lunes, 3 de marzo de 2014

La esperanza en Dios

"Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que  abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo". Romanos 15:13 

Es muy sencillo utilizar la palabra esperanza como el mundo la utiliza, refiriéndose a ella como expectativa o deseo, pero no como certeza. Por ejemplo, "¡no sé cómo me irá en la Universidad, pero espero lograr el título que deseo!"

Cuando se usa así el término "esperanza", se expresa incertidumbre, dudas. En cambio, en los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento podemos apreciar claramente, que se describe a la esperanza como lo opuesto a desear algo con duda e incertidumbre, entonces interviene la Fe. En la Biblia, Dios nos enseña que esperar en Él significa tener la total certeza de que será Él quien lo haga. Es la confianza absoluta en que algo pasará, porque Dios así lo ha prometido. 


"Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré". Salmo 91:2 

La vida de todos los seres humanos está rodeada de muchas incertidumbres... ¿Podré mantenerme siempre sano? ¿Mi esposo me amará toda la vida? ¿La crisis mundial afectará a mis finanzas? ¿Podré mantener mi trabajo? ¿Mis hijos llegarán a graduarse? ¿Tendré algún día casa propia?... Nadie puede saber con exactitud todas las respuestas sobre su presente y menos sobre su futuro, sin embargo, sí tenemos que estar seguros de las promesas de Dios. Él nos ama profundamente, dio la vida de su único Hijo para que tú y yo seamos salvos, nos está preparando una morada en el cielo, y no permitirá que nada ni nadie nos separe de su amor; pronto resolverá todos nuestros problemas por toda la eternidad, y la lista puede continuar.

Invité al amor a entrar a mi casa

Una mujer salió de su casa y vio a tres hombres con largas barbas blancas, sentados frente a su patio. No les reconoció.
Entonces ella dijo: - Creo que no les conozco, quizá tengan hambre. Por favor, entren y coman algo.
-¿El hombre de la casa está? - preguntaron.
-No, dijo ella, está fuera... 
-Entonces no debemos entrar, respondieron.
Por la noche cuando el marido llegó, ella le contó lo que aconteció. 
-Vete y diles que estoy en casa e invítales a entrar. La mujer salió y les invitó a entrar.
  -  No podemos entrar juntos, respondieron. 
-    -¿Por qué?, quiso ella saber. Uno de los viejos le explicó:
-       -  Su nombre es ABUNDANCIA, dijo apuntando a uno de sus amigos, y mostrando al otro, 
-         Él es el ÉXITO y yo soy el AMOR. Y agregó:
Ahora vaya y discuta con su marido cuál de nosotros quieren ustedes que entre en su casa.
La mujer entró y habló con el marido. Él se quedó sorprendido y dijo: 
- ¡Qué bueno! En este caso vamos a invitar a la ABUNDANCIA. Déjale entrar y llenar nuestra casa de abundancia.
La esposa, disconforme le dijo: 
- Mi querido, ¿por qué no invitamos al ÉXITO?  La cuñada, que oía del otro lado de la casa, les presentó su sugerencia: 
- ¿No sería mejor invitar al AMOR? Nuestra casa estará entonces llena de amor.
-     Atendamos el consejo de mi cuñada, dijo el marido a la esposa: 
    - Vete afuera y llama al AMOR para ser nuestro invitado. El AMOR se levantó y siguió en dirección a la casa. Los otros dos se levantaron y le siguieron.
Sorprendida la señora les preguntó: 
- Sólo invité al AMOR, ¿por qué vosotros dos entrasteis? Los viejos hombres respondieron juntos: 
- Si usted invitara a la ABUNDANCIA o al ÉXITO, los otros dos esperarían aquí fuera, pero si usted invita al AMOR, donde él vaya iremos todos. Porque donde está el AMOR, está también la ABUNDANCIA y el ÉXITO.

