jueves, 17 de octubre de 2013

Dios te llama - Devocional

Cuando leo la historia de Jonás, a quien Dios le mandó ir a predicar a Nínive y él se tomó el barco para el lado contrario, no puedo por menos que sentirme profundamente identificado con él. Debo reconocer que yo intentaría lo mismo. Puedo ser muy desenvuelto a la hora de decir algo por escrito, pero soy extremadamente tímido y me cuesta toda una odisea acercarme personalmente a los demás. Y ni hablar de subir a un púlpito y decir algo ante un auditorio lleno de gente. Sufro de crisis de pánico cuando me toca decir algo ante una audiencia. Obviamente lo mío es la palabra escrita. Aunque, humildad y nobleza obliga, debo reconocer que así como mis escritos han sido de gran bendición para muchas personas, también he podido hacer lo contrario, daño a través de la palabra escrita. Desde estas líneas, humildemente pido perdón por ello. Es por esto que me permito una vez más insistir, en que si algo bueno has visto en mí, se lo debes al Señor y nada más que a Él.
En unas cuantas oportunidades, he recibido correos electrónicos de personas de distintas partes del mundo que no me conocen, que me dicen “pastor”. Con mucho tacto, respeto y diplomacia, en cuanto se presentó la oportunidad apropiada aproveché para hacer conocer a mi interlocutor: “gracias, pero no soy pastor”. Y unas cuantas personas que me escribían, dejaron de hacerlo después de esta declaración. Pero más allá de esto, debo reconocer que tanto el “título equivocado de pastor” como mi respuesta, siempre me han dejado una mezcla de vacío y de interrogación dentro de mí. “¿Y por qué no...? podría ser pastor”, pregunta que siempre quedaba en mi mente cada vez que una situación como esta se presentaba.
La primera vez que tuve esta clase de inquietud fue poco después de conocer al Señor. Hacía tiempo ya que me congregaba en la iglesia, la misma a la que hoy asisto después de tanto tiempo, y el pastor me pidió que pasara al púlpito, ante un templo lleno de gente, a leer una porción de las Escrituras. En ese momento no tuve inconveniente en hacerlo, pero cuando bajé alguien me dijo: “parecías un pastor”, por lo que poco después le pedí al pastor una audiencia de consejería en su oficina, y le dije que creía que Dios me había llamado al pastoreado. La respuesta fue desalentadora, pero hoy le agradezco eso a Dios...
... hasta que la oportunidad de mi vida llegó un par de años después. Junto con otro hermano quedé al frente de una pequeña iglesia por la ausencia de su pastor, durante el tiempo, previamente acordado de un año. Y aunque al regreso de su pastor titular, entregamos una congregación del doble en número de miembros de la que habíamos recibido, debo reconocer que la experiencia en lo personal fue verdaderamente desastrosa y demoledora. Tal vez mi juventud, o mis malas experiencias de la vida no resueltas, o la presión de un ministro que creía ver un pastor en cada joven varón y bien dispuesto al servicio que llegaba a su iglesia, jugaron en contra. Esta última es una actitud normal de muchos ministros hacia los jóvenes. De lo que no me cabe ninguna duda es que ese no era el momento adecuado para mí, por lo que hoy recuerdo con gratitud aquellas experiencias.

El lado bueno de la vida - Reflexiones - Vídeo

Al inicio de mi clase de las 8:00 a.m., un lunes en la Universidad de Nevada en Las Vegas (UNLV), alegremente les pregunté a mis estudiantes cómo habían pasado su fin de semana.
Un joven me dijo que su fin de semana no había sido muy bueno, porque le habían extraído una muela del juicio. Y después, el joven procedió a preguntarme por qué siempre parecía tan feliz.
Su pregunta me recordó algo que hacía tiempo había leído en algún lado: “Cada mañana que nos levantamos, podemos escoger cómo queremos afrontar la vida de ese día”, le dije al joven, y “escojo pasarlo feliz”. Déjeme ponerle un ejemplo, continué. Los otros sesenta estudiantes de la clase dejaron su tertulia y comenzaron a escuchar nuestra conversación.
-Además de enseñar aquí en la UNLV, también lo hago en la Universidad Comunitaria en Henderson, a unas diecisiete millas de donde vivo por la autopista. Un día, hace algunas semanas, conduje esas diecisiete millas hasta Henderson. Salí de la autopista y me dirigí hacia la calle de la universidad.
Sólo tenía que conducir otro cuarto de milla por esa calle para llegar a la Universidad, pero precisamente entonces, se me paró el coche. Intenté darle al encendido de nuevo, pero el motor no arrancó. Así es que, puse las luces tintineantes de atención, tomé mis libros y me encaminé hacia la universidad”.
Tan pronto como llegué, llamé a la Asociación de Automovilistas de los EUA (AAA) y les pedí que me enviase una grúa. La secretaria de la oficina del director me preguntó qué había pasado. Este es mi día de suerte”, contesté sonriendo.
-Su coche se estropea y ¿hoy es su día de suerte?” Ella estaba sorprendida. “No lo entiendo”.
-"Yo vivo a diecisiete millas de aquí, le contesté. Mi coche pudo haberse estropeado en cualquier lugar de la autopista y no lo hizo. En vez de eso, se estropeó en el lugar perfecto: a la salida de la autopista, a una distancia que yo pudiera caminar hasta aquí.
Todavía puedo dictar mi clase, y he podido hacer los arreglos necesarios para que la grúa me encuentre después de clases. Si mi coche debía dañarse hoy, no pudo haber pasado de mejor manera”.
Los ojos de la secretaria se abrieron por completo y luego sonrió. Yo le sonreí, a modo de contestación, y me dirigí hacia el salón de clases. Así terminó mi historia a los estudiantes de mi clase de Economía en UNLV.
Observé los sesenta rostros de la clase. A pesar de lo temprano de la hora, nadie se había dormido. De alguna manera, mi historia les había importado. O tal vez no fuera la historia en sí, porque de hecho todo había comenzado con el comentario del estudiante de que me veía alegre.

