sábado, 17 de diciembre de 2016

Todo lo que esté en tus manos

“Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño; porque en el sepulcro, adonde te diriges, no hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría.”
Eclesiastés 9:10 Nueva Versión Internacional
todo lo que este en tus manosHay en la Biblia los mejores y más sabios consejos, y éste, aunque puede ser algo fuerte, es uno de ellos. Habla de aprovechar todas las oportunidades que se nos presenten mientras tengamos vida. Cada uno de nuestros días es una oportunidad de hacer todo cuanto pensemos hacer.
A todos nos ama Dios, y todos tenemos oportunidades; es cierto que se nos van a presentar en distintos momentos o de diferentes maneras, pero a todos se nos dio la oportunidad de vivir, y con la vida la oportunidad de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para cumplir nuestras metas.
Eres capaz, inteligente, la gracia de Dios está en tu vida, tienes todo en tus manos para hacer lo que tanto deseas; ¡pues aprovecha el tiempo!, disfruta tu vida, sí, pero asume nuevos retos, porque normalmente hay que arriesgar para ganar.
Si de algo podemos estar seguros es de que un día se nos acabarán las oportunidades, pero mientras esté al alcance de tus manos haz todo lo que te sea posible, no tengas miedo a intentar algo.

viernes, 16 de diciembre de 2016

El Hijo del Hombre

En los primeros capítulos de Job se nos da una semejanza de la realidad del gran conflicto entre Cristo y Satanás. Como sabemos, fue una batalla que comenzó en el cielo y, luego, llegó a la Tierra (Apocalipsis 12:7-12); y en el libro de Job aparece esa dinámica: un conflicto en el cielo que llega a la Tierra. Tristemente para Job, ese conflicto sobre la Tierra se centró en él.

 ¿Cuál fue la queja de Job? ¿Crees que tenía algo de razón?
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Lo que planteaba Job era sencillo: Tú eres Dios, el Soberano del universo, el Creador. ¿De qué manera entonces, puedes saber qué es ser un humano, y sufrir las cosas que nosotros sufrimos?
Pero los siguientes textos responden a la queja de Job. Lucas 2:11; Juan 1:14; Lucas 19:10; Mateo 4:2; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 4:15.


La queja de Job de que Dios no era humano y, por lo tanto, no podía conocer el dolor humano, fue respondida completa y plenamente con la venida de Jesús a la Tierra. Aunque nunca perdió su divinidad, Jesús también fue plenamente humano, y en esa humanidad supo lo que era sufrir y luchar, así como Job y todos los humanos lo hacen. De hecho, en todos los evangelios, vemos la realidad de la humanidad de Cristo y los sufrimientos que tuvo que soportar en nuestra humanidad. Jesús contestó a la queja de Job. “Cristo no tomó sobre sí una humanidad solo en apariencia. Tomó realmente la naturaleza humana y vivió la naturaleza humana. No solo fue hecho carne, sino también fue hecho a semejanza de carne de pecado”.
Piensa en lo que significa que Jesús hubier
a tomado forma humana. ¿Qué nos debe decir esto acerca de cuán estrechamente puede Él identificarse con nosotros, en cualquiera de las luchas que estemos afrontando ahora?


¿Canal o almacén?

El desprendimiento no es una cualidad habitual en las personas, pues generalmente la tendencia es a cuidar con esmero aquello que alcanzamos.
Sucede así con el coche, la casa, y los bienes de todo tipo, incluso las finanzas. Mantener la cartera bajo control es algo que cuidamos con esmero, salvo raras excepciones.
Resultado de imagen de tener y darPor ello, en nuestro afán por cuidar excesivamente nuestras finanzas, no nos preocupamos lo más mínimo de las necesidades de las personas que nos rodean, lo que nos lleva a ser generosos solo cuando nos sobra, que no es muy frecuente.
Algunos, con el ánimo de ser reconocidos, dan porque tienen de sobra, lo que contrasta cuando observamos que hay muchos aún sobre la tierra (qué bueno que no se han extinguido), que tienen porque dan. Sin duda, entre los que dan porque tienen y los que tienen porque dan hay una diferencia abismal.
Los que dan porque tienen, aunque dan, lo hacen con dolor.
Los segundos, de lo que tienen dan, y por eso Dios los bendice, porque sienten satisfacción en lo que hacen y son felices al desprenderse de algo que necesitan otros.
¿De qué lado de la balanza estás?
Dios nos insta a no dejar pasar la oportunidad de servir y compartir de lo que Él nos da (aunque sea poco), con aquellos que están más necesitados.
“…Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?..” Santiago 2:15-16
Sé un canal y no un almacén. Si esperas a tener mucho para dar nunca serás un dador.

