viernes, 17 de febrero de 2017

Vidas Superficiales

“Adviértanse unos a otros todos los días mientras dure ese «hoy», para que ninguno sea engañado por el pecado y se endurezca contra Dios.”
Hebreos 3.13
Resultado de imagen de Vidas SuperficialesVivir en otro país nos ha alejado físicamente a mí y a mi esposa de las vidas de toda nuestra familia y la mayoría de nuestros amigos. Además de esta distancia geográfica está la difícil tarea de tratar de mantenernos involucrados en sus vidas.
Nuestro contacto es limitado, y el tiempo que logramos hablar lo invertimos sobre todo en conversaciones sobre lo que hemos estado haciendo y lo que haremos en los días por venir. Lo triste es que, para mucha gente, eso es lo único de lo que hablan con su familia y amigos, aunque viven en la misma ciudad y a veces hasta en la misma casa; en fin, habiendo temas mucho más importantes y cruciales de los que podrían hablar.
Tenemos una ventana de ocasiones muy limitada en la cual ambos podemos estar involucrados directamente en la vida del otro.
Sin duda alguna, hay tiempo para conversaciones simples y para ponernos al día, pero también hay una gran necesidad de conversaciones de un nivel mas profundo; conversaciones que tienen el propósito de animarse, ayudarse y advertirse los unos a los otros.
Cuando perdemos estas interacciones valiosas, no tomamos ventaja del valioso recurso que tenemos en los cercanos a nosotros.

La muerte de la duda

Le dijeron, pues, los otros discípulos:
-¡Hemos visto al Señor!
Él les dijo:
-Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré. (Juan 20:25).
Catalogar a Tomás simplemente como «el discípulo que dudó» (Juan 20:24-29) no sería justo. ¿Cuántos hubiéramos creído que nuestro ejecutado líder había resucitado? Deberíamos llamarlo «Tomás el valiente», ya que demostró un coraje impresionante mientras Jesús disponía intencionadamente los hechos que le condujeron a su muerte y resurrección.
Cuando murió Lázaro, Jesús había dicho: «Vamos a Judea otra vez» (Juan 11:7). Aunque los demás discípulos intentaron persuadirlo de no volver allí -«Rabí, hace poco los judíos intentaban apedrearte, ¿y otra vez vas allá?» (verso 8) -, Tomás declaró: «Vamos también nosotros, para que muramos con él» (verso 16).
Las intenciones de Tomás demostraban ser más nobles que sus acciones. Cuando arrestaron a Jesús, huyó con el resto de los discípulos (Mateo 26:56) y dejó que solo Pedro y Juan acompañaran al Señor ante el sumo sacerdote.
Aunque había sido testigo de la resurrección de Lázaro (Juan 11:38-44), no podía creer que el Señor crucificado hubiera conquistado la muerte. Solamente al verlo personalmente resucitado, pudo exclamar: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28). La respuesta que quitó las dudas de Tomás es enormemente consoladora para nosotros: «Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron» (verso 29).

Señor, ayúdame a no dudar de tu bondad y poder.
La duda sincera busca la luz; la incredulidad se conforma con la oscuridad.

jueves, 16 de febrero de 2017

Durmiendo durante la tormenta

Un joven se aplicó para un empleo de obrero en una granja. Cuando el granjero le preguntó sobre sus méritos, él dijo: “Puedo dormir cuando el viento sopla”. Esto sorprendió al granjero. Pero como le cayó bien el joven, lo empleó.
Pocos días más tarde, el granjero y su esposa fueron despertados por la noche por una violenta tormenta. Rápidamente comenzaron a revisar las cosas para ver si todo estaba seguro. Vieron que las ventanas de la granja habían sido aseguradas. Y un buen suministro de leña había sido colocado junto a la chimenea.
El joven dormía profundamente.
El granjero y su esposa inspeccionaron entonces su propiedad. Hallaron que todas las herramientas habían sido colocadas en su sitio, libre del efecto de los elementos.
El tractor había sido movido al garaje. El granero estaba adecuadamente bajo llave. Hasta los animales estaban calmados. Todo estaba bien.
El granjero comprendió entonces el significado de las palabras del joven: “Puedo dormir cuando el viento sopla”. Porque el obrero hizo su trabajo leal y fielmente cuando los cielos estaban claros; estaba preparado para la tormenta cuando ésta vino. Así que cuando el viento sopló, él no tuvo temor. Pudo dormir en paz.

