domingo, 24 de mayo de 2020

Un nuevo llamado

Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.  2ª Timoteo 1:9
Claudio, el joven líder de la banda, y sus seguidores robaban tiendas, casas y automóviles, y peleaban con otras pandillas. Finalmente, Claudio fue arrestado y condenado. En la cárcel, se convirtió en un "maestro del crimen", alguien que repartía navajas caseras durante los amotinamientos.

Con el tiempo, lo pusieron en confinamiento solitario. Allí, mientras soñaba despierto, vio una especie de película con eventos clave de su vida… y de Jesús, que era clavado en una cruz y le decía: "Hago esto por ti". 
Claudio cayó llorando al suelo y confesó su pecado. Más tarde, le contó su experiencia a un capellán, el cual le explicó más sobre Jesús y le dio una Biblia. Pasado un tiempo, volvió a la cárcel común con el resto de los prisioneros, y fue maltratado por su fe. Pero estaba en paz porque había descubierto un nuevo llamado: hablar de Jesús a los otros presos.

En su carta a Timoteo, Pablo habla del poder de Cristo para cambiar vidas: dejar el mal para seguir y servir a Cristo (2 Timoteo 1:9). Como Claudio, ellos experimentaron la gracia de Dios, y ahora, el Espíritu Santo los capacita para ser testigos vivientes del amor de Cristo. Nosotros también tenemos este nuevo llamado, compartir el evangelio (verso 8).
Dios, gracias por poder servirte.
 

Bailemos como Si Nadie Nos Observara

Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor cuando nos casemos, tengamos un bebé y luego, otro. Más tarde nos frustramos cuando los chicos no son lo suficientemente mayores y que estaríamos más contentos cuando lo sean.
Después nos frustramos con que nos toca tratar con adolescentes, y estamos seguros de que seremos felices cuando salgan de esa etapa.
Nos decimos a nosotros mismos que la vida estará completa cuando nuestro cónyuge tenga todo en orden, cuando tengamos un mejor automóvil, cuando tengamos la oportunidad de tener unas buenas vacaciones, cuando nos jubilemos...
Cucumpa Instagram posts - Gramho.comPero la verdad es que no hay mejor tiempo para ser felices que hoy… ¿si no es ahora, cuándo? Nuestra vida siempre estará llena de desafíos. Es mejor que admitamos esto y decidamos ser felices de cualquier forma.
Alfred Souza dijo: “Durante mucho tiempo me pareció que la vida estaba a punto de comenzar… la verdadera vida. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que tenía que resolverse primero, algún negocio no terminado, tiempo para ser invertido, una deuda que debía ser pagada… después comenzaría la vida de verdad. Pero al final me di cuenta de que esos obstáculos eran mi vida”. Esta perspectiva me ayudó a ver que no hay un camino a la felicidad.
La felicidad es el camino mismo, así que atesoremos cada momento que tengamos.
Y atesorémoslo más cuando lo compartimos con alguien especial, lo suficientemente especial como para gastar nuestro tiempo… y recordemos que el tiempo no espera a nadie.
Así que dejemos de esperar hasta que terminemos el colegio, hasta que perdamos diez kilos, hasta que tengamos hijos, hasta que nuestros hijos dejen la casa, hasta que empecemos a trabajar, etcétera, etc., etc., para decidir que no hay mejor tiempo que ahora mismo para ser felices.
La felicidad es un camino y no el destino. Así que trabajemos como si no necesitásemos dinero, amemos como si nunca hubiésemos sido lastimados y bailemos como si nadie nos observara.
Esta reflexión nos anima a considerar no solo lo corto de la vida a este lado del cielo, sino también la capacidad que todos tenemos de decidir disfrutarla al máximo. Y para hacerlo, necesitaremos enfocarnos todos los días en ella y sacarle provecho a cada instante de nuestra vida.
Posponer la búsqueda de la felicidad en función de algún evento o logro en particular, habrá de resultar en más frustración que otra cosa. ¡Vamos!, pongámosle ganas y lancémonos a disfrutar la vida a más no poder, recordando que nunca podremos sacarle el máximo provecho, al margen de tener una relación con nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, que nos permita una perspectiva no solo más amplia sino abarcadora de la vida.

