lunes, 28 de octubre de 2013

Esa es la voz de mi papá - Devocional

Los niños, desde muy temprana edad, comienzan a identificar las voces de sus padres y a distinguirla de otras. Del mismo modo, Dios nos ha dado­ la capacidad de reconocer su voz, de ser sensibles a lo que Él nos dice. Tal vez muchos esperan una voz audible diciéndonos qué hacer, pero aunque no es físicamente audible, sí que apreciamos de verdad que Dios nos hable, y en verdad lo hace a través de su palabra.
bibleUna de las formas que tenemos para reconocer el mensaje de Dios, es escudriñando las escrituras. Pero hay muchas personas que tergiversan lo que en realidad Dios nos quiere decir, desviándose de esta manera de la santa doctrina.
Y para que podamos distinguir la voz de Dios de otras voces, observaremos que Dios se complace mucho más en darnos gozo espiritual y no en saciarnos con alegrías pasajeras y superficiales, que pudieran estar fuera de su plan.
Sus palabras desafían y aumentan nuestra fe, crean en nosotros una confianza cimentada en la relación que tenemos con Él y, cuando nos habla, es necesario que tomemos una decisión acorde a la instrucción recibida.
Jesús es el Buen Pastor y siempre tendrá una palabra de vida para ti “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.“Juan 10:11, y Él promete que seremos capaces de distinguir su voz para que podamos seguirle. Él no quiere que escuchemos a “extraños” porque nos extraviaríamos fácilmente.
“Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.” Juan 10:27.

Anímate a ser sensible y a escuchar la voz de Dios, no te detengas a escuchar voces que sólo te distraen y confunden, medita en su Palabra porque ahí hallarás las respuestas, la paz y el consuelo para tu vida, pues será Dios quien te hablará directamente al corazón.

La Práctica de la Presencia de Dios-11ª Carta escrita por Nicolás Herman, Hermano Lorenzo - Vídeo

La Práctica de la Presencia de Dios-11ª Carta escrita por Nicolás Herman, Hermano Lorenzo a Fray José de Beaufort, representante del arzobispado local, hace más de 300 años.

No oro para que seas librado de tus dolores. Oro a Dios fervientemente para que te dé fuerzas y paciencia para soportarlos durante todo el tiempo que Él quiera prolongarlos. Consuélate con Él mientras te mantiene atado a esa tu cruz. Él te liberará cuando le parezca oportuno. Felices aquellos que sufren con Él. Acostúmbrate a sufrir de esa manera, y busca de Él la fuerza para soportar tanto y durante tanto tiempo, como Él lo juzgue necesario para ti. Los hombres en el mundo no comprenden estas verdades. Y no debemos sorprendernos por esto, debido a que sufren como lo que son, y no como cristianos. Ellos consideran a la enfermedad como un dolor natural, y no como un favor de Dios. Y viéndolo exclusivamente de esta forma, ellos solamente encuentran en ello aflicción y angustia. Pero aquellos que consideran que la enfermedad viene de la mano de Dios, como efecto de su misericordia y como el medio que Él emplea para su salvación, comúnmente encuentran en ello gran dulzura y consolación.

Deseo que te convenzas que Dios está frecuentemente algo más cerca de nosotros y sobre todo, más presente con nosotros en la enfermedad que en la salud. No confíes en ningún otro médico, porque entiendo que Dios se reserva tu cura para Sí Mismo. Pon toda tu confianza en Él, y pronto verás que te recuperas debido a esa confianza. Somos nosotros lo que con frecuencia retardamos nuestra curación, porque ponemos mayor confianza en la medicina que en Dios y sean los que fueren los remedios que uses, te servirán solamente en la medida que Él lo permita. Cuando los dolores provienen de Dios, solamente Él puede curarlos, y con frecuencia Él envía enfermedades al cuerpo para curar las enfermedades del alma. Consuélate con el Médico Soberano, que es Médico tanto del alma como del cuerpo.