Perder el Rumbo

En una peligrosa costa, donde los naufragios son frecuentes, había un precario y pequeño puesto de salvamento. Sus instalaciones no eran más que una simple cabaña y había un solo barco salvavidas. No obstante, los miembros de salvamento, aunque pocos pero muy dedicados, mantenían una constante vigilancia sobre el mar, y sin pensar en sí mismos, día y noche buscaban incansablemente a los náufragos. Muchas vidas fueron salvadas por este maravilloso y pequeño puesto, ganando de esta manera el reconocimiento de todos.
Algunas de las personas salvadas, junto a otros residentes de los alrededores, querían asociarse al puesto y contribuir con su tiempo, dinero y esfuerzo para mantener el trabajo de salvamento. Nuevos barcos salvavidas fueron comprados y nuevas tripulaciones adiestradas, de manera que el pequeño puesto creció.
Algunos de sus miembros estaban disconformes con el hecho de que las instalaciones fueran tan precarias y tan mal equipadas, y propusieron ampliar el lugar de emplazamiento y cambiar el mobiliario, para transformarlo en un lugar más confortable para los náufragos rescatados; así lo hicieron. Poco a poco el puesto de salvamento se transformó en un popular lugar de reunión para sus miembros. Mejoraron la decoración y comenzaron a usarlo como una especie de club. Ahora era menor el número de miembros interesados en salir al mar en misión de salvamento, por lo que contrataron tripulaciones de barcos salvavidas para hacer el trabajo, aunque el motivo predominante aún no era la decoración del club, todavía era el salvamento de vidas, hasta había un pequeño bote salvavidas en la sala principal, donde se celebraba la ceremonia de admisión al club.

Eres el Piloto de tu Vida - Reflexiones

 “Cuando conduzco el coche me molesta que quien está junto a mí me diga qué camino tomar, que me detenga o insista en que debo tener cuidado. Yo soy el conductor, yo sé por qué hago lo que hago, y el conductor es el único que lo sabe. Nunca hago caso de quien quiere decirme cómo conducir, porque por eso pasan accidentes”.
Escuché esta aseveración que le decía un hombre a su amiga,... cuando esta le había dicho que su hija conducía un coche, y ella le dijo que acelerase para evitar un remolque. Su hija le hizo caso, pero no pudo evitarlo.
El remolque se llevó por delante el coche. Afortunadamente viven para contarlo.
Como un rayo, comparé las similitudes que tiene este ejemplo con nuestra vida.
Nuestro coche se llama “vida” y el Ser Supremo ha sido lo suficientemente generoso, como para darnos a cada uno un “coche” propio. Todos somos los conductores de nuestra propia vida.
Desafortunadamente, muchos no asumen esta responsabilidad. Son como conductores miedosos que les gusta preguntar a cuanto tripulante tienen, qué deben hacer. Y como resultado tienen accidentes, no están satisfechos con su vida.
¿Por qué siguen escuchando los consejos de otros, cuando no están satisfechos con los resultados?
Sencillo. Es más fácil culpar a otros de sus fracasos, que ser responsables de sus propias decisiones. Es el caso de la chica que le pregunta a la mamá: “¿Qué debo estudiar?”  O el caso del chico que pregunta: “¿Qué carrera da más dinero?”

domingo, 2 de marzo de 2014

Confianza Verdadera

Confianza indica sin vacilación, es entregarse sin vacilar. Si tú todos los días miras a un equilibrista que pasa por encima de un precipicio de un lado a otro, caminando sobre un cable, y alguien te pregunta que si te ves o crees capaz de pasar sobre el cable, en un futuro no inmediato, tú vas a responder que sí, ya que tú eres testigo de que el equilibrista lo puede hacer. A esto se le llama creer.
Pero si alguien te pregunta si tú eres capaz de subirte a los hombros de aquel equilibrista y pasar juntos por encima del cable...y le respondes que sí, esto es confianza. 
Pues lo mismo sucede con Jesucristo, no basta solamente creer que Él es capaz de hacer milagros, es necesario confiar.
Por lo tanto el verdadero significado de confiar es: entregarse, confiar lo tuyo a alguien. ¿Cuán dispuesto estás a entregar tu vida a Jesús?
La confianza se genera y crece a través del conocimiento. Habacuc sabía perfectamente de lo que era capaz Jehová Dios. Habacuc 3:14 “Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros, Que como tempestad acometieron para dispersarme,”

