lunes, 4 de marzo de 2013

¿Quién Maneja tu Vida? - Reflexiones con Vídeo

//La gloria de Dios
Maneja mi vida
Con hilos de amor
Que puso en mi alma
Me lleva hasta Él
La gloria de Dios
Gigante y sagrada
Me carga en sus brazos
Alienta mis pasos
Me llena de paz y miel
Sale a jugar
Cuando me viene a ver
Y me deja ganar
En la Gloria de Dios tendré
El descanso para mis pies
Con su manto mi frío
Desaparecerá y descansaré
De la Gloria de Dios vendrá
Bendición y abundante pan
Para ti y para mí
Y a quien quiera venir
A la Gloria de Dios//

Y para quien no lo conozca
Hablo de un amanecer
De un rió de aves y un sol
Que jamás ha salido
Y que sólo saldrá para ti
De la Gloria de Dios vendrá
Bendición y abundante pan
//para ti y para mí
Y a quien quiera venir
a la Gloria de Dios//


¿Quién dice que no puedes? -Devocional

A veces estamos sumamente dispuestos para asimilar lo negativo, pero no lo positivo. Se nos hace muy fácil creer que no vamos a poder hacer algo y muy difícil pensar que sí lo podemos lograr.
En ocasiones, parece que creemos más las mentiras que el enemigo lanza a nuestra mente, que las verdades escritas e inspiradas por Dios que se encuentran en las Sagradas Escrituras.
Hay un versículo en la Biblia que es de los más populares, y sin embargo, muchas veces lo olvidamos fácilmente, que dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4:13.
¿Qué es lo que crees que no puedes lograr?, ¿quién dijo que no lo puedes hacer?, ¿en qué momento se te olvidó que Dios es quien te da las fuerzas para lograr todo?
Hay algo que debemos tener muy claro: nada de lo que logramos lo hacemos por nuestra propia cuenta, todo lo que logramos es porque Dios nos lo permitió y nos dio la capacidad para hacerlo. Independientemente de que creamos que así fue o no.
A veces nos jactamos de que logramos esto o aquello, olvidando que fue Dios quien nos regaló la vida en primer lugar y que sin ella nada podemos lograr.
Recuerda que no eres tú quien logra las cosas, sino Dios quien te capacita y te respalda para alcanzar las metas que te propongas.
Si los últimos días has recibido criticas negativas para lo que hacías con mucha emoción, y les creíste al pensar que no eras capaz de hacer bien eso que tanto te gusta hacer, entonces es hora de que recuerdes que es DIOS EN TI, que Él es quien te da la capacidad para lograr hacer lo que te propones.
Nunca olvides que tú eres sólo un instrumento de Dios, y quienes te critican están criticando al que te usa; por ello no prestes oídos a los comentarios que te destruyen en lugar de edificarte.
Es hora que prestes tu atención sólo a Dios, que le escuches, que creas determinante lo que Dios puso en tu corazón; esa es la única voz a la que debes obedecer ciegamente, todas las demás voces lo único que tratarán es de confundirte y hacer más difícil tu transitar hacia esa meta.
¡Levántate una vez más! ¡Cree en lo que Dios te ha prometido y no te rindas hasta verlo cumplido! Cuando Dios te llamó, vio en ti algo especial y por ello Él te dará la capacidad que precises, para lograr cualquier objetivo que ponga en tu corazón.
¡Adelante!, no prestes atención a los comentarios negativos, muchas veces influenciados por el enemigo; en su lugar cree firmemente en la Palabra de Dios que te dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4:13.

¡Adelante, porque en Cristo TODO lo puedes!

No seas duro contigo mismo - Mensaje


Cada error que cometemos es una muestra de lo necesitados que estamos de crecer. Si alguien no cometiera errores, sería una persona perfecta en todos los aspectos, y en ese caso estaríamos hablando de alguien que no es humano, de un fuera de serie y único en su especie; pero como es de suponer que quienes leen estos escritos son todos humanos, hechos de carne y hueso, esto va especialmente  dirigido a todos los que han/hemos cometido uno y otro error, tantos que hasta hemos perdido la cuenta.