El Poder de las Palabras - Devocional

Ted Stallard era sin duda el peor de los alumnos: sin ningún interés por la escuela, descuidado, con la ropa siempre arrugada, siempre despeinado, en fin, uno de esos chicos del colegio de cara impasible, de mirada inexpresiva, fría y distraída. 
Cuando la señorita Thompson le hablaba, Ted siempre respondía con monosílabos. Poco atractivo, sin motivación, con una actitud distante,... no resultaba fácil quererle.

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Aunque su maestra decía que quería a todos los de la clase por igual, interiormente no era del todo sincera. Cada vez que corregía los trabajos de Ted, experimentaba un cierto placer perverso poniendo un “tachón”, al lado de las respuestas incorrectas. 
Pero un día decidió indagar un poco más. Buscó el expediente de Ted y leyó lo que otros maestros habían escrito sobre él. En el expediente estaba escrito: 1º grado: “Ted promete en su trabajo y su actitud, pero tiene una mala situación familiar”; 2º grado: “Ted podría dar más, pero la madre está muy enferma. Recibe poca ayuda de su casa”; 3º grado: “Ted es un buen chico, pero demasiado serio. Aprende lentamente. Su madre murió el curso pasado”; 4º grado: “Ted es muy lento, pero se porta bien. Su padre muestra poco interés por él”.

¿Cómo era Jesús? - Preguntas y respuestas bíblicas - Vídeo

La Biblia no da ninguna descripción física de Cristo. Lo más parecido a una descripción física está en Isaías 53:2b, “No hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.” Esto nos dice que la apariencia de Jesús era la de cualquier otro hombre, que era de apariencia común. Isaías estaba profetizando aquí, que la venida del Siervo sufridor surgiría en condiciones pobres, que no usaría ninguno de los emblemas usuales de la realeza, haciendo Su verdadera identidad únicamente visible para el discernimiento del ojo de la fe.

Isaías describe después la apariencia de Cristo, como se vería cuando fuera azotado antes de Su crucifixión. “De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo mío, así fue desfigurada su apariencia más que la de cualquier hombre, y su aspecto más que el de los hijos de los hombres.” (Isaías 52:14). Estas palabras describen la inhumana crueldad que Él sufrió, hasta el punto en que ya no parecía un ser humano (Mateo 26:67; 27:30; Juan 19:3). Su apariencia era tan terrible que la gente le veía asombrada.

La mayoría de las imágenes que hoy tenemos de Jesús probablemente no sean fieles. Jesús era un judío, así que es probable que Él tuviera la piel morena, los ojos oscuros y el cabello negro. Esto está muy lejos de la representación del pelo rubio, los ojos azules y la piel blanca en muchas imágenes modernas. Una cosa es segura: si fuera realmente importante para nosotros saber cómo era, Mateo, Pedro y Juan, quienes pasaron tres años con Él, seguramente podrían darnos una descripción precisa, así como lo harían Sus hermanos, Jacobo y Judas. Sin embargo, estos escritores del Nuevo Testamento no ofrecen detalles acerca de Sus atributos físicos.



domingo, 27 de octubre de 2013

Hablar y no hacer - Devocional - Vídeo

¡Qué fácil es hablar y no hacer! Es fácil decirle a la gente lo que tiene que hacer, pero a veces resulta muy difícil hacerlo uno mismo; como si cada persona siempre tuviera razón con las palabras que dice, aunque esas no fuesen de aplicación a su vida.
Sin embargo, puede más lo que hacemos que lo que decimos, porque la gente está pendiente de lo que hacemos y cómo lo hacemos; eso no significa que vayamos a vivir para la gente, pero tampoco debemos olvidar que la Biblia dice que somos cartas a leer para el resto del mundo, o lo que es lo mismo, que la gente va estar pendiente de que nuestra vida refleje a Cristo.
Resulta que en ocasiones nuestra predicación se escucha agradable, bonita, excelente, ejemplar,... pero nuestro caminar deja mucho que desear. Mas la voluntad de Dios no es sólo que digamos lo correcto, sino que también lo hagamos. Dios no quiere gente que sólo diga palabras bonitas, quiere gente que cumpla su Palabra, que le ame de verdad, que tenga pasión por Él y que su vida sea reflejo de todo lo que siente por Él.
La Biblia dice:

“¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría.”