¿Existe un argumento que pruebe la existencia de Dios? - Preguntas bíblicas

La pregunta de si hay un argumento concluyente para la existencia de Dios ha sido debatida, a través de la historia, por gente extraordinariamente inteligente colocada a ambos lados de la disputa. En tiempos recientes, los argumentos en contra de la posibilidad de la existencia de Dios, han asumido un espíritu conflictivo que acusa a cualquiera que se atreva a creer en Dios, de ser alguien delirante e irracional. Karl Marx aseguraba que cualquiera que creyera en Dios, debía tener un desorden mental que causaba la invalidación del intelecto. El psiquiatra Sigmund Freud escribió que una persona que creyera en un Dios Creador, era una persona delirante, que sólo sostenía esas creencias debido a un factor de “cumplimiento de un deseo”, lo que causó que Freud le considerara tenedor de una posición injustificable. El filósofo Frederick Nietzsche dijo abiertamente que la fe equivalía a negarse a reconocer lo que es verdadero. Las voces de estas tres figuras de la historia, junto con otras, son simplemente repetidas ahora por una nueva generación de ateos, quienes claman que la creencia en Dios está intelectualmente injustificada.

¿Realmente es así el caso? ¿Creer en Dios es mantener una posición racionalmente inaceptable? Aparte de lo que dice la Biblia, ¿puede establecerse algún caso de la existencia de Dios que refute la posición, tanto de los viejos como de los nuevos ateos, y ofrecer suficiente garantía para creer en un Creador? La respuesta es sí, se puede. Por otra parte, al demostrar la validez de un argumento a favor de la existencia de Dios, el caso del ateísmo resulta ser intelectualmente débil.

Para formar un argumento para la existencia de Dios, debemos comenzar por hacer las preguntas correctas. Comencemos con la pregunta metafísicamente más básica: “¿Por qué tenemos algo real, en vez de absolutamente nada?” Esta es la pregunta básica de la existencia de Dios. ¿Y, por qué estamos aquí; por qué está la Tierra aquí; por qué está aquí el universo en vez de la nada? Comentando este asunto, un teólogo ha dicho, “En algún sentido, el hombre no hace preguntas acerca de Dios; su existencia misma exime cualquier pregunta acerca de Dios.”
Al considerar esta pregunta, hay cuatro posibles respuestas de por qué tenemos algo en vez de absolutamente nada:

1. La realidad es una ilusión.
2. La realidad es/fue auto-creada.
3. La realidad es auto-existente (eterna)
4. La realidad fue creada por algo que es auto-existente.

Así que, ¿cuál es la solución más plausible? Comencemos con la realidad siendo simplemente una ilusión, lo cual es la creencia de un número indeterminado de religiones orientales. Esta opción fue excluida hace siglos por el filósofo René Descartes, famoso por su declaración, “Pienso, luego existo.” Descartes, siendo matemático, argumentó que "si él estaba pensando, entonces él debía “existir.” En otras palabras, “Pienso, por lo tanto no soy una ilusión.” Las ilusiones requieren de algo que las cree, y por otra parte, tú no puedes dudar de la existencia de ti mismo si ya ha sido probada tu existencia; es un argumento auto-excluyente. 
Así que la posibilidad de que la realidad sea una ilusión queda eliminada.