No hacer caso a una advertencia, tomar a la ligera un consejo,  cegarnos por la rebeldía de creer que es nuestra vida y que nadie debe entrometerse en ella, nos impide ver en el mismo instante con claridad y después caemos en la cuenta, cuando ya estamos sufriendo las consecuencias de nuestros actos. Todos lo hacemos, todos ignoramos alguna vez las palabras de alguien que quería ayudarnos, creemos que, como es nuestra vida, son nuestras decisiones y es duro darse cuenta del error; pero es peor vivir sólo lamentándose de lo sucedido, en vez de levantar la cabeza, sacudirse el polvo y continuar.

No es bueno ser duro consigo mismo; vivir como si los errores no tuvieran solución es la forma mas fácil de darte por vencido, es como caer y querer quedarte tirado, como haberte equivocado de camino y querer seguir perdido y eso no ayuda en nada, porque un error se supera, no se sufre toda la vida, y las consecuencias no se aceptan como capitulación, sino que se afrontan con valentía, se vencen y se aprende de ellas. El dolor de un error es semejante al de una caída, pero siempre hay una mano que se extiende a pesar de que los demás te hayan dado la espalda; Dios permanece como el mejor de los amigos para ayudar a levantarte, para decirte: “no importa si has caído, siempre y cuando estés dispuesto a levantarte”.

El que hayas cometido uno o muchos errores no te hace mejor ni peor persona, ¿cuántas veces cae un niño cuando está aprendiendo a caminar?,: ¡muchísimas!; pero no se queda ahí tirado pensando que es malo por caerse, sino que se levanta y, sin importar lo dura que fue la caída, vuelve a intentarlo, una y cuantas veces sea necesario hasta que logra caminar, ¿cierto?. Entonces, lo que determina a una persona no es la cantidad de errores que comete, sino la fuerza que tiene para sobreponerse a cada uno de ellos.

Ser duro contigo mismo, juzgarte y restarte valor por haber cometido un error, sólo empeora tu situación. ¡Basta ya de llanto, de tristeza y de autocompasión!  Antes de ser perdonado hay que perdonarse a sí  mismo,  nada tiene que ver lo que hay alrededor de tu situación, todo empieza por ti, así que PERDÓNATE, LEVÁNTATE y ESFUÉRZATE,  pues la oportunidad de superar tus errores está esperándote.

La Liebre y El Tigre - Reflexión - vídeo

 
  
Qué gran decepción tenía el joven de esta historia; su amargura era absoluta por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas. Al parecer, ya a ninguno le importaba nada de nadie.

Un día, dando un paseo por el monte, vio sorprendido, que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido que no podía valerse por sí mismo. Le impresionó tanto ver este hecho, que regresó al siguiente día para verificar si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa, pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre. Pasaron los días y todo era igual, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: "no todo está perdido. Si los animales, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas".

Y decidió vivir por sí mismo la experiencia: Se tiró al suelo simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara. Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así ese día y otro, y ya se iba a levantar, mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, cuando sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo y la tristeza del abandono; su corazón estaba devastado, hasta el punto de no sentir deseos de levantarse. Entonces, allí, en ese instante, lo oyó... ¡Con qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz, muy dentro de él le dijo:
  "Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad para ver a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente sé la liebre". 

Habitualmente estamos acostumbrados a hacer sólo lo que nos gusta, y como la solidaridad exige sacrificio, lo normal es que lo dejemos para otro momento que difícilmente llegará.
Pensemos si estamos dispuestos a hacer el bien, no importando en qué estado de ánimo estemos ni las ganas que tengamos. Siempre hay dos posibilidades: hacer las cosas por y para nosotros o por y para los demás.

Si obramos por amor, buscaremos siempre agradar a Dios y a los demás. El gran peligro de la vida es vivir para nosotros olvidándonos que hemos de vivir por amor.

domingo, 3 de marzo de 2013

¿Cómo puedo vencer al pecado en mi vida cristiana? - Preguntas y respuestas bíblicas - vídeo

Respuesta: La Biblia habla de los recursos que tenemos para vencer nuestra pecaminosidad:

(1) El Espíritu Santo – El Espíritu Santo es un don que Dios nos ha dado (a Su iglesia) para ser victoriosos en el vivir cristiano. En Gálatas 5:16-25, Dios hace un contraste entre las acciones de la carne y el fruto del Espíritu. En ese pasaje, somos llamados a caminar en el Espíritu. Todos los creyentes ya poseen el Espíritu Santo, pero este pasaje nos dice que necesitamos caminar en el Espíritu, dejando bajo Su control nuestra voluntad. Esto significa que deberíamos llevar a la práctica lo que el Espíritu Santo nos induce a hacer en nuestras vidas, en lugar de seguir los deseos de la carne.

