señor declaró: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Esas palabras no significaban para él, simples ideales nobles, sino que expresaban el compromiso de Enrique con sus deberes como policía; compromiso que demandó el precio supremo, cuando fue asesinado mientras cumplía con su trabajo. Su sacrificio fue una muestra real de su significado.
A las pocas horas de expresarlas, Jesucristo puso en práctica las poderosas palabras de Juan 15:13. El acontecimiento del aposento alto, donde Jesús habló de ese sacrificio, fue seguido de la comunión con su Padre en Getsemaní, una serie de juicios ilegales y, posteriormente, la crucifixión delante de una multitud que le ridiculizaba.
Por ser el Hijo de Dios, Jesús podría haber evitado el sufrimiento, la tortura y la crueldad. No tenía pecado ni merecía morir. Pero el amor, el combustible que impulsa el verdadero sacrificio, le llevó a la cruz. Como resultado, nosotros podemos ser perdonados si aceptamos por la fe su sacrificio y su resurrección. ¿Has confiado en Aquel que entregó su vida por ti?
Sólo Jesús, con su sacrificio perfecto, puede declarar perfectos a los culpables.

¿Qué dice la Biblia acerca del sueño del alma?

El concepto del “sueño del alma” no es una doctrina bíblica. Cuando la Biblia dice que una persona está “dormida” en relación a la muerte (Lucas 8:52; 1 Corintios 15:6), no significa literalmente que “duerma.” El sueño es sólo una manera de describir la muerte, porque un cuerpo muerto aparenta estar dormido. Y la Biblia también nos dice que en el instante que morimos, somos llevados al cielo o al infierno, dependiendo de si hemos puesto nuestra fe en Cristo para la salvación. Para los creyentes, el estar ausentes del cuerpo significa estar en la presencia del Señor (2 Corintios 5:6-8; Filipenses 1:23). Para los no creyentes, la muerte significa el castigo eterno en el infierno (Lucas 16:22-23). Al morir nos enfrentamos al juicio de Dios (Hebreos 9:27), sin embargo, hasta que suceda la resurrección hay un cielo o “Paraíso” (Lucas 23:43;2 Corintios 12:4), y un infierno o “Hades” temporales (Apocalipsis 1:18; 20:13,14).

Da lo mejor que tengas

Estaba leyendo la anécdota de una niña rica que ve a una niña pobre muerta de frío, y la llama para darle una manta y una vieja almohada. Al día siguiente, la niña pobre viene a devolverle la manta y la almohada, esperando en su fuero interno, que ella se la regalara. En vez de eso, ella le pide las cosas de vuelta y le dice que espere un momento. Cuando la niña pobre estaba lista para irse, triste y cabizbaja, llega la niña rica con una manta y una almohada de la mejor calidad, y le obsequia lo que antes le había pertenecido a ella.

Es bonito escuchar o leer acerca de personas que lo dan todo porque tienen un corazón benevolente y amoroso. Cuando alguien vaya a dar un regalo, lo mejor es que lo dé pensando en que fuera para uno mismo. O sea, uno debe dar lo mejor que tenga y pueda.

A veces, tú puedes pensar que no tienes mucho que ofrecer a otros. Puede que sea porque estás mirando tu situación económica y ves que no tienes mucho. Pero basta con que des de lo poco que tienes, que des algo, para que realmente, sea algo valioso y significativo. Aún más significativo es el hecho de darte tú mismo, en servicio y amor a los demás. Tal vez en estos momentos no tengas ni un solo euro en el bolsillo, pero tienes dos manos que pueden ayudar a alguien que lo está necesitando. En cualquier momento puedes ser los ojos de alguien que no ve, los oídos de alguien que no oye, o los pies de alguien que no anda.