jueves, 21 de mayo de 2020

Enemigos de nuestra fe

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11:1 
Esta preciosa definición de la fe que encontramos en la palabra de Dios, nos permite comprender el por qué nos cuesta mantener nuestra fe fortalecida, en los tiempos de crisis que estamos viviendo en el mundo. 
● Fe es la certeza de lo que se espera, es decir, necesitamos ser pacientes para esperar la respuesta de Dios. 
Creer en Dios te dará esperanza y quitará tu tristeza. | Dios Es Bueno● Fe es la convicción de lo que no se ve, es decir que tenemos que confiar en que Dios está obrando aunque no veamos lo que está haciendo. Tenemos que saber que mientras esperamos con paciencia y confiando en lo que Dios está haciendo aunque no lo vemos, aparecerán enemigos usados por satanás para afectar nuestra fe, golpeando poco a poco los muros de nuestra fe para derribarlos. Por eso es muy importante reconocer esos enemigos de nuestra fe para poder enfrentarlos: 

I) PRIMER ENEMIGO DE NUESTRA FE: LA IMPACIENCIA (Habacuc 1:2) 
La misma definición de fe que nos da la palabra de Dios, nos permite darnos cuenta que la impaciencia es contraria a la fe, pues tener fe significa tener paciencia para esperar la respuesta de Dios. La impaciencia viene a nuestra vida cuando precisamente, como lo expresa el profeta Habacuc, creemos que Dios no nos escucha, cuando clamamos y parece que Dios no nos responde. 
Para enfrentar al enemigo llamado impaciencia tenemos que recordar las promesas de Dios para todos aquellos que esperan en Él: Dios no dejará avergonzados a todos aquellos que esperan en Él (Isaías 49:23b) “... y conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que esperan en mí..” 
Tenemos que pedirle a nuestro Dios las nuevas fuerzas que están prometidas para todos aquellos que estamos esperando en Él (Isaías 40:31) “pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán…” 

La verdadera importancia del evangelio

 «…Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra…” Hechos 13:47
Uno de los errores más graves que se están cometiendo a día de hoy dentro de las congregaciones Cristianas, es el de devaluar el evangelio, tomarlo con ligereza y hasta con desidia.
Desgraciadamente la Iglesia de Jesucristo no predica adecuadamente acerca de la salvación, ha reemplazado las «buenas nuevas» por doctrinas simplistas, conformistas y  sin el alcance adecuado.
Mas cuando la dimensión real del evangelio es por fin comprendida, entendemos que nuestra primera gran labor como siervos de Jesús es no esconder estas buenas noticias, es más, nuestra boca debería llenarse de las maravillas que Dios nos ha otorgado por medio de Jesucristo, y el sacrificio perfecto que Él realizó por nosotros.

Compartir el Evangelio es prioridad | Mujer Verdadera Blog | Aviva ...¿Qué es realmente el evangelio?

El evangelio es una buena noticia de parte de Dios para la humanidad, pues Jehová de los ejércitos es un juez justo y ávido de satisfacerla. Por otro lado, esa justicia eterna debería consumir a la humanidad por violar sus estatutos y sus decretos celestiales.
La ley que fue entregada a Moisés, lejos de ser una opción de fe para el pueblo de Israel, era un estatuto que por su obediencia recibía bendición, mientras que desobedecerla  traía sobre la vida del pecador la ira de Dios, pues debía pagar por su pecado.