La diferencia que el Espíritu Santo puede hacer en la vida del creyente se demuestra en la vida de Pedro, quien antes de ser lleno del Espíritu Santo negó a Jesús tres veces, habiendo dicho antes que seguiría a Cristo hasta la muerte. Una vez lleno del Espíritu, Pedro habló del Salvador a los judíos en Pentecostés de manera fuerte y abierta.

Uno camina en el Espíritu tratando de no bloquear lo que Él mismo nos induce a hacer (“sin apagar al Espíritu”, como se dice en 1ª Tesalonicenses 5:19), y buscar más bien, ser lleno del Espíritu (Efesios 5:18-21). ¿Cómo se llena uno del Espíritu Santo? Primero, es elección de Dios, igual que lo era en el Antiguo Testamento. Dios elegía a individuos específicos en el Antiguo Testamento para llevar a cabo una obra que Él quería que hicieran (Génesis 41:38; Éxodo 31:3; Números 24:2; 1ª Samuel 10:10; etc.). En Efesios 5:18-21 y Colosenses 3:16 hay evidencias de que Dios escoge llegar a aquellos que se están llenando de la Palabra de Dios. De manera que eso nos lleva a nuestro siguiente recurso.

(2) La Palabra de Dios, la Biblia – 2ª Timoteo 3:16-17 dice que Dios nos ha dado Su Palabra para equiparnos para cada buena obra. Esto nos enseña cómo vivir y qué creer, nos dice cuándo hemos escogido senderos erróneos, nos ayuda a regresar al sendero correcto y nos ayuda a permanecer en ese sendero. Como nos comparte Hebreos 4:12, la Palabra es viva y eficaz, y capaz de penetrar en nuestros corazones, para arrancar los problemas más profundos que humanamente hablando no se pueden vencer. El salmista habla acerca de este poder que puede cambiar vidas en Salmos 119:9, 11, 105 y otros versículos. A Josué se le dijo que la clave del éxito para vencer a sus enemigos (una analogía para nuestra batalla espiritual), no era olvidar este recurso, sino más bien meditar en la Palabra día y noche, de manera que pudiera cumplirlo. Él lo hizo, y aún cuando lo que Dios le ordenó no tenía sentido militar, fue clave para su victoria en Su lucha por obtener la Tierra Prometida.

Este, comúnmente, es un recurso que lo tratamos de manera trivial. Damos prueba de ello al llevar nuestras Biblias a la iglesia o leer el devocionario diario o un capítulo al día, pero fallamos en memorizarla, en meditar en ella, en buscar la aplicación para nuestras vidas, en confesar los pecados que nos revela, en adorar a Dios por los dones que revela habernos dado. A menudo nos volvemos anoréxicos o bulímicos cuando se trata de la Biblia. Al alimentarnos de la Palabra, aspiramos lo suficiente como para mantenernos vivos espiritualmente, pero lo hacemos solamente cuando vamos a la iglesia (nunca ingerimos lo suficiente para ser cristianos saludables y prósperos), o a menudo nos alimentamos, pero nunca meditamos el tiempo necesario como para obtener de ella una nutrición espiritual.

Si usted no ha hecho el hábito de estudiar la Palabra de Dios sobre una base diaria de una manera significativa, y de memorizarla mientras pasa a través de los pasajes que el Espíritu Santo deja grabado en su corazón, es importante que, desde ya, comience a hacer de ello un hábito. También es sugerible comenzar un diario (puede ser en el ordenador si usted puede teclear más rápido que escribir) o en un cuaderno, etc. Tenga como un hábito no dejar la Palabra de Dios hasta que haya escrito algo que le beneficie. ¡La Biblia es la herramienta que utiliza el Espíritu en nuestras vidas y en las vidas de otros (Efesios 6:17), una parte indispensable y primordial de la armadura que Dios nos da, para pelear nuestras batallas espirituales (Efesios 6:12-18)!