Amor Camino A Tragedia - El Sueño De Dios

“Si el amor que profesas a tu familia, no dispone de tiempo para compartir con ellos, jugar y tener tiempos de descanso juntos, es sin duda un amor silencioso que camina hacia la tragedia. Llanto, dolor y lágrimas es lo que está delante de tu familia que tanto te ha esperado”.
1 Crónicas 4:10 Jabés le rogó al Dios de Israel: Bendíceme y ensancha mi territorio; ayúdame y líbrame del mal, para que no padezca aflicción. Y Dios le concedió su petición.
Eclesiastés 3:1-2 Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar.

martes, 17 de junio de 2014

El Amor Ciego - Reflexiones

¡Hablemos del amor ciego! Cuando Pedro y yo nos casamos estaba tan enamorada que no me encontraba en mis cabales. Pedro afirmó cuando le preguntaron, que nos habíamos casado conscientes de los importantes ajustes que debíamos hacer y de las crisis financieras que íbamos a afrontar, esa era su opinión.
En lo que a mí respecta, no era consciente de nada excepto de que era maravilloso y que la vida sin él sería terrible.
“Entiendo muy bien cómo María, la reina de Escocia, se debió haber sentido cuando dijo de James Bothwell, su tercer marido:  ”Yo le seguiría hasta el fin del mundo en enaguas”, pues eso mismo sentía yo por Pedro…
Si lo hubiera sugerido, hubiera seguido a Pedro hasta el fin del mundo sin pestañear. Era mi vida. Para mí era perfecto, y esto fue precisamente el inicio de nuestros problemas, porque cualquier persona enaltecida sobremanera sólo puede ir en una dirección: "hacia abajo “.
Silvia y Pedro lucharon con sus diferencias para crear un fuerte y duradero matrimonio, pero el principio de su verdadero éxito como pareja vino, cuando cada uno reconoció esta verdad fundamental: NADIE ES PERFECTO.

Honor presidencial

Denle a cada uno lo que le corresponde. Al que deban pagar contribuciones, páguenle las contribuciones; al que deban pagar impuestos, páguenle los impuestos; al que deban respeto, respétenlo; al que deban estimación, estímenlo (Romanos 13:7).
¿Quién fue el primer presidente de los Estados Unidos de América? Es muy fácil, pensarás: George Washington, por supuesto.
- ¿Estás seguro?
Lo creas o no, los expertos en política tienen argumentos para creer que no. En 1781, un americano no muy conocido llamado John Hanson, de la colonia de Maryland, se convirtió en el primer Presidente de los Estados Unidos, reunidos en Asamblea General. En 1774, las colonias instauraron un Congreso Continental formado por delegados de cada una de las colo­nias. Este grupo de hombres constituyó el Ejército Continental bajo el mando de George Washington. El 4 de julio de 1776 el Congreso Continen­tal emitió la Declaración de Independencia. También redactaron los Artícu­los de la Confederación, que representaban las leyes de la nueva nación. Uno de los artículos establecía que uno de los delegados podía ser nombra­do para "presidir" el Congreso, y en 1781 John Hanson fue elegido.
George Washington felicitó personalmente a Hanson, declarando que ocupaba el cargo más importante de los Estados Unidos. Entre 1781 y 1789, otros siete hombres ocuparon después de él ese mismo puesto. Washington no fue nombrado presidente, hasta que el Congreso reemplazó los Artículos de la Confederación por la Constitución de los Estados Unidos.

