Don Nicolás, buenos días, he venido porque mi mamá me dijo que le hiciera una pregunta que me tiene preocupado.
Buenos días jovencito, en ¿qué te puedo ayudar? ¿Cuál es esa pregunta que te tiene pensando?
Sí, siempre me he preguntado, ¿qué hay después de que una persona sale de este mundo?
Ah, mira qué interesante e importante tu pregunta. Bueno, antes de contestarte, respóndeme, ¿por qué deseas saber eso?
Al pequeño..., se le pusieron los ojos vidriosos y expresó: es que mi abuelita siempre me decía que era mejor partir para allá que estar aquí, porque decía que era mejor estar con Cristo.
¡Ah!, mira qué bien que me lo dices. Sí, creo con seguridad que ella tenía razón.
Sí, don Nicolás, pero explíqueme, ¿qué es eso?
¿Tu mamá no te lo ha explicado?
Sí, más o menos..., me dijo que era necesario ser un buen niño para ir a ese lugar.
¡Ajá!, te entiendo hijo. Bueno, seré muy sincero contigo; yo por mí mismo tampoco lo sabía, pero también busqué como tú y encontré un tesoro que me ha llenado toda mi existencia.
¿Un tesoro, don Nicolás? ¿Hay tesoros de los piratas todavía?
No hijo, no me refiero a esos tesoros humanos que todos andan buscando tener. Esos “tesoros” que la gente busca se disipan rápido y son como la niebla.







