martes, 23 de diciembre de 2014

Deseo

¡Título verdaderamente insinuante! Pero sin tener en cuenta la obviedad de esta característica, la palabra “deseo” está en nuestra naturaleza humana, muchas veces con connotaciones que en nada honran nuestra vida, pero que si nosotros los humanos, somos bien dirigidos, pueden tener grandes resultados.
En su día, logré confirmar el poder que tiene el deseo en nuestra vida. Es capaz de movilizarnos para conseguir una meta, de animarnos y de hacernos efectivos y con energía para avanzar hacia el cumplimiento de otros deseos distintos o en la misma línea.
Existen cuatro tipos de deseos: materiales, de realización, relacionales y físicos.

deseoLos materiales serían deseos como tener una casa, un coche, cierta vestimenta, algún aparato tecnológico o dinero para emprender un viaje; todos son deseos puestos en el corazón por parte de Dios, ya que el gusto por la belleza es de naturaleza divina y disfrutar de todas estas cosas de la manera correcta, sin que se vaya la vida en obtenerlos, no tiene por qué ser algo malo, ya que es Dios quien nos da la oportunidad de que disfrutemos de estas comodidades y elementos que pueden mejorar nuestra calidad de vida. Vamos a aclarar esta visión porque muchas veces, se ha asociado la pobreza al evangelio, como que solo siendo de esta condición obtienes los dones de parte del Señor. Esto ha sido durante años, una gran mentira que se ha transmitido de generación en generación. No tiene nada de malo desear tener estos bienes y trabajar por conseguirlos, porque una vez que los tenemos, podemos honrar a Dios al regalarnos la posibilidad de disfrutarlos.

Los deseos de realización tienen que ver con el obtener logros académicos y laborales, como un ascenso, un estudio superior, ser un buen vendedor o el empleado del mes. Conseguir su realización está bien, pero si estos deseos nos llevan a la soberbia, no vienen de parte de Dios; son buenos deseos en la medida que deseen darle la gloria a Él cuando los obtenemos. Es sutil la diferencia. 

Por su parte, los deseos relacionales son aquellos que denotan nuestra capacidad de hospitalidad y de disfrutar, al entablar relaciones afectuosas y amistosas con los demás, como ser amables y relacionarse de buena manera con otros. Si nos ponemos a pensar en este deseo, Dios nos creó como seres gregarios, o sea, no podemos vivir solos. Por lo tanto, el deseo de querer estar reunido con más personas y disfrutar de su compañía es algo que viene de parte de Él mismo.

Y en último lugar, pero no menos importantes, están los deseos físicos, como el comer, beber, ver, escuchar, tocar, todo lo sensitivo. Disfrutar de una buena comida, ver un espectáculo que nos impresione, acariciar a un bebé o a nuestro esposo o esposa, escuchar una canción que nos guste mucho... son deseos enlazados a nuestros sentidos y que también provienen de Dios. De no ser sensitivos no tendríamos nunca hambre, no tendríamos necesidades, sensaciones, ni ciertas preferencias, sino que operaríamos como robots o autómatas.

TODOS, absolutamente todos los deseos provienen de Dios. El problema ha sido que los hemos utilizado y explotado con otros fines, pero si son creación suya y están dentro de mí, puedo dirigirlos correctamente y honrar con cada uno de ellos la figura de Dios, como mostrarle al mundo una forma correcta de relacionarme con mis palabras, palabras que han sido contaminadas y ensuciadas para que con su uso, solo demostraran connotaciones sexuales, por ejemplo, en la clandestinidad. Esto no es así, somos cristianos y deseamos muchas cosas porque Dios así nos creó, y creó esos deseos para mantenernos vivos y apasionados por la vida.

Examina cómo andan tus deseos en estas cuatro clasificaciones, y si hay alguno desordenado que quiere únicamente satisfacerse a sí mismo, pídele ayuda a Dios para que ordene y ponga en el lugar que corresponde a cada uno de ellos. Sé feliz deseando lo bueno, lo agradable y lo perfecto que Dios creó para ti.


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