Santiago 3:13 (Nueva Versión Internacional)

Mi casa ya no es mi hogar - Devocional

La mayoría de los adolescentes se quejan diciendo ¡mi casa es un infierno!, y en lugar de procurarse un lugar de descanso y paz, muchas veces sólo encuentran un ambiente pesado, cargado de peleas y riñas, por lo cual prefieren evitar pasar tiempo en sus casas. Algunos, en la búsqueda de un lugar agradable, se unen a ciertos grupos urbanos, pandillas, que lo que hacen para captarle, es venderles la idea errónea de que son "su familia".
Lo mismo sucede con los padres, que cuando llegan de su trabajo después de una agotadora jornada, buscando algo de paz, a menudo sólo se encuentran con una esposa que le recibe con quejas y con una interminable lista de problemas causados durante el día.
enojoSe ha demostrado en muchos niños con problemas de aprendizaje, que su dificultad no tiene nada que ver con una carencia intelectual, sino con el problema radicado en su hogar. Al no haber un ambiente de amor y armonía, se sienten inseguros y lo terminan reflejando en un bajo rendimiento en sus estudios.
También se han hecho investigaciones para observar de qué manera los niños afrontan sus conflictos, y se encontró una característica común en todos aquellos que habían pasado satisfactoriamente esta prueba: todos venían de familias que vivían un ambiente cordial.
Esta conclusión no es sorprendente, ya que la familia es nuestro lugar de protección, y cuando es estable, automáticamente nos sentimos seguros para enfrentarnos a cualquier conflicto. De esta forma se crea un ambiente favorable para el desarrollo de nuestras habilidades. Por lo tanto es importante que te preguntes: ¿se respira paz y amor en mi casa?, ¿cuál es mi aporte a este ambiente?
!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Salmos 133:1
Lo dicho para la familia es aplicable también a otros ámbitos, en los cuales nos desenvolvemos, como el trabajo, la iglesia, un club,... donde sin embargo, a veces se siente un ambiente pesado difícil de soportar. Esto sucede porque hay enojos, murmuraciones, chismes, envidia, celos…

No me gusta - Reflexiones - Vídeo

¿Cuál es la clave del éxito? ¿Qué distingue a las personas que triunfan de las que fracasan? ¿Es posible alcanzar el éxito y mantenerlo? Un sin número de posibles respuestas se agolpan en nuestra mente, intentando señalarnos el camino seguro hacia la victoria personal.
Recuerdo la ocasión en que comencé mi primer trabajo. Tenía 14 años y estaba terminando el segundo año de la escuela secundaria, cuando de un día para otro mi tío me propuso trabajar con él durante el verano. ¡Todo un desafío para un adolescente acostumbrado a ver la televisión, a practicar baloncesto y asistir a clases! Sin embargo, acepté el reto y me lancé a la ‘aventura’.
Los primeros días fueron facilísimos: todos me sonreían, los jefes eran pacientes conmigo, e iba sobrellevando, mal que bien, el horario matinal de entrada. Pero con el paso de los días, la ‘comodidad’ se vistió de ‘normalidad’ y el asunto se tiñó de ‘sangre, sudor y lágrimas’. Llegué a trabajar durante casi un mes desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche. ¡Quince horas diarias! Llegaba a mi casa, cenaba y caía desplomado sobre la cama, para levantarme cinco horas después,... ¡y seguir con la rutina! Nada de televisión, nada de paseos, nada de nada. Sólo trabajar, trabajar y trabajar.
Pero algo “mágico” sucedía cada dos semanas. Algo que me hacía “olvidar” el sacrificio y la abnegación de cada día: ¡era que cobraba mi salario! ¡Sí! ¡Por primera vez en mi vida podía disfrutar de mi propio dinero, obtenido con mi propio trabajo! Por primera vez entendí, de manera muy práctica, el enorme valor que tiene el esfuerzo personal con miras a la recompensa del éxito.
San Pablo escribió: “Ustedes saben que en una carrera no todos ganan el premio, sino uno solo. Los que se preparan para competir en un deporte, dejan de hacer todo lo que pueda perjudicarles. ¡Y lo hacen para ganarse un premio que no dura mucho! Nosotros, en cambio, lo hacemos para recibir un premio que dura para siempre. Yo me esfuerzo por recibirlo, así que no lucho sin un propósito. Al contrario, vivo con mucha disciplina y trato de dominarme a mi mismo” (1 Corintios 9:24-27).

