Lo mismo sucede con los padres, que cuando llegan de su trabajo después de una agotadora jornada, buscando algo de paz, a menudo sólo se encuentran con una esposa que le recibe con quejas y con una interminable lista de problemas causados durante el día.
También se han hecho investigaciones para observar de qué manera los niños afrontan sus conflictos, y se encontró una característica común en todos aquellos que habían pasado satisfactoriamente esta prueba: todos venían de familias que vivían un ambiente cordial.
Esta conclusión no es sorprendente, ya que la familia es nuestro lugar de protección, y cuando es estable, automáticamente nos sentimos seguros para enfrentarnos a cualquier conflicto. De esta forma se crea un ambiente favorable para el desarrollo de nuestras habilidades. Por lo tanto es importante que te preguntes: ¿se respira paz y amor en mi casa?, ¿cuál es mi aporte a este ambiente?
!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Salmos 133:1
Lo dicho para la familia es aplicable también a otros ámbitos, en los cuales nos desenvolvemos, como el trabajo, la iglesia, un club,... donde sin embargo, a veces se siente un ambiente pesado difícil de soportar. Esto sucede porque hay enojos, murmuraciones, chismes, envidia, celos…
Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. 1 Juan 4:20-21Si no amas a tu hermano y no sabes perdonar, entonces mientes cuando dices que amas a Dios. Ésta declaración es palabra de Dios, que no nuestra. Por lo tanto, cuando sientas ganas de enojarte, de criticar o murmurar, etc., ¡no lo hagas!. Recuerda que todo esto, aunque parezca inofensivo, afectará gravemente al ambiente en el cual te desenvuelves.
Todos somos responsables de buscar un clima de armonía, paz y felicidad, comenzando en nuestra casa, pero también en la iglesia y en el trabajo.
¡Comienza a hacer algo distinto para mejorar el ambiente de tu hogar, da el primer paso. Quizás un gesto tuyo sea imitado por otros, otros que también se sentirán felices de contribuir a una mejor convivencia. La meta debe ser que cada persona que visite tu casa o tu iglesia, pueda percibir no sólo el amor a Dios, sino también el de nuestros semejantes.
¡No seas parte del problema, sé parte de la solución!
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