La siguiente es la opción de que la realidad sea auto-creada. Cuando estudiamos filosofía aprendemos sobre las declaraciones “analíticamente falsas”, que significan que son falsas por definición. La posibilidad de que la realidad sea auto-creada es uno de esos tipos de declaraciones, fundamentadas en que algo no puede ser anterior a sí mismo. Si tú te creaste a ti mismo, entonces tú debes haber existido antes para que te crearas a ti mismo, pero eso simplemente no puede ser. En la teoría evolutiva a veces se indica esto como la “generación espontánea” – algo que procede de la nada – una posición que pocos, ni siquiera ninguna persona razonable sostiene, simplemente porque no se puede obtener algo de la nada. Incluso el ateo David Hume dijo, “Yo nunca juzgué tan absurda una proposición como la de que cualquier cosa puede surgir sin una causa.” Puesto que algo no puede proceder de nada, 
la alternativa de la realidad como algo auto-creado es excluida.

Dar gracias a Dios

Muchos creyentes tienen la costumbre de dar gracias antes de cada comida. Al hacerlo, agradecen a Dios por todo lo que les da.
Además, esta oración manifiesta una actitud de humildad, y Jesús nos dio ejemplo de ello. Por naturaleza tenemos la tendencia a considerar que todo lo que compramos es nuestro y que no tenemos que agradecer por ello a nadie. 
A Jesús, para alimentar a una muchedumbre de más de cinco mil personas la primera vez y cuatro mil la segunda, le trajeron algunos panes y peces. Era poco, pero un milagro los multiplicó.
Antes de repartir esa comida, en los dos relatos leemos que el Señor levantó los ojos al cielo y bendijo (Mateo 14:17-21 y 15:36).
La intención de bendecir o dar gracias antes de comer es que luego no nos quejemos por la comida que se nos sirve.

Deja Todo


Si esa actividad que estás realizando te hace sentir la persona más miserable del mundo
¿Por qué no la dejas?
Si lloras por una persona que ni siquiera te demuestra amor
¿Por qué no le dejas?
Si te das cuenta que ese pensamiento no es edificante para tu bienestar emocional
¿Por qué no lo dejas?
Si tienes cuentas que pagar, pero aún así prefieres gastar dinero en cosas que no son necesarias
¿Por qué no lo dejas?
Si mentir te está causando grandes perjuicios en tu conciencia y corazón
¿Por qué no lo dejas?
Si tienes deseos de empezar de nuevo
¿Por qué no lo haces?
Si deseas ser un hombre o mujer íntegro(a)
¿Por qué no empiezas hoy?
Si en el baúl de los recuerdos sacas todos los días un recuerdo para vivir
¿Por qué no empiezas de nuevo y vives el presente?
Si el odio carcome aún tu corazón
¿Por qué no lo dejas?
Si sabes que lo que sea estés viviendo o teniendo, te hace daño
¿Por qué no lo dejas?
¿Sabías que basta con un sí o un no que brote de tus labios, para empezar una vida de luz o de lo contrario sumergirse en la más tormentosa oscuridad?

PIÉNSALO, TODO DEPENDE DE TU DETERMINACIÓN.

Comprobando la Fe

A Dios nunca le ha visto nadie. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y Su amor se perfecciona en nosotros. En esto sabemos que permanecemos en Él y Él en nosotros: en que nos ha dado de Su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió al Hijo para ser el Salvador del mundo. Todo aquél que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos llegado a conocer y hemos creído el amor que Dios tiene para nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios permanece en él. En esto se perfecciona el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como El es, así somos también nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor. 
(1 Juan 4:12-18)

En el texto se pueden encontrar cinco pruebas de una fe madura. 

Primera prueba: El Amor

A Dios nunca Lo ha visto nadie. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y Su amor se perfecciona en nosotros

No le hemos visto pero Él permanece en nosotros y se perfecciona en nosotros cuando nos amamos.

Segunda: El Espíritu Santo

En esto sabemos que permanecemos en Él y Él en nosotros: en que nos ha dado de Su Espíritu.

El Espíritu Santo nos confirma, del mismo modo que el Amor nos confirma que permanecemos en Él. La presencia del Espíritu y su afirmación en la madurez cristiana nos debe llevar al crecimiento en el amor.
Un cristiano espiritual no semeja ser un cristiano religioso sino alguien que ama.