Lo que tengo, te lo doy - Devocional

Todo el que crea en mí hará las mismas obras que yo he hecho y aún mayores, porque voy a estar con el Padre. Pueden pedir cualquier cosa en mi nombre, y yo la haré, para que el Hijo le dé gloria al Padre. Juan 14:12-13 (NTV)
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Una tarde, cuando Pedro y Juan entraban al templo para participar de la oración, vieron que cargaban a un hombre cojo. Todos los días le ponían junto a la puerta del templo, para que pudiera pedir limosna a la gente que entraba. Cuando éste les vio entrar, les pidió dinero, pero Pedro le dijo: “Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!”


Entonces Pedro le tomó de la mano derecha y le ayudó a levantarse. Y mientras lo hacía, al instante los pies y los tobillos del hombre fueron sanados y fortalecidos. ¡Se levantó de un salto, se puso de pie y comenzó a caminar! Luego entró en el templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios.
Pedro vio esto como una oportunidad y se dirigió a la multitud diciéndoles: “Por la fe en el nombre de Jesús, este hombre fue sanado y ustedes saben que antes era un inválido”.

¿Pueden las dificultades de la vida hacerme más fuerte? - Reflexiones - Vídeo

Cuando Aarón tenía siete meses de edad dejó de ganar peso. Unos pocos meses después, su cabello comenzó a caerse.
Hutchinson-Gilford Progeria Syndrome.pngAl principio, los médicos dijeron a los padres de Aarón que iba a ser bajito de adulto, pero que por lo demás era normal. Luego un pediatra diagnosticó el problema como progeria, o rápido envejecimiento.
Justo como predijo el pediatra, Aarón no creció más de 91 cm de estatura, no tuvo cabello en su cabeza y cuerpo, lucía como un viejecito mientras aún era niño, y murió de edad avanzada,... pero al principio de su adolescencia.
Y su padre, que era rabino, sintió un profundo y doloroso sentido de la injusticia.
Alrededor de un año y medio después de la muerte de Aarón, el padre llegó a comprender que a ninguno de nosotros se nos promete en ningún momento, una vida libre de dolor y desengaño. Más bien, lo más que se nos ha prometido es que no estaremos solos en nuestro dolor y que podemos obtener fuerzas y coraje de una fuente externa.
Llegó a la conclusión de que Dios no causa nuestras desgracias, más bien nos ayuda, inspirando a otros a que también nos ayuden.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Sobreviviendo a la lucha diaria - Devocional - Vídeo

No juegues con fuego, no creas que siempre tendrás la capacidad de parar en el momento indicado.
Todos los que hemos recibido el amor de Dios en nuestra vida y que ahora vivimos para Él, debemos ser conscientes de que nos encontramos en una lucha diaria.
Todos los días libramos una batalla en nuestra vida, entre querer agradar a Dios y querer satisfacer nuestros instintos pecaminosos, sean de cualquier tipo.
Aquel que no sea consciente de esto o que no le preste el debido cuidado que merece, se encontrará fácilmente con tentaciones de todo tipo, que poco a poco le querrán arrastrar hacia el error.
La Biblia dice: “¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar. "1 Pedro 5:8 (Nueva Traducción Viviente).
No importa lo fuerte que creas que eres, ni la enorme capacidad que creas tener para poder resistir al enemigo; no se trata de ti, ni de lo bueno que seas para esto o aquello, se trata de que al igual que todos los humanos, eres de carne y hueso y con una naturaleza que te lleva fácilmente a pecar. Por esa razón el Apóstol Pedro nos recomienda: “¡Estén alerta!”, lo cual nos debería llevar a pensar, que en cualquier momento el enemigo puede lanzar sobre nuestra vida, uno de sus ataques para hacernos caer.
Por esa razón también la Biblia nos dice: “Por eso, que nadie se sienta seguro de que no va a pecar, pues puede ser el primero en hacerlo.” 1 Corintios 10:12 (Traducción en lenguaje actual). Este mismo pasaje bíblico en otra versión dice: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” 1 Corintios 10:12 (Reina-Valera 1960).

