La pasión de Nehemías era reconstruir los muros de Jerusalén. Por eso cuando sus enemigos intentaron distraerle y desanimarle, respondió: “…Yo hago una gran obra, y no puedo ir…” (Nehemías 6:3 RVR1960).
El salmista escribió: “Tú, Señor, mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas. Con tu apoyo me lanzaré contra un ejército; contigo, Dios mío, podré saltar murallas” (Salmos 18:28-29 NVI). ¿Quién te da el poder de lanzarte y saltar? ¡Dios! Pero no te puedes quedar sentado, cruzarte de brazos y pensar que Él lo hará todo por ti. Entre la inspiración de tu sueño y su manifestación, vas a tener que sudar mucho. Igual que le ocurre a un padre primerizo, que piensa que es más duro tener o concebir un bebé que cuidarlo. Sin embargo, si tienes pasión por tu sueño, el precio a pagar por él no te detendrá. Te levantarás cada mañana, te apoyarás en la gracia de Dios y darás un paso más hacia aquello para lo que sabes que Dios te puso en esta tierra.
