lunes, 6 de mayo de 2013

Recuperando la esperanza - Devocional

“¡Qué torpes son ustedes, les dijo, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas!”
Lucas 24:25 (Nueva Versión Internacional).
Después de la crucifixión de Jesús, los discípulos se desanimaron. Ellos esperaban que el Mesías les redimiera del yugo del imperio romano, pero DIOS tenía un plan distinto: redimir al mundo entero del pecado. Al no recibir lo que esperaban, sus corazones se atrofiaron. Sin importarles el testimonio de resurrección que escucharon y las palabras que el mismo Señor les había hablado, decidieron quedarse sin esperanza. La desesperanza ocurre cuando se busca en el lugar equivocado. Como no ocurrió lo que esperaban sus oídos espirituales, se taparon y su vista se nubló. Y al ocurrirles esto, ellos perdieron gozarse plenamente con Jesús en Su resurrección. Igual que muchos creyentes, que escogen no mirar todas las bendiciones a su alrededor cuando no reciben lo que esperan.
El SEÑOR revela en las Escrituras que los pensamientos del creyente no se parecen en tamaño a los suyos, y que Sus caminos son más altos (Isaías 55:9). Por lo que, en muchas ocasiones existirá discrepancia entre el resultado que el creyente espera y lo que DIOS hace. Y esto puede ocasionar que el corazón del creyente se dañe y deje de tener esperanza. No obstante, si no existe esperanza tampoco se tendrá una fe firme.
Si al igual que los discípulos has perdido la esperanza y te es difícil escuchar a Jesús a pesar de tenerle junto a ti, es momento de que te reincorpores al camino y reconozcas todo lo que Jesús ya ha hecho.

No endurezcas tu corazón, sino deposita de nuevo tu esperanza y fe en Jesucristo, que ciertamente jamás te fallará.

Por encima de las probabilidades - Mensaje - Vídeo


Las probabilidades son una especie de medición numérica que nos dice si hay alguna posibilidad de que un evento ocurra. 
En respuestas o cosas que esperamos que sucedan, normalmente nos fijamos mucho en las probabilidades, en lo que dicen los demás acerca de lo que esperamos que ocurra, en lo que puede influir o hacer que sea posible o no. Y por alguna razón, cuando estamos esperando algo que hemos pedido a Dios, en nuestra espera, acostumbramos a tomar en cuenta las probabilidades de que nos responda, o de que pueda hacer algo; es decir, a veces, sin ser nuestra intención, terminamos midiendo la capacidad de Dios para ayudarnos a salir de nuestra dificultad.

Estar en medio de circunstancias complicadas nos hace ver lo difícil y complicado que es salir de ellas; escuchamos opiniones de personas que no lo han podido hacer o que no han recibido lo que esperaban, y nuestras probabilidades parecen disminuir, ya que a veces comparamos nuestra situación con la de las demás personas, sin tener en cuenta que nuestras probabilidades no son, para nada, similares a las de ellos, pues el hecho de poder contar con la ayuda de Dios las aumenta a un 100%, porque para Dios no hay NADA imposible. Lucas 1:37 (NVI).