Conocerte - Ánimo en mensaje

Creemos conocer a Dios, hablamos de Él, contamos de Él, sin embargo, la única forma de conocerle realmente es a través de nuestras facetas o etapas. No podemos conocer a un Dios sanador si no pasamos por una enfermedad, no podemos conocer al Dios proveedor si no pasamos por escaseces, no podemos conocer al Dios Todopoderoso si no afrontamos situaciones imposibles de solucionar, humanamente hablando.

En ocasiones, hasta ponemos en duda la sabiduría de Dios, queremos decirle qué hacer, cómo hacerlo y en qué momento llevarlo a cabo. También decimos cosas sin sentido, incomprensibles, porque puede que aún no le hayamos conocido de cerca. El caso es que no hay forma de conocer a Dios sino de cerca; si nosotros le seguimos de lejos es muy difícil conocerle, pero cuando nos acercamos a Él, cuando le seguimos de cerca, cuando experimentamos situaciones que ponen a prueba nuestra fe, es cuando más y mejor conocemos a Dios.

Job fue uno de los personajes de la Biblia que tuvo que pasar situaciones muy, pero que muy difíciles; conoció mejor a Dios en medio de sus problemas y tribulaciones, y escribió algo que realmente toca mi corazón y me hace reflexionar en las veces que yo mismo he actuado de la misma manera. Dijo:

“Entonces Job le respondió a Dios:
Reconozco tu gran poder;
nadie puede impedirte
llevar a cabo tus planes.
Tú preguntas quién soy yo,
que siendo un ignorante
he puesto en duda tu sabiduría.
Reconozco que he dicho cosas
que no alcanzo a comprender,
cosas que son maravillosas
y que en realidad no conozco.
Tú dijiste:
“Ahora yo voy a hablar,
y tú me vas a escuchar”.
Lo que antes sabía de ti
era lo que me habían contado,
pero ahora mis ojos te han visto,
y he llegado a conocerte.”

Job 42:1-5 (Traducción en lenguaje actual) 

La Práctica de la Presencia de Dios-10ª Carta escrita por Nicolás Herman, Hermano Lorenzo - Vídeo

La Práctica de la Presencia de Dios-10ª Carta escrita por Nicolás Herman, Hermano Lorenzo a Fray José de Beaufort, representante del arzobispado local, hace más de 300 años.

Me ha sido bastante difícil escribir a M.--. y lo hago ahora cierta y puramente, porque tú y Madame lo quieren de mí. Por favor, escribe la dirección y envíale la carta.

Estoy muy contento con la confianza que tienes en Dios: Quisiera que Él la aumente en ti más y más: jamás sería demasiado lo que podríamos tener de tan buen y fiel Amigo que nunca nos fallará en este mundo ni en el venidero.

Si M.-- saca provecho de la pérdida que ha tenido, y pone toda su confianza en Dios, pronto Él le dará otro amigo, más poderoso y más inclinado a servirle. Dios dispone de los corazones como Él quiere. Quizás M.-- estaba demasiado aferrada a lo que ha perdido, y debemos amar a nuestros amigos, sí, pero sin ponerlos por encima de Dios, que debe ser el principal.

Por favor, recuerda que te he recomendado pensar frecuentemente en Dios, de día, de noche, en tus trabajos, y aún en tus diversiones. Él siempre está cerca de ti y contigo; no le dejes solo. ¿Piensas que es descortés dejar solo a un amigo que vino a visitarte? ¿Por qué, entonces, Dios ha de ser descuidado? No lo olvides, piensa en Él frecuentemente, adórale continuamente, vive y muere con Él. Ésta es la gloriosa ocupación de un cristiano. Ésta es nuestra profesión en el mundo. Si no lo sabemos debemos aprenderlo. Voy a esforzarme para ayudarte con mis oraciones. Soy tuyo en nuestro Señor.