El verdadero autor - Reflexiones

Cuenta una historia que, había una vez un científico que descubrió el arte de reproducirse a sí mismo tan perfectamente, que resultaba imposible distinguir el original de la copia.
Un día se enteró que andaba buscándole el ángel de la muerte y, apoyándose en su descubrimiento, hizo doce copias de sí mismo.
Cuando el ángel llegó, no sabía cómo averiguar cuál de los trece ejemplares que tenía ante sí, era el científico, de modo que los dejó a todos en paz y se fue. Pero no tardó en regresar con una estrategia muy ingeniosa, basada en la naturaleza humana.
Al llegar al lugar donde se encontraba el científico con sus doce copias dijo: “Debe ser usted un genio, señor, para haber logrado tan perfectas reproducciones de sí mismo; sin embargo, he descubierto que su obra tiene un defecto, un único y minúsculo defecto”.
El científico dio un salto y gritó: “¡Imposible! ¿Dónde está el defecto?”
“Justamente aquí”, respondió el ángel mientras tomaba al científico de entre sus reproducciones y se lo llevaba consigo. “Todo lo que hace falta para descubrir al "ego", es una palabra de adulación o de crítica”.

¿Podremos ver y conocer a nuestros amigos y familiares en el Cielo?

Mucha gente dice que la primer cosa que quieren hacer cuando lleguen al Cielo, es ver a todos sus amigos y seres queridos que han muerto antes que ellos. Sí, probablemente podremos ver, reconocer y pasar tiempo con nuestros amigos y familiares en el Cielo. En la eternidad habrá mucho tiempo para eso. Sin embargo, no es posible que éste vaya a ser nuestro enfoque primario en el Cielo. Estaremos más ocupados adorando a Dios y gozando de las maravillas del Cielo, que preocupados por reunirnos de inmediato con nuestros seres queridos.

¿Qué es lo que dice la Biblia acerca de si podremos ver y conocer a nuestros seres amados en el Cielo? Cuando el pequeño hijo de David murió como resultado de su pecado con Betsabé, después de un tiempo de duelo, David declaró: “Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.” (2 Samuel 12:23). David asumió que él podría reconocer a su hijo en el Cielo, a pesar del hecho de que murió siendo un bebé. La Biblia declara que cuando lleguemos al Cielo, “...seremos semejantes a Él; porque le veremos tal como Él es.” (1 Juan 3:2).1 Corintios 15:42-44 describe nuestros cuerpos resucitados: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.”

¿Lo dejarías todo?

Por eso, piénsenlo bien. Si quieren ser mis discípulos, tendrán que abandonar todo lo que tienen. Lucas 14:33 (TLA)
Mientras Jesús iba de camino, un hombre llegó corriendo, se arrodilló delante de él y le preguntó: -Maestro bueno, dime, ¿qué debo hacer para tener vida eterna?
Jesús le contestó: -¿Por qué dices que soy bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces bien los mandamientos: No mates, no seas infiel en tu matrimonio, no robes, no mientas para hacerle daño a otra persona, no hagas trampas, obedece y cuida a tu padre y a tu madre.
El hombre le dijo: -Maestro, todos esos mandamientos los he obedecido desde que era niño.
Jesús lo miró con amor y le dijo: -Sólo te falta hacer una cosa. Ve y vende todo lo que tienes, y reparte ese dinero entre los pobres. Así, Dios te dará un gran premio en el cielo. Después de eso, ven y conviértete en uno de mis seguidores.
Al oír esto, el hombre se puso muy triste y se fue desanimado, porque tenía muchas posesiones.
Jesús miró a su alrededor y dijo a sus discípulos: -Les aseguro que quien haya dejado algo por seguirme y por anunciar las buenas noticias, recibirá su premio. Si dejó a sus hermanos o hermanas, a su padre o a su madre, a sus hijos, su casa o algún terreno, recibirá en esta vida cien veces más casas, terrenos y familiares, aunque también será maltratado por sus enemigos. Y cuando muera, vivirá con Dios para siempre.
“Si alguno de ustedes quiere ser mi discípulo, tendrá que amarme más que a su padre o a su madre, más que a su esposa o a sus hijos, y más que a sus hermanos o a sus hermanas. Ustedes no pueden seguirme, a menos que me amen más que a su propia vida. Si ustedes no están dispuestos a morir en una cruz, y a hacer lo que yo les diga, no pueden ser mis discípulos”. Lucas 14:26-27 (TLA)