lunes, 6 de mayo de 2013

Mi Refugio - Reflexión - El Señor Es Mi Refugio

Mi Refugio

Ir a buscar comida al fiado nunca fue, ni será jamás, algo cómodo. Al contrario, en algunos casos despierta vergüenza. Al fin y al cabo se trata de un favor.
–Lo siento, don Aníbal. Ya tiene una cuenta bastante grande y, perdóneme la franqueza, no veo que consiga trabajo, le dijo el propietario del negocio.
Reflexiones Crisis–Pero lo he intentado, repuso el hombre.
–No lo dudo, don Aníbal, pero sé que me comprenderá. Son negocios. No puedo dejarme mover por el corazón…, y le dio la espalda para atender a un cliente que llegaba.
Aquel día, Anibal razonó que cuando no hay solidez económica, cuando menguan los recursos, todos quieren hacerse a un lado. Es como si dijeran: “No queremos estar junto a los fracasados”.
Llegó a su casa dispuesto a seguir adelante. No podía darse el lujo de contagiar a su familia con el desánimo. Prometió ir en “busca de algo”. Y aunque arrastraba los pies con desgana, reemprendió la tarea de buscar trabajo.
Le embargaba la firme convicción, aunque llevaba tres semanas en la misma tarea, de que Dios le socorrería. Y la respuesta se produjo. Consiguió trabajo en un taller de mecánica. Lavaba repuestos con gasolina. Poco a poco pudo ponerse económicamente al día, saldando la totalidad de las deudas.
Los problemas amenazan con robarnos la paz. Sin embargo, cuando depositamos la confianza en Aquél que todo lo puede, logramos salir de la crisis. No permita que le embargue la desesperación. Busque una salida. Está en Dios. Él está con nosotros. Nos extiende su mano brindando la ayuda que necesitamos.
Salmo 31:1
“En ti Señor, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen; en tu justicia, líbrame. Inclina a mí tu oído y acude pronto a socorrerme. Sé tu mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación”


El Señor Es Mi Refugio
“Mi refugio eres tú en el día malo”  Jeremías 17:17
La trayectoria del cristiano no siempre es nítida como el sol, el cristiano también tiene sus épocas de oscuridad y de tormenta.  Es cierto que la palabra de Dios dice que sus caminos son agradables y que todas sus trayectorias son de paz, esto es una gran verdad.
El cristianismo ofrece felicidad al hombre mientras camina por las calles de polvo, y plenitud total para cuando camine por las calles de oro. Sin embargo, la misma palabra de Dios nos muestra que el camino del justo es como la luz del aurora, que va en aumento hasta que al fin es perfecta.  Queriendo decir, que mientras llega ese medio día perfecto, todavía encontraremos algunas sombras.
Hay períodos en nuestra vida en los que el sol aparece y otros, cuando comienza a desaparecer de nuestro sendero y ciertas nubes comienzan a arremolinarse sobre nuestras cabezas;  hay momentos cuando nos regocijamos en la presencia de Dios, pero otras veces parece que ni le vemos ni le sentimos.  A veces los días parecen indicados para tomar sol y otros días parece que el frío intenso penetra hasta nuestros huesos.
Hay días cuando parece que Él me lleva por delicados pastos y me hace descansar junto a aguas de reposo, pero hay otros en que parece que me lleva por el valle de la sombra de la muerte. A veces me siento extasiado mirando el hermoso cielo azul y otras veces mi mirada se coloca en el desierto seco y arenoso.
A veces disfruto del agua dulce y cristalina y otras veces me veo tomando las aguas amargas de la vida, y en un suave murmullo protesto diciendo, "si realmente fuera un hijo de Dios, esto jamás me sucedería", mas hoy reflexiono en que Dios no me ha prometido sólo días claros y aguas dulces, su promesa es que es Refugio en los días malos  y eso me hace descansar.
Los mejores santos han bebido del agua amarga.  Los más estimados hijos de Dios han cargado en algún momento la cruz.  Ningún cristiano ha disfrutado de la prosperidad perpetua, ningún creyente ha tocado todo el tiempo el arpa bajo los sauces.
Lo que Dios ha estado trabajando en mí fuertemente, es mi madurez; y la madurez se adquiere en los climas templados y las experiencias duras de la vida. Sé que para ejercitar mi fe y confianza necesito aceptar los vientos y las tempestades como herramientas de Dios, y mientras Él trabaja con estas herramientas, Él es mi refugio en los días malos.
Señor, Gracias por ser mi refugio y mi fortaleza, mi castillo y mi Salvador.  Aunque los días malos lleguen yo en ti estaré confiado, porque sólo Tú fortaleces mi fe y me formas usando las mejores herramientas, que en tus manos pasan de ser dolorosas a creadoras de fuerza y poder. Amén

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