Un corazón como el del Padre

Como la necesidad espiritual solamente puede ser saciada al entrar en intimidad con Dios mismo, la misericordia es fruto del hambre y sed de justicia.
Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, 
5:2 y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo:
5:3 Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.
5:4 Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
5:5 Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia.
5:6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
5:7 Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión.
5:8 Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
5:9 Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
5:10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.
5:11 Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 
5:12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.  Mateo 5:1-12

Resultado de imagen de Un corazón como el del Padre«Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.» Mateo 5:7 En esta bienaventuranza tenemos una de las más claras evidencias de que es Dios el que obra en la transformación en la vida del que obra y no en la persona misma que sufre. La misericordia se refiere específicamente a la sensibilidad al dolor de otros que, a su vez, produce el deseo de aportar alivio al afligido. No cabe duda de que esta postura refleja el carácter de nuestro Dios, pues la misericordia tiene que ver con un corazón compasivo, bondadoso y tierno. No mide si la otra persona es merecedora de nuestro socorro, sino que se da a sí mismo por el bien del otro.
Conforme a la progresión espiritual que hemos notado, es natural que esta actitud de misericordia sea fruto del hambre y sed de justicia. Esa necesidad espiritual solamente puede ser saciada al entrar en intimidad con Dios mismo. Mas la cercanía a Su Persona, no solamente sacia las necesidades de nuestra alma, sino que comienza a contagiarnos de la visión que Dios mismo tiene de las personas. Ya no juzgamos con dureza a aquellos que están en situaciones difíciles, condenándolos porque vemos en sus vidas las claras consecuencias del pecado. Más bien, comenzamos a comprender que son personas atrapadas en un sistema maligno, cegadas por las tinieblas de este mundo, que necesitan con desesperación que alguien se les acerque para indicarles el camino hacia la luz y la vida.

¡Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán aún mayores demostraciones de misericordia!
No hace falta señalar que la expresión de misericordia muchas veces escandaliza a los que pretenden ser los auténticos defensores de todo lo que es bueno y justo. Los fariseos, por ejemplo, no mostraron ni una pizca de misericordia hacia la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8). Lejos de desear que fuera librada del lazo en el que había caído, la trajeron a Jesús buscando su aprobación para la condenación que ya habían forjado en sus propios corazones. 

No puedes superar en generosidad a Dios

«Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir»» (Lucas 6: 38).
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Los tiempos en que vivimos son de dificultades económicas. No es fácil encontrar trabajo, y mucha gente está apurada. No llegan a fin de mes y viven esperando su próxima paga. Es una situación precaria. Si tienes trabajo, tal vez la empresa te haya recortado el numero de horas laborales. Es más, trabajar horas extras ya no es una opción viable para muchas personas. Los desahucios ocurren en todas partes. Jóvenes familias no pueden permitirse devolver los préstamos que pidieron para pagarse algo.
Tengo un puesto directivo en una compañía. Llevo siete años allí, y oigo cómo muchos compañeros se quejan de que ya no hacen horas extras. A mí, en cambio, mi jefe me ha programado dos horas y media extras cada semana. Esto significa que cobro diez horas extras al mes. Me siento muy agradecida. Sin embargo, en cierto sentido eso no me sorprende porque sé quién me bendice con estas horas extras. Es el Dios que cumple sus promesas.

Mira lo que Jesús ha hecho

Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud y en vuestro amor por nosotros, abundad también en esta gracia. (2 Corintios 8:7).
El niño tenía solo ocho años cuando le dijo a Guille, un amigo de sus padres: «Amo a Jesús y, algún día quiero servirlo en otro país». Durante diez años, Guille oró por él mientras lo veía crecer. Tiempo después, cuando este joven presentó una solicitud a una organización misionera para ir a Mali, Guille le dijo: «¡Ya es la hora! Cuando escuché lo que querías hacer, invertí un poco de dinero y lo he estado ahorrando para ti, esperando esta noticia emocionante». El corazón de Guille vibraba por ayudar a otros y colaborar para que la gente conociera la buena noticia de Dios.
Jesús y sus discípulos necesitaron sustento financiero mientras viajaban de un lugar a otro anunciando la buena noticia de la salvación (Lucas 8:1-3). Un grupo de mujeres que habían sido sanadas de demonios y enfermedades los sustentaban «con sus bienes» (verso 3): María Magdalena, liberada de siete demonios; Juana, esposa de un funcionario de la corte de Herodes; Susana, de quien no se sabe nada; y «otras muchas» (verso 3). Pero sí sabemos que Jesús había suplido sus necesidades espirituales. Ahora, ellas lo ayudaban a Él y a sus discípulos con recursos financieros.
Cuando consideramos lo que Jesús ha hecho por nosotros, su corazón por los demás se hace nuestro. Preguntémosle cómo desea usarnos.

Señor, muéstrame cómo puedo ayudar a tu obra.
Jesús lo dio todo; Él merece todo de nosotros.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Nuestro tesoro

Nuestra manera de ver el tesoro que tenemos es una revelación personal de quiénes somos. La pregunta es: ¿Dónde está nuestro corazón?
Resultado de imagen de Nuestro tesoro para el prójimoNo importa cómo hayamos adquirido las cosas que tenemos, sea trabajando, invirtiendo o ahorrando, la realidad es que el Señor es el dueño de todo, y nosotros somos simplemente administradores. Si tenemos una actitud de “mi tesoro es mío”, podemos descubrir, en realidad, que lo que tenemos es mucho menos satisfactorio de lo que esperábamos.
He aquí una mejor perspectiva en cuanto a las posesiones y la abundancia económica: veamos estas cosas como un medio para responder ante las necesidades de otros, y una manera de servir a Dios e impulsar su reino (Efesios 4.28Malaquías 3.10). Cuando damos a los necesitados o para el trabajo del reino, estamos transfiriendo de inmediato nuestro tesoro de la Tierra al cielo.
Las bendiciones tangibles del Señor también pueden usarse apropiadamente para ayudarnos a alcanzar los objetivos dados por Dios, que han sido establecidos por medio de la oración. Por ejemplo, si el Señor le ha bendecido económicamente, y le ha mostrado que Él desea que usted use su talento musical para servirle, puede ser conveniente que compre un instrumento musical. Cuando andamos en la voluntad de Dios y llevamos nuestras peticiones a Él, los anhelos de nuestro corazón se convierten en buenas maneras de usar nuestro tesoro, porque nuestras preferencias estarán alineadas con los deseos de Dios para nosotros.
Piense siempre en el valor eterno de sus objetivos. Lo esencial es que debe confiar a Dios hasta la última gota de su tiempo, talento y tesoro.