Mi Refugio - Reflexión - El Señor Es Mi Refugio

Mi Refugio

Ir a buscar comida al fiado nunca fue, ni será jamás, algo cómodo. Al contrario, en algunos casos despierta vergüenza. Al fin y al cabo se trata de un favor.
–Lo siento, don Aníbal. Ya tiene una cuenta bastante grande y, perdóneme la franqueza, no veo que consiga trabajo, le dijo el propietario del negocio.
Reflexiones Crisis–Pero lo he intentado, repuso el hombre.
–No lo dudo, don Aníbal, pero sé que me comprenderá. Son negocios. No puedo dejarme mover por el corazón…, y le dio la espalda para atender a un cliente que llegaba.
Aquel día, Anibal razonó que cuando no hay solidez económica, cuando menguan los recursos, todos quieren hacerse a un lado. Es como si dijeran: “No queremos estar junto a los fracasados”.
Llegó a su casa dispuesto a seguir adelante. No podía darse el lujo de contagiar a su familia con el desánimo. Prometió ir en “busca de algo”. Y aunque arrastraba los pies con desgana, reemprendió la tarea de buscar trabajo.
Le embargaba la firme convicción, aunque llevaba tres semanas en la misma tarea, de que Dios le socorrería. Y la respuesta se produjo. Consiguió trabajo en un taller de mecánica. Lavaba repuestos con gasolina. Poco a poco pudo ponerse económicamente al día, saldando la totalidad de las deudas.
Los problemas amenazan con robarnos la paz. Sin embargo, cuando depositamos la confianza en Aquél que todo lo puede, logramos salir de la crisis. No permita que le embargue la desesperación. Busque una salida. Está en Dios. Él está con nosotros. Nos extiende su mano brindando la ayuda que necesitamos.
Salmo 31:1
“En ti Señor, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen; en tu justicia, líbrame. Inclina a mí tu oído y acude pronto a socorrerme. Sé tu mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación”


El Señor Es Mi Refugio
“Mi refugio eres tú en el día malo”  Jeremías 17:17
La trayectoria del cristiano no siempre es nítida como el sol, el cristiano también tiene sus épocas de oscuridad y de tormenta.  Es cierto que la palabra de Dios dice que sus caminos son agradables y que todas sus trayectorias son de paz, esto es una gran verdad.
El cristianismo ofrece felicidad al hombre mientras camina por las calles de polvo, y plenitud total para cuando camine por las calles de oro. Sin embargo, la misma palabra de Dios nos muestra que el camino del justo es como la luz del aurora, que va en aumento hasta que al fin es perfecta.  Queriendo decir, que mientras llega ese medio día perfecto, todavía encontraremos algunas sombras.
Hay períodos en nuestra vida en los que el sol aparece y otros, cuando comienza a desaparecer de nuestro sendero y ciertas nubes comienzan a arremolinarse sobre nuestras cabezas;  hay momentos cuando nos regocijamos en la presencia de Dios, pero otras veces parece que ni le vemos ni le sentimos.  A veces los días parecen indicados para tomar sol y otros días parece que el frío intenso penetra hasta nuestros huesos.
Hay días cuando parece que Él me lleva por delicados pastos y me hace descansar junto a aguas de reposo, pero hay otros en que parece que me lleva por el valle de la sombra de la muerte. A veces me siento extasiado mirando el hermoso cielo azul y otras veces mi mirada se coloca en el desierto seco y arenoso.
A veces disfruto del agua dulce y cristalina y otras veces me veo tomando las aguas amargas de la vida, y en un suave murmullo protesto diciendo, "si realmente fuera un hijo de Dios, esto jamás me sucedería", mas hoy reflexiono en que Dios no me ha prometido sólo días claros y aguas dulces, su promesa es que es Refugio en los días malos  y eso me hace descansar.
Los mejores santos han bebido del agua amarga.  Los más estimados hijos de Dios han cargado en algún momento la cruz.  Ningún cristiano ha disfrutado de la prosperidad perpetua, ningún creyente ha tocado todo el tiempo el arpa bajo los sauces.
Lo que Dios ha estado trabajando en mí fuertemente, es mi madurez; y la madurez se adquiere en los climas templados y las experiencias duras de la vida. Sé que para ejercitar mi fe y confianza necesito aceptar los vientos y las tempestades como herramientas de Dios, y mientras Él trabaja con estas herramientas, Él es mi refugio en los días malos.
Señor, Gracias por ser mi refugio y mi fortaleza, mi castillo y mi Salvador.  Aunque los días malos lleguen yo en ti estaré confiado, porque sólo Tú fortaleces mi fe y me formas usando las mejores herramientas, que en tus manos pasan de ser dolorosas a creadoras de fuerza y poder. Amén