Ten fe, ten fe y sigue teniendo fe - Devocional

Ayer, antes de dormir, mientras les narraba a mis dos pequeños, Valentina y Uziel, algunas historias de su Biblia Ilustrada para niños, me daba cuenta de cómo Dios honra la fe de los que le creen.
Les conté tres historias: Los tres jóvenes en el horno de fuego, Daniel en el foso de los leones y Jonás y el pez gigante. Pero en estas tres, sobre  todo  recalqué, y se lo repetí a mis hijos varias veces, la importancia de confiar en Dios para recibir su favor.
¿Por qué no me canso de hablar de fe?, porque he comprendido que los que nos hacemos llamar cristianos no podemos sobrevivir sin ella; cuando un cristiano deja de creer sus convicciones desaparecen, va como un barco a la deriva, y además de esto, es muy, pero que muy vulnerable a cualquier ataque del enemigo. Porque la fe es importante, nada somos sin ella, o como dice la Biblia: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11:6 (Reina-Valera 1960).
¿Quieres agradar a Dios?, entonces tienes que tener fe. ¿Quieres recibir lo que anhelas?, tienes que tener fe. ¿Quieres ver la mano poderosa de Dios obrando a tu favor?, tienes que tener fe.
Posiblemente estés siendo llevado a un horno de fuego, quizá las personas que se volvieron tus enemigos quieran verte fracasar, sin embargo tu fe te llevará a ver al Ángel de Jehová en ese horno, cuidándote para que no te quemes, y el lugar en donde todos esperan tu caída, se convertirá en el lugar donde Dios honrará tu fe y demostrará que está contigo.

La Práctica de la Presencia de Dios-4ª Conversación de Nicolás Herman - Vídeo

La Práctica de la Presencia de Dios -
4ª Conversación de Nicolás Herman, el Hermano Lorenzo, con Fray José de Beaufort, representante del arzobispado local de un monasterio de Francia hace más de 300 años.

El Hermano Lorenzo conversó conmigo muy frecuentemente y con gran apertura de corazón, respecto a la manera de ir a Dios, de lo cual ya hemos mencionado algo. Me decía que todo consiste en una renuncia de corazón a todas las cosas a las que nos impiden llegar a Dios. Podemos acostumbrarnos a conversar continuamente con Él con libertad y simplicidad. Y para dirigirnos a Él a cada momento, sólo necesitamos reconocer íntimamente que Dios está presente con nosotros, y que podemos pedir su ayuda para conocer su voluntad en cosas dudosas, para hacerlas correctamente siguiendo su Voluntad, voluntad que Él requiere de nosotros. 
En nuestra conversación con Dios, también deberíamos alabarle, adorarle y amarle por su infinita bondad y perfección. 
Sin desanimarnos por la suma de nuestros pecados, deberíamos orar pidiendo su gracia con una confianza perfecta, confiando en los méritos infinitos de nuestro Señor, porque Dios nunca deja de ofrecernos su gracia continuamente. El Hermano Lorenzo percibió esto con gran claridad. Dios nunca dejó de ofrecerle su gracia, excepto cuando los pensamientos del Hermano Lorenzo comenzaban a vagar y perdían su sentido de la presencia de Dios, o cuando se olvidaba de pedirle ayuda.

Cuando no tenemos otro propósito en la vida excepto el de agradarle, Dios siempre nos da luz a nuestras dudas. Nuestra santificación no depende de un cambio de actividades, sino de hacer para la gloria de Dios, todo aquello que normalmente hacemos para nosotros mismos. Pensaba que era lamentable ver cómo mucha gente confundía los medios con el fin, dedicándose a hacer ciertas cosas muy imperfectamente, debido a sus consideraciones humanas o egoístas. El método más excelente que había encontrado para ir a Dios, era el de hacer las cosas más normales sin tratar de agradar a los hombres, sino hacerlas verdadera y puramente por amor a Dios.

El Hermano Lorenzo sentía que era un gran engaño pensar que los momentos dedicados a la oración eran diferentes a otros momentos del día. Estamos literalmente obligados a unirnos a Dios por medio de la acción en el tiempo de la acción, y por medio de la oración en el tiempo de oración. Su propia oración no era nada más que un sentido de la presencia de Dios, cuando su alma no era sensible a nada excepto al Amor Divino. Y cuando terminaban los momentos dedicados a la oración, no hallaba ninguna diferencia porque seguía estando con Dios, alabándole y bendiciéndole con toda su capacidad. Así pasaba su vida, en un gozo continuo, aunque también esperaba que Dios permitiría que le sobrevinieran algunos sufrimientos cuando estuviera más fortalecido.

