martes, 1 de abril de 2014

¿Cuál es el argumento ontológico para la existencia de Dios? - Biblia

El argumento ontológico es un argumento basado, no en la observación del mundo (como la cosmología y los argumentos teológicos), sino empleando únicamente la razón. Específicamente, el argumento ontológico razona a partir del estudio del ser (ontología). La primera y la forma más popular de este argumento se inicia desde San Anselmo, en el siglo XI d.C. Éste comienza con la observación del concepto de Dios, como “un ser tal, que nada mayor puede ser concebido.” Añade que, puesto que su existencia es posible, y la existencia es más grande que la no existencia, entonces Dios debe existir (si Dios no existiera, entonces podría concebirse un ser mayor, pero esto sería auto-excluyente (no puede haber nada más grande, que aquel del que ¡nada mayor puede ser concebido!). Por tanto, Dios debe existir.
Descartes dijo algo muy parecido, pero comenzó por la idea de un ser perfecto.
El ateo Bertrand Russel inclusive llegó a decir que, es mucho más fácil decir que el argumento ontológico no existe, que no es válido, que decir exactamente en qué está equivocado. Aún así, los argumentos ontológicos no son muy populares en la mayoría de los círculos cristianos de la actualidad, porque...,
Primero, sólo parecen ofrecer una respuesta de principio en cuanto a cómo es Dios.
Segundo, el argumento es objetivamente pobre para los no creyentes, puesto que este tipo de argumentos tienden a carecer de apoyo objetivo. 
Tercero, es difícil afirmar que algo debe existir únicamente por definición. Sin un buen soporte filosófico por el que una cosa deba existir, definir simplemente que algo existe no es una buena filosofía (como declarar que los unicornios son mágicos, o que los caballos con un cuerno no existen, sin un comprensible soporte demostrativo). A pesar de estos problemas, unos cuantos filósofos prominentes, en la actualidad continúan trabajando en esta inusual forma de argumento teológico.

Hay otros tipos de argumentos más sencillos de entender y, como éste, fielmente demostrativos de la existencia de Dios, como el cosmológico y el teológico, que veremos más adelante, pero este ya es sólo el principio.


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