¿Qué es lo que Realmente Quieres? - Autoestima - Vídeo

 “Si sabes qué quieres lo obtendrás y si no sabes qué quieres, cualquier cosa puedes tener, es tu elección”.
Todos esperan que se les diga lo que tienen que hacer, pero la gente se debe plantear y replantear su opinión, sus sentimientos y emociones respecto a lo que está pasando. Esta pregunta poderosa “¿qué es lo que realmente quieres?” te permite pensar y sentir.
Es probable que estés preocupado por tu futuro, que estés lleno de incertidumbres y comiences a dudar de ti mismo y de Dios. Tienes una situación que no aguantas y en la que empiezas a buscar responsables de tu estado anímico, y dices: es que mi cónyuge, mi mamá, mi papá, mi jefe, mi hermano, mi perro, dijo..., hizo..., no dijo..., no hizo.... En ocasiones es más fácil responsabilizar a otro y caer en el síndrome del “pobre de mí”, que comenzar a ver qué es lo que me está faltando para lograr la vida que tanto anhelo.
¿Qué es lo que realmente quieres? Es una pregunta del presente que me lleva al futuro. Cuando tú sabes lo que quieres de la vida, de tu pareja, de otros, vas a poder alcanzar lo que andas buscando, y si no lo sabes, nunca deberás confiar en recibirlo. Muchos sabemos lo que no queremos pero no sabemos lo que sí queremos.
¿Sabes en lo que te quieres convertir?
¿Sabes lo que quieres lograr en tu matrimonio? ¿Con tus hijos?
¿Sabes a qué te quieres dedicar?
¿Qué es lo que realmente quieres?
Recuerdan el pasaje donde Jesús le dice a Bartimeo: “¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista. Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.” Marcos 10:46-52. 


Podemos aprender de Bartimeo que sabía lo que quería, quería recobrar la vista. No se anduvo por las ramas a ver qué pasaba, él fue protagonista de su vida. Pidió lo que quería. "Pedir" es un acto de fe. Nadie pide algo si no cree que lo va a recibir. Si no pides es porque realmente no deseas recibir. Si quieres algo, debes pedírselo a Dios primeramente y confiar que Él responderá.
“Para lograr lo que deseas, es necesario primero saber qué quieres.”
Cuenta la historia que alguien encontró una vez una lámpara como la de Aladino y, por si acaso, la frotó. De inmediato apareció el genio y le dijo: “¡Pídeme tres deseos, y te los concederé!”. 

El hombre, que no tenía claros sus deseos más importantes, exclamó: “¡Espera un segundo! ¡dame tiempo! ¡déjame pensar!”. 

Un segundo más tarde, y sin haber recibido contestación, el genio dijo “:¡Concedidos!”, y desapareció para siempre, dejándole con todo el tiempo del mundo para pensar.

domingo, 5 de mayo de 2013

Carta de un necesitado - Devocional - Vídeo

Señor, ¡cuánto te necesito! Puedo notar fácilmente lo lejos que me encuentro de ti y lo triste que me siento. Yo no quisiera estar así y a veces he intentado buscarte, sin embargo el cansancio o la rutina me hace desistir en mis intentos.

El otro día noté lo muy necesitado que estaba; cuando alguien me habló de una forma incorrecta, respondí de la forma en la que menos pensaba hacerlo. Mi vocabulario está cambiando y esa es señal de que me estoy alejando de ti.

Ese día reaccioné de una forma inadecuada para algo tan sencillo de tratar; dejé que mis impulsos gobernaran mis acciones y me di cuenta, de que ya no soy tan manso como solía ser cuando pasaba tiempo a solas contigo y mi carácter mejoraba; sin embargo, ahora me he dejado dominar por mis impulsos y ellos me hacen reaccionar no como tu hijo, sino como un total desconocido.

¡Ay Señor! ¡Cuánto te necesito! A veces he orado y no te he sentido; sé que estás siempre allí, sin embargo mi mente me hace pensar que no merezco tu presencia y muchos menos que inclines tu oído para escuchar mi oración.

He tratado de leer tu Palabra y ya no siento el mismo gusto que sentía antes, a veces creo que lo sé todo, que no hay nada que pueda aprender o que alguien me pueda enseñar.. ¡Ay Dios! ¡Cuánto te necesito! He perdido mi humildad, he dejado de ser como un niño para convertirme en un “adulto” sabelotodo.