«…Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da para siempre…» Deuteronomio 4:40

Esta ley de Dios es perfecta de principio a fin, contiene todo lo que agrada a Dios y lo que le desagrada. Precisamente por ser Dios de carácter perfecto, el ser humano corruptible carece de la capacidad de cumplir a cabalidad la ley, por lo tanto se hace reo de todos sus mandamientos.
«…Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos…» Santiago 2:10
Y ese es el problema más grande del ser humano, es el origen principal de nuestra perdición. A la luz de la Ley y sus estándares, estamos muertos, perdidos y sin posibilidad de salvación. La perfección de los mandatos eternos de Dios nos muestra que nuestra naturaleza es perversa, pues el hombre no tiene bondad en su corazón ni benignidad ni ninguna cosa agradable, inclusive peor, nacemos en pecado y vamos a morir en pecado.

«…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…» Romanos 3:23

La palabra destitución sugiere que estamos excluidos de la gloria de Dios; no podemos acercarnos pues somos pecadores y Él es Santo. Esta separación es como un vacío enorme entre un despeñadero y otro, somos apartados, alejados de Dios, y es aquí donde el hombre encuentra lo peor de sí mismo.

¿Qué sigue ahora?

Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 2ª Timoteo 4:8
El 3 de abril de 1968, el Dr. Martin Luther King dio su último discurso: "He estado en la cima de la montaña", en la cual daba indicios de que creía que no iba a vivir mucho. Dijo: "Nos esperan días difíciles. Pero eso ahora no me importa, porque he estado en la cima de la montaña. Como a cualquiera, me gustaría tener una vida larga. (…) He contemplado la tierra prometida. Quizá no llegue allí con ustedes. Pero (…) esta noche estoy feliz. No estoy preocupado por nada, no le temo a ningún hombre, ¡mis ojos han contemplado la gloria de la venida del Señor!". Al día siguiente, lo asesinaron.

Poco antes de morir, el apóstol Pablo le escribió a su pupilo Timoteo: Yo ya estoy próximo a ser sacrificado. El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. (2 Timoteo 4:6-8). Pablo sabía que su tiempo en la tierra estaba a punto de terminar, al igual que el Dr. King. Ambos vivieron vidas increíblemente significativas, pero nunca perdieron de vista la vida verdadera que estaba por delante.
Así como ellos, nosotros no nos fijemos en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Corintios 4:18).
Padre, ayúdanos,
ayúdanos a fijar nuestros ojos en ti.
 

La herencia no se gana

Por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, (Efesios 1:5).

«Gracias por la cena, papá», dije mientras ponía mi servilleta en la mesa del restaurante. Había vuelto a casa durante unas vacaciones de la universidad, y después de haberme ido desde hacía tiempo, me pareció un tanto extraño que mis padres me invitaran. 
«De nada, Julie —respondió mi padre—; pero no tienes por qué darme las gracias constantemente. Sé que te has ido, pero sigues siendo mi hija y parte de la familia». 
Sonreí y dije: «Gracias, papá».

No he hecho nada para ganarme el amor de mis padres ni lo que ellos hacen por mí. Pero ese comentario me recuerda que yo tampoco he hecho nada para merecer ser parte de la familia de Dios.

En Efesios, Pablo dice a sus lectores que Dios los escogió para que fueran «santos y sin mancha» (Efesios 1:4), o para ser presentados sin mancha delante de Él (5:25-27). Pero esto es posible solo por medio de Cristo, en quien tenemos «redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (1:7). No tenemos que ganar la gracia de Dios, el perdón ni la entrada a su familia. Simplemente, aceptamos su regalo.
Al creer en Cristo, nos convertimos en hijos de Dios, lo cual significa que recibimos vida eterna y tenemos una herencia que nos espera en el cielo. ¡Alabado sea Dios por ofrecer un regalo tan maravilloso!
Padre, gracias por entregar a tu Hijo
para poder ser parte de tu familia.
 

lunes, 18 de mayo de 2020

Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer

Filipenses 2:13 - porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Los cristianos deben ocuparse en su salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12). ¿Cómo lo lograrán?, obedeciendo las motivaciones que vienen de parte de Dios al corazón de cada creyente.