Decía que, de una vez por todas, debíamos poner toda nuestra confianza en Dios y rendirnos por completo a Él, seguros de que no nos defraudará. No debemos cansarnos de hacer las cosas pequeñas por amor a Dios, porque Él no toma en cuenta lo grande de la obra sino el amor con que la hacemos. Que no deberíamos sorprendernos si al principio fallamos frecuentemente en nuestros intentos, pero que al final adquiriremos un hábito que  nos hará actuar con naturalidad, sin que nos ocupemos de ello y para nuestro mayor deleite.

Ábrele la puerta - Reflexión, meditación

Jaime era un joven muy trabajador, pero por imprudencia había hecho compras no acordes con su presupuesto. Al poco tiempo comenzó a tener problemas financieros, ya que había contraído deudas de las que rápidamente perdió el control. Pagaba las cuotas, pero los intereses eran tan altos que cada vez debía más.
Angustiado por su situación, pensó en pedirle ayuda a su padre, pero se sentía avergonzado por no haber escuchado ninguno de sus consejos en el manejo de las finanzas. El orgullo de Jaime no le permitía pedir ayuda ni reconocer sus errores, pero el padre rápidamente percibió lo que estaba sucediendo.
Él conocía a su hijo y sabía que la administración del dinero no era precisamente una de sus virtudes. El padre sabía que tarde o temprano le iría a pedir ayuda, pero conociendo el orgullo de su hijo,... Quiso ganar tiempo y le fue a visitar.
dinnerEsa noche alguien tocaba a la puerta. Jaime temía que un acreedor viniera a exigirle el pago de alguna deuda, pero al espiar por la mirilla, vio con sorpresa que se trataba de su padre. No tenía nada para ofrecerle ni decirle, por lo que decidió no abrir la puerta. Escuchaba desde adentro la voz de su padre, llamándole por su nombre, y a cada palabra se entristecía aún más. Aquel hombre, tras tocar varias veces la puerta decidió marcharse.
Al día siguiente Jaime no paraba de pensar en su papá. Pensó en llamarle para pedirle disculpas pero no se atrevió.
Esa misma noche, el papá volvió a llamar a la puerta. Jaime esta vez decidió abrir y dijo: pasa, pero no tengo nada para ofrecerte; al escuchar esto su papá sonrió y le mostró que había comprado todo lo necesario para compartir una excelente cena. Se acomodaron cara a cara, comieron y rieron. Jaime pudo compartir con él acerca de su situación, y entonces el Padre pudo guiarle, darle una palabra de ánimo para su vida y sobre todo la ayuda que tanto necesitaba.

La Práctica de la Presencia de Dios-3ª Conversación de Nicolás Herman - Vídeo

La Práctica de la Presencia de Dios -
3ª Conversación de Nicolás Herman, el Hermano Lorenzo, con Fray José de Beaufort, representante del arzobispado local de un monasterio de Francia hace más de 300 años.

El Hermano Lorenzo me dijo que el fundamento de su vida espiritual había sido la adquisición por fe de un elevado concepto y valoración de Dios; y una vez que lo hubo adquirido, ya no tuvo ningún otro cuidado que el de rechazar fielmente todo otro pensamiento, para poder así hacer todo por amor a Dios. Que cuando no tenía ningún pensamiento acerca de Dios por un cierto tiempo, no se inquietaba, porque después de haber reconocido delante de Dios este lamentable hecho, volvía a Él con una confianza mucho mayor.

Dijo que la confianza que ponemos en Dios honra al Señor enormemente, y hace descender sobre uno grandes gracias. Que era imposible no solamente engañar a Dios, sino que también era imposible que un alma sufriera por largo tiempo, si es que estaba perfectamente rendida a Él y resuelta a soportar cualquier cosa por amor a Él. De esta manera, el Hermano Lorenzo había experimentado frecuentemente el pronto socorro de la Gracia Divina. Y debido a su experiencia con la gracia de Dios, cuando tenía un trabajo para hacer, no pensaba en él de antemano, sino sólo cuando llegaba el momento de hacerlo, y encontraba, como reflejado en Dios (como en un espejo claro), todo lo que era adecuado hacer.

Cuando los trabajos externos le distraían un poco de sus pensamientos puestos en Dios, un recuerdo fresco proveniente de Dios mismo le llenaba el alma, y así era tan inflamado y transportado que le resultaba difícil contenerse. Dijo que estaba más unido a Dios en sus trabajos externos, que cuando los dejaba a un lado para retirarse a hacer sus devociones.