(3) La oración – Este es otro recurso esencial que Dios nos ha dado. Es un recurso que los cristianos mencionan pero no lo ponen en práctica, le dan un uso muy pobre. Tenemos reuniones de oración, tiempos de oración, etc., pero no encontramos el uso que le daba a ella la Iglesia de la antigüedad. Como se puede ver en estos ejemplos en Hechos 3:1; 4:31; 6:6; 13:1-3, etc., Pablo repetidamente menciona cómo oró por aquellos a quienes ministró. Nosotros tampoco utilizamos de la manera correcta este gran recurso que está a nuestra disposición. Pero Dios nos ha dado promesas maravillosas concernientes a la oración (Mateo 7:7-11; Lucas 18:1-8; Juan 6:23-27; 1ª Juan 5:14-15, etc.). ¡Y nuevamente Pablo incluye esto en su pasaje referente a cómo prepararse para la batalla espiritual (Efesios 6:18)!

¿Qué ofreces a Dios? - Devocional

Si consideramos a Dios como Padre y como Señor nuestro, tendremos a bien ofrecerle siempre lo mejor de nosotros o de lo que hagamos. Pero, ¿qué pasa cuando en vez de ofrecer lo mejor le ofrecemos lo que sobra o lo peor?
La Biblia narra un suceso en el que Dios responde a su pueblo por la clase de ofrenda que éste le está ofreciendo:

“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.” 

Malaquías 1:6-8 (Reina-Valera 1960)
Ocasionalmente podemos llegar a confundirnos y pensar que podemos engañar a Dios con la clase de ofrenda que le estamos ofreciendo.
En el antiguo testamento, en el tiempo antiguo, todo animal que se ofreciera como ofrenda a Dios tenia que ser perfecto, sin ningún defecto. Sin embargo, los sacerdotes habían olvidado este detalle y simplemente estaban ofreciendo sacrificio delante de Dios sólo por presentarlo, no con la intención de que fuese agradable a Dios, sino simplemente por hacerlo.
A veces, podemos caer también nosotros en la monotonía de hacer las cosas para Dios sólo por hacerlas, por costumbre o por simple rutina, cuando en realidad todo lo que debe ser ofrecido a Dios debe ser ofrecido con excelencia y dando lo mejor que tenemos.
En el principio de la historia humana, Abel, hijo de Adán, ofreció de lo mejor de sus ovejas, mientras Caín sólo ofreció a Dios ofrenda. La Biblia no dice que la ofrenda de Caín fuese mala, pero tampoco era lo mejor que tenía; sin embargo, sí menciona que Dios vio con buenos ojos la ofrenda de Abel: “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante”. Génesis 4:4-5 (Reina-Valera 1960).

La Confianza - Mensaje - vídeo


Hace muchos años, en un pueblo de mi país, se instalaron dos almacenes de ramos de flores en la misma calle. Uno enfrente del otro. Hasta aquí nada de qué extrañarse. Sólo que el propietario del primero le puso, creativamente, a su negocio:“Almacén La Confianza”. Evidentemente lo que buscaba era infundir precisamente “confianza” a sus clientes y potenciales clientes.
Pero aquí viene la típica “viveza” comerciante que para muchas cosas nos sirve, pero que también nos causa serios dolores de cabeza. Resulta que el propietario del negocio de enfrente supo capitalizar el esfuerzo creativo de su competidor para descalificarle. Instaló un cartel sobre su negocio, claramente visible, y a modo de eslogan,  puso el antiguo dicho popular que dice: “En la confianza está el peligro”. Lapidario.
Independientemente de las coincidencias y de la clara intención de desacreditar al comercio vecino, el contundente mensaje publicitario expresaba una irrefutable verdad. Y una triste realidad. Como la historia de Juan.

Juan era un hermano muy comprometido con las cosas del Señor. Lleno de proyectos, iniciativas, ideas. Nunca estaba ocioso y su anhelo era ser de bendición a los demás.
Un día comenzó a retraerse. Si antes era reservado, ahora lo era aún más. Ya no tenía tanta iniciativa. Cada vez tenía menos relación con los hermanos. A pesar de todo, su compromiso era con el Señor, por lo tanto continuó ocupándose de sus tareas en la iglesia y de su congregación como lo había hecho siempre. Sin embargo, la frustración, la insatisfacción y la falta de contención, hicieron que el desaliento y la tristeza ganaran terreno sobre la fe y la esperanza dentro de su corazón.
¿Qué había pasado? Muy contadas veces había abierto su corazón sobre algún tema en particular. En su momento no fueron cosas graves, pero sí tenían trascendencia futura para su ministerio y familia. Sólo que los líderes de su iglesia, evidentemente, no tenían esa visión y no supieron dar con las respuestas adecuadas.
Juan, literalmente, se estaba ahogando. Es como el que se cae al agua. Pide socorro el que está a punto de ahogarse, no el que se está ahogando. El agua en su garganta le impide gritar. Juan decidió refugiarse en el silencio cuando perdió la confianza.