Te sirvo Señor, y sin embargo siento que no lo hago con la misma intención de antes. Recuerdo cuando oraba antes de cada servicio, recuerdo cómo me preparaba tan minuciosamente, recuerdo lo importante que era para mí hacer el trabajo que me habías encomendado, sin embargo me miro hoy en día y me doy cuenta que lo hago sólo por hacerlo, que todo se ha convertido en una rutina y he dejado escapar aquella pasión que un día existió en mi corazón por hacer tu obra.

Dilo todo - Ánimo en Mensaje

En verdad, me considero un ser humano bastante peculiar. Muchas veces me pregunto si Dios tuvo la paciencia de crear a alguien como yo, para acompañarme toda la vida. Me autoconvenzo  diciéndome que sí, pero la verdad es que esa es una de mis grandes pruebas de fe.

Dentro de las excentricidades de mi personalidad está la necesidad de comunicar TODO lo que estoy sintiendo y/o pensando. En ocasiones, cuando no puedo decírselo directamente a mi interlocutor, escribo casi testamentos en donde trato de comunicar con el mayor detalle posible lo que quiero manifestar, aunque otras veces no lo digo claramente. Sin embargo, aún tengo cosas urgentes que decir y que no he podido comunicar. No he podido comunicarlas por temor, por orgullo, por vergüenza, por timidez, por sentir que no es el momento apropiado, porque creo que ya no tiene sentido decirlas, pero la verdad no es así. Tener algo pendiente que decir es como tener que hacer un trámite con un plazo final de término y posponer, posponer y posponer la acción. 

Eso te genera ansiedad, preocupación e incluso sensaciones físicas como temblores, dolor de estómago, sudoración de manos, taquicardia, falta de aire y una lista aún más larga de síntomas que tú y yo en más de una ocasión hemos experimentado.

Pienso en cuando era niña. Escribirle a los Reyes Magos era tan sencillo, les contaba lo bien que me había portado y expresaba CLARAMENTE qué era lo que deseaba de regalo para esa navidad. Nunca me planteé si los Reyes tendrían problemas de presupuesto o si se aburrirían con mi carta, yo sólo manifestaba lo que quería y punto.

Si crees que lo sabes todo, es difícil aprender algo - Crecimiento personal-espiritual - Vídeo

“Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas. Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo.”
Hebreos 1.1-2
Escuché a un hombre de montaña decir, “Si crees que lo sabes todo, es difícil aprender algo.”
Todos tenemos nuestra manera de pensar, maneras arraigadas en nosotros desde el nacimiento. De hecho, desarrollamos autopistas neurológicas que nos dificultan aún más pensar de diferente forma.
De igual manera, nuestras creencias están arraigadas en nosotros. Hacemos las cosas de cierta manera, creemos ciertas cosas y en cierto sentido,... ¿sabemos lo que hacemos?.
Pensar cosas nuevas, creer en nuevas cosas y aprenderlas, todas requieren de intenciones por nuestra parte.
El libro de Hebreos fue escrito por un grupo de gente de arraigadas y profundas maneras de pensar y  creer. Ellos tenían miles de años de generaciones y cientos de años de tradiciones que definían quienes eran.
Jesús redefinió mucho de eso, y en el libro de Hebreos leemos muchas explicaciones y enseñanzas sobre cómo se reestructura todo. Algunas personas pudieron aprender y reestructurar sus paradigmas, pero otros no. Los que pensaron “ya lo sé todo”, se perdieron el regalo más grande, una relación sin obstáculos con su Creador.
A veces es difícil aprender cosas nuevas. No sabemos si es por miedo a fracasar, por orgullo o simplemente por ignorancia, lo que nos impide hacerlo.
Todos tratamos con esto en algún proceso. Todos, en algún momento, pensamos, “Ya sé como hacer esto”, o “Sé más que aquella persona; entonces, ¿por qué me está enseñando?” Cuando pensamos así, nos perdemos mucho.
No actúes como si lo supieras todo. Cuando se te presente la oportunidad de aprender, cierra tu boca, escucha y aprende.
Dios quiere cultivar en ti una persona dinámica, pero eso exige que aprendas y desarrolles. No es que no sepas nada, es que no lo sabes todo.

