Lo particular de esta experiencia es que en ocasiones, el Señor también nos coge a nosotros por sorpresa, no con la intención de hacernos perder la prueba; más bien sus pruebas nos cogen por sorpresa, porque cuando llegan no estamos lo suficientemente preparados para afrontarlas; quizá por eso, en algunas de esas ocasiones sentimos que nuestras fuerzas se derrumban, que por más que oramos y le buscamos nos sentimos incapaces de continuar peleando la batalla, que por más que le anhelamos no sentimos su Presencia cerca de nosotros, y hasta se nos llega a pasar por la mente que Él nos ha olvidado y entonces, empezamos a juzgarle como esos estudiantes al profesor.
Desde que decidimos ser parte de la universidad de Dios; es decir, de aprender a vivir con Él, asumimos el compromiso de vivir en constante preparación a través de su palabra, de su verdad; entonces, si realmente lo hacemos así, ¿por qué pensar que no vamos a ser capaces de pasar la prueba?, ¿por qué se nos olvidan sus promesas en los tiempos difíciles? No importa sentirnos débiles, no importa sentir que se nos acaban las fuerzas, no somos perfectos y además no es pecado expresar nuestras debilidades, especialmente en aquellos momentos en los que pensamos que todas las puertas están cerradas.
Desde que decidimos ser parte de la universidad de Dios; es decir, de aprender a vivir con Él, asumimos el compromiso de vivir en constante preparación a través de su palabra, de su verdad; entonces, si realmente lo hacemos así, ¿por qué pensar que no vamos a ser capaces de pasar la prueba?, ¿por qué se nos olvidan sus promesas en los tiempos difíciles? No importa sentirnos débiles, no importa sentir que se nos acaban las fuerzas, no somos perfectos y además no es pecado expresar nuestras debilidades, especialmente en aquellos momentos en los que pensamos que todas las puertas están cerradas.