Un valioso salvavidas: La Confianza
La confianza es como un delicado castillo de cristal. Puede costar años construirlo y tan sólo un pequeño descuido derribarlo.
Extrapolando este episodio al terreno espiritual, cuando un hermano, que es cumplidor y trabajador, se aleja y no pide más auxilio, es porque se está ahogando. Ya perdió la capacidad de pedir socorro.
Un corazón se abre cuando impera la confianza. Nunca por medio de una “cirugía espiritual” compulsiva.

Creer para entender - Devocional - vídeo

Todo sería muy fácil si desde el principio entendiéramos los propósitos de Dios para nuestra vida, el por qué y para qué hace las cosas de la manera que las hace; a veces buscamos una respuesta para todo, como, por ejemplo, para entender las razones de nuestra situación, e incluso nos sentimos mal por no lograr comprender todo lo que quisiéramos; así somos, y si existiera la manera de evitarnos el disgusto y la tristeza, nos ahorraríamos muchas preguntas y comprenderíamos todo lo que nos sucede.
Tratar de entender el por qué Dios hace lo que hace, es motivo de que a veces nuestra fe esté limitada, porque sin darnos cuenta estamos pidiendo explicaciones a Dios de todo lo que está haciendo y eso nos va a lleva a desconfiar y sentir tristeza. Realmente es difícil sentir paz sobre cosas de nuestra vida que ni siquiera nosotros mismos entendemos, pero la confianza plena en que Dios siempre obra para bien, es lo que nos hace resistir en esos momentos inciertos.
Tú puedes estar viviendo situaciones en las que te has preguntado una y otra vez qué es lo que Dios quiere de ti, qué está haciendo que te está doliendo tanto, por qué las personas te dicen que Dios tiene un propósito para tu vida, pero no logras entender como saldrás de todo lo que te está pasando. ¿Por qué y para qué? son preguntas difíciles de comprender, pero incluso en medio de nuestras dudas existe una respuesta:
¿Por qué no logro entender los propósitos de Dios?, ¿por qué mi situación es tan confusa que ni yo mismo entiendo qué es lo que pasa? Cuando intentas comprender humanamente lo que te sucede, la respuesta, obviamente, estará definida por una medida humana, porque la mente se limita a creer solamente en lo que ve; sólo ves problemas, no ves soluciones, no ves más allá de lo que tu dolor o tus dudas te permiten, y, entonces, no puedes ver la intención de Dios y su interés en ayudarte. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:8-9

Pertenecer al Club - Reflexiones

Varias niñas adolescentes decidieron formar un club de cosas que no necesitaban con el fin de recaudar dinero para misiones. Las chicas decidieron añadir dinero al fondo, dando de su sacrificio particular. Aún así, la mayoría de ellas eran de familias pudientes y con facilidad identificaron maneras de contribuir.
Margie era diferente. Su familia tenía pocos bienes y casi nada le sobraba, por lo tanto fue difícil para ella identificar la forma con qué contribuir. Cierto día, se arrodilló al pie de su cama y le pidió a Dios que le mostrara algo que pudiese dar. Mientras oraba, su perrito mascota lamió sus manos. De pronto, recordó que el médico de la familia había ofrecido comprarlo.
Lágrimas brotaron de sus ojos mientras exclamaba:
- ¡Oh Lucero, no me imagino cómo sería tener que despedirme de ti!,  -entonces pensó en el regalo que Dios le hizo al mundo.
-¡Lo haré!  -dijo ella.  Se dirigió hacia la casa del médico y vendió a su perro por cincuenta dólares.  Y aunque echaba de menos al perrito, aun así estaba muy contenta.
Cuando el médico supo cuál fue la razón por la que Margie vendió su perro, se lo devolvió con una nota amarrada al collar.
La nota decía:  Anoche le entregué a Dios lo que sobraba de mi desperdiciada vida. Me encantaría pertenecer a tu club, y deseo comenzar dando a Lucero.
Juan 3:16
Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.