“Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin defecto en su presencia” (Efesios 1:4).
Veamos un ejemplo bíblico. Lucas 1:6 dice que el sacerdote Zacarías era “intachable”. Un día le tocó celebrar el rito de la oración en el altar del incienso que se encontraba en el Lugar Santo del Santuario. Mientras Zacarías se hallaba dentro del Templo, un ángel del Señor se le apareció y le anunció que sería el padre de Juan el Bautista. Lo que llama la atención es que, a pesar de que Zacarías era una persona “sin defecto”, no creyó lo que el ángel le dijo. Incluso, como castigo por su incredulidad, Zacarías quedó mudo durante un tiempo. Es decir, cuando Dios dice que nos escogió para que seamos “sin defecto” NO está diciendo que no cometeremos errores. Podemos ser “intachables” y, al mismo tiempo, quedar manchados por la incredulidad, como le sucedió a Zacarías.