Filipenses 2:13 porque Dios es el que en vosotros produce así el ...
El creyente debe esforzarse en su vida espiritual, y aunque le pareciese muy difícil o imposible lograr lo que Dios pide, piense que no está solo, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer. Dios mismo es quien produce o motiva al creyente para que haga la voluntad del Señor. Dios mismo se encarga de transformar la vida del creyente. Pablo lo sabía y ya lo había dicho: estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; Filipenses 1:6.

Es especial saber y experimentar el trabajo de Dios en la vida del creyente. Dios produce el deseo y el poder para hacer las cosas, por su buena voluntad. Dios nunca guiará a sus hijos por caminos equivocados; nos dirige por sus caminos, y sus caminos son rectos y santos.

Observen esta maravillosa verdad: Dios está obrando magníficamente dentro de nosotros para que hagamos lo que a Él le agrada. Es decir, que cuando estamos ocupados en nuestra salvación, trabajando y esforzándonos en nuestra vida espiritual, Dios toca nuestro corazón y nos lleva a la acción para hacer lo que Él quiere.

Lamentablemente, muchas veces estamos demasiado ocupados en nuestra propia agenda, estamos trabajando en nuestros propios asuntos en vez de esforzarnos en la obra y motivación de Dios. Cuando vivimos así, estamos perdiendo en nuestra relación con Dios, dejamos de crecer espiritualmente, nos ponemos a hacer cosas para Dios que no son dirigidas por Él, y esto es un fracaso en la vida cristiana. Es mejor esforzarnos en las cosas de Dios, guiados por Dios. Cuando estamos involucrados en nuestra relación con Dios, el Señor nos motivará a hacer su voluntad.

El Señor quiere lo mejor para sus hijos, y como el buen Padre que es, está produciendo o trabajando en ti el querer como el hacer. Debes responder inmediatamente haciendo lo que te manda hacer, no lo ignores, elige obedecer a Dios, Él te motiva a hacer su voluntad.

No hagas tu corazón de piedra

corazon de piedraLa primera impresión que viene a la mente al pensar en un corazón de piedra es un corazón duro, sin sentimientos, que tiene muy pocas probabilidades de conmoverse, de sentir algo bueno; imposibilitado para amar, cerrado a creer, sin vida ni esperanza.
Cuando experimentamos cosas que nos lastiman, activamos un mecanismo de defensa, tal como ocurre cuando se forman las perlas; apenas entra un granito de arena en la ostra y ya formó una capa dura de nácar que la cubre. Igualmente, cuando somos lastimados o alguien daña nuestro corazón, además de sentir tristeza, viene un sentimiento de querer evitar a toda costa que alguien más pueda hacerlo de nuevo. Pero dejar que el corazón se cierre no siempre es la mejor manera de cuidarlo.
Cuando creer en algo te trajo resultados que no esperabas o sufriste algún rechazo, el corazón se duele y trata de protegerse levantando muros que, si no prestas atención, pueden llegar a medidas tan altas que después ni tú mismo puedes cruzar; se endurece, se niega a creer o confiar por temor a ser herido nuevamente.
En medio de una decepción, el peor error que puedes cometer es aislarte. Sentirte defraudado, traicionado y sobre todo usado, te hace creer que quizá como persona no vales lo suficiente para alguien más, baja tu autoestima y tu confianza en ti mismo a un grado en el que ni siquiera tú crees en ti. Pero debes saber que tu valor no lo determinan las personas que te fallan, ni tampoco las que te hacen halagos; tu valor lo puso Dios desde antes que llegaras al mundo, y fue un precio altísimo que nada ni nadie puede cambiar.

Lección de Vida

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.
Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos, y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba acabando sus labores diarias.
Participación de los estudiantes a través del ciclo de vida de ...El alumno dijo al profesor: Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.
Mi querido amigo -le dijo el profesor-, no debemos divertirnos nunca a costa de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.
Eso hizo, y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo.
Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar.
Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.
Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la mirada al cielo, pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda, y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.
El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.
Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?
El joven respondió: Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir.

En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir.”» Hechos 20:35