La Cena del Señor

CRISTO INSTITUYÓ LA CENA DEL SEÑOR
Resultado de imagen de La Cena del SeñorMateo 26:26-29 Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba de nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

1/Corintios 11:23-26 Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí. De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí. Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga. 
En Mateo se nos dice que la cena fue en la Pascua y Pablo nos informa que se instituyó antes de la crucifixión.
El PROPÓSITO DE LA CENA DEL SEÑOR
El propósito de la Cena del Señor no es para el perdón de los pecados. Hubo siglos con esta creencia equivocada, pero la santa cena no es para confesar y obtener el perdón de los pecados (algunos piensan así a causa de un concepto equivocado de sacrificios en el Antiguo Testamento). De acuerdo a las Escrituras, la Cena del Señor tiene cuatro propósitos:
1- Comunión de los salvos en la sangre y el cuerpo de Cristo.1/Corintios 10:15-21 dice… Os hablo como a sabios; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo? Puesto que el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan. Considerad al pueblo de Israel: los que comen los sacrificios, ¿no participan del altar? ¿Qué quiero decir, entonces? ¿Que lo sacrificado a los ídolos es algo, o que un ídolo es algo? No, sino que digo que lo que los gentiles sacrifican, lo sacrifican a los demonios y no a Dios; no quiero que seáis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. Porque cuando tomamos la Cena del Señor, expresamos el hecho de que hemos sido salvos por el sacrificio de Cristo en La Calavera. Estamos en comunión con lo que nos salva del pecado. Por consiguiente, no para los que están fuera de Cristo.
2- La Cena del Señor también es una conmemoración del sacrificio de Cristo en la cruz. 
1/Corintios 11:24  y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí. Es decir, que mientras comemos la Cena del Señor, nuestro deber es recordar el sufrimiento de Él por nosotros.

3- La Cena del Señor proclama la muerte de Cristo.
1/Corintios 11:26 dice… Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que él venga. Al tomar la Cena del Señor, los cristianos proclaman que el cuerpo golpeado y la sangre derramada de Cristo fue el sacrificio en la cruz por los pecados del mundo.
4- La Cena del Señor proclama el hecho de que Jesús vendrá otra vez.
1/Corintios 11:26 dice…Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga. Al tomar la Cena del Señor, el cristiano demuestra la fe en la promesa del Señor de que Él vendrá otra vez. Hechos 1:10,11 dice lo siguiente: Y estando mirando fijamente al cielo mientras Él ascendía, aconteció que se presentaron junto a ellos dos varones en vestiduras blancas, que les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo. Así que, nosotros expresamos nuestra relación intima con Cristo y recordamos Su sacrificio y el significado de ello. Recordamos también que Él murió por nuestros pecados y los eventos que sucedieron después, y proclamamos por fe nuestra creencia en que Él volverá, base de Su resurrección.

La dimensión del amor

«El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo y seguid lo bueno». Romanos 12: 9

Leo observó, maravillado, la danza de las extrañas figuras ataviadas con ropas orientales: tres mujeres, moviéndose seductoramente en el escenario. Se acercó y vio, con asombro, que eran jóvenes y hermosas. Tenían los ojos verdes, relucientes como las esmeraldas. La imagen de sus cuerpos en movimiento cautivó su mirada durante varios minutos, y al terminar el espectáculo, se acercó a una de ellas. Era morena, de rostro triste. Su tristeza no se correspondía con la danza en la que acababa de participar.
Resultado de imagen de La dimensión del amorFue algo inexplicable. Solo una hora de conversación, y ambos llegaron a la «conclusión» de que estaban profundamente enamorados. Así comenzó una historia de dolor, de angustia y de muerte. Meses después, Leo no pudo soportar el dolor de verse engañado. Su mundo quedó en tinieblas; y sus emociones, perturbadas, le hicieron cometer un crimen que lo llevaría a prisión por varios años. Todo sucedió la noche en la que ella le confesó que nunca lo había amado; se había casado con él solo por su dinero. ¿Cómo puedes decir eso, si hemos pasado tantos momentos maravillosos?, preguntó el joven engañado, al límite de la desesperación. Fingí. Simplemente, fingí, fue la respuesta, dura y fría. Lo que sucedió después lo relataron los periodistas con todo lujo de detalles.