Patito feo - Devocional

Todos conocemos, aunque sea a grandes rasgos, el famoso cuento escrito por el danés Hans Christian Andersen en 1843. Un huevo de cisne, que por esos intrincados caminos de la vida, va a parar por error a una granja de patos. Cuando todos los huevecitos eclosionan, las diferencias no tardan en aparecer. Obviamente, el cisne parece ser el más feo, torpe, grande y desproporcionado en comparación con sus “hermanitos” los patitos. Y es que evidentemente es un ser distinto.
El rechazo, el "aparteid", la indiferencia del resto del grupo, se hacen más y más crudos y vehementes, inclusive su propia “mamá pata” le vapulea por ser como es. Triste, apartado y solitario, logra verse en el espejo de agua de un estanque y su figura, distorsionada por el movimiento del agua, le hace sentir un ser realmente feo y abominable. Una mamá cisne pasa por allí en ese momento, reconoce en él a la bellísima ave que será algún día cuando crezca, y le adopta en su familia con amor y ternura de madre. Es así como el “patito feo” se va con su nueva familia, alegre y feliz, ante el asombro de los patos, que antes le prodigaron todo tipo de desprecios y ahora son la parte fea de la historia.
Los primeros destinatarios del cuento fueron los niños, con la intención de proporcionarles un mensaje que les ayudara con su autoestima y a resolver sus diferencias, pero es triste decir que hoy es una penosa realidad, tanto en los niños como entre los adultos de hoy, e incluso dentro de ciertos grupos y comunidades denominadas “cristianas”.

Palabras de triunfo: ¡Consumado es! - Vídeo

Estas palabras fueron pronunciadas por Él con mucha intensidad. Nuestro Señor quería llamar la atención de todos los que estaban a su alrededor. Acababa de comenzar una nueva etapa en la vida de la humanidad. El hombre había sido redimido con la sangre preciosa del cordero de Dios.
Para sus discípulos fueron palabras de derrota. La idea del Cristo muerto a manos de sus enemigos iba totalmente en contra de sus expectativas, y cuando sus discípulos escucharon el reporte de Juan, lo hicieron en silencio, con los ojos en el suelo, como si les hubieran echado un balde de agua fría. Nadie se movió, nadie dijo nada, me los imagino moviendo la cabeza como diciendo, ¿eso es lo que hemos logrado con todo lo que hemos hecho?, ¿valió la pena el sacrificio? ¡Qué tristeza embargó el corazón de los discípulos! No estaban aún preparados suficientemente, para saber la grandeza del momento que acababan de presenciar.
Para sus enemigos fueron palabras de rendimiento. Satanás saboreó su triunfo en la cruz de Cristo y creyó haber destruido el plan de Dios para la salvación de los hombres. Los judíos tuvieron gran parte de culpa y los soldados romanos fueron los que pusieron los clavos a Jesús en la cruz. Pero el que tomó todo el crédito por la muerte de Cristo fue el diablo, que crucificó al Señor de la gloria. Se había cumplido la profecía dada en Génesis 3:15: esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el calcañar. Satanás estaba convencido de que había sido el triunfador; que había derrotado al Señor y que el plan de Cristo había fracasado.
Para Dios, el Padre, fueron palabras de cumplimiento. Durante cientos de años, ríos de sangre habían corrido desde el altar de Dios. Sin embargo, el precio del pecado nunca se había pagado. La obra de los sacerdotes había sido imperfecta. Cada día que pasaba, traía nuevos pecados y con él nuevas demandas de sangre. Pero la Biblia enseña que lo que miles de sacrificios de animales no pudieron hacer, nuestro Señor lo pudo hacer con UN SOLO SACRIFICIO, HECHO UNA VEZ Y PARA SIEMPRE.