El dinero

Ninguno puede servir a dos señores, porque odiará al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mateo 6:24
Hace muchos años, cuando tenía un trabajo que consideraba más una misión que una labor, otra compañía me ofreció un puesto que implicaba un importante aumento de salario. El problema era que yo no había estado buscando otro trabajo, porque amaba lo que hacía.
Pero el dinero…
Llamé a mi padre y le expliqué la situación. Aunque su mente, anteriormente perspicaz, había sido afectada por accidentes cerebro-vasculares y el paso de los años, su respuesta fue escueta y sencilla: «No pienses en el dinero, ¿qué es lo que te gusta hacer?»
Al instante reaccioné. ¡El dinero sería la única razón de dejar el trabajo que amaba! Gracias, papá.
Jesús dedicó gran parte de su Sermón del Monte al dinero. No nos enseñó a orar por la acumulación de riquezas, sino por «el pan nuestro de cada día» (Mateo 6:11). Advirtió contra almacenar tesoros en la tierra, y puso a las aves y las flores como ejemplo del cuidado de Dios por su creación (versos. 19-31). Y agregó: «buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (verso 33).
Hay que pensar en el dinero, pero éste no debe controlar nuestras decisiones. Pensemos que las dificultades y los desafíos son oportunidades para que nuestra fe aumente, ya que nuestro Padre se ocupa de nosotros.

Señor, ayúdame a confiar en tu provisión y cuidado constantes.
Nunca hay que confundir tentación con oportunidad.

Doy Gracias a mi Cristo

Dando siempre gracias a Dios por todo, al Dios y Padre, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Efesios 5:20.
Hoy, cuando me levanté escuché en el patio de mi casa a los pájaros cantar alegremente, mientras el sol bañaba con su manto toda la creación. Aún en mi cama, escuché el trinar de las aves, y salió de mi corazón algo así como un murmullo lleno de admiración que decía la expresión GRACIAS SEÑOR, POR TODO LO QUE HOY ME DAS. Y entonces recordé las palabras de aquella poesía que dice:
“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco. Y en el alto cielo su fondo estrellado y en las multitudes los seres que yo amo”.
Imagen relacionada“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado el sonido y el abecedario. Con él las palabras que pienso y declaro. Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando, la ruta del alma del que estoy amando”.
“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado la marcha de mis pies cansados. Con ellos anduve ciudades y charcos. Playas y desiertos, montañas y llanos. Y la casa tuya, tu calle y tu patio”.
“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me dio el corazón que agita su marco, cuando miro el fruto del cerebro humano, Cuando miro al bueno tan lejos del malo, cuando miro el fondo de tus ojos claros.”
“Gracias a mi Cristo que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es mi mismo canto. Y el canto de todos que es mi propio canto”. Gracias a mi Cristo. Gracias a mi Cristo.

jueves, 15 de diciembre de 2016

El día en que Jesús guardó silencio

Aún no llego a comprender cómo ocurrió; si fue real o un sueño. Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un buen libro en la mano. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear…
En algún momento entre la semiinconsciencia y los sueños, me encontré en un inmenso salón que no tenía nada de especial salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas. Los ficheros alcanzaban hasta el techo, tanto que parecía interminable el mirar en ambas direcciones.
Tenían diferentes rótulos, y al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado: “Muchachas que me han gustado”. Lo abrí descuidadamente y empecé a pasar las fichas. Tuve que detenerme por la impresión porque había reconocido el nombre de cada una de ellas: ¡se trataba de las muchachas que a mí me habían gustado!
Resultado de imagen de El día en que Jesús guardó silencioSin que nadie me lo dijera, empecé a sospechar dónde me encontraba. Ese inmenso salón, con sus interminables ficheros, era un catálogo de toda mi existencia.
Estaban escritas las acciones de cada momento de mi vida, pequeños y grandes detalles, momentos que mi memoria ya había olvidado.
Un sentimiento de expectación y curiosidad, acompañado de intriga, empezó a recorrerme mientras abría los ficheros al azar para explorar su contenido.
Algunos me trajeron alegría y momentos dulces; otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos que tuve que volverme para ver si alguien me observaba.
El archivo “Amigos” estaba al lado de “Amigos que traicioné” y “Amigos que abandoné cuando más me necesitaban”.
Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo. “Libros que he leído”, “Mentiras que he dicho”, “Consuelos que he dado”,... otros títulos eran: “Asuntos por los que he peleado con mis hermanos”, “Cosas hechas cuando estaba molesto”, “Murmuraciones cuando mamá me reprendía de niño”, “Vídeos que he visto”…

Servir a Dios con oraciones

Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. (Santiago 5:16)
A menudo Dios decide utilizar nuestras oraciones para llevar a cabo su obra. Esto lo vemos cuando le dijo al profeta Elías: «yo haré llover sobre la faz de la tierra», prometiendo poner fin a una sequía en Israel que había durado tres años y medio (Santiago 5:18). Aunque Dios había prometido que llovería, poco después, «Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas» para pedir fervorosamente que lloviera (1 Reyes 18:42). Entonces, mientras oraba, mandó a su siervo «siete veces» para que mirara hacia el mar y observara si había alguna señal de lluvia en el horizonte (verso 43).
Elías entendió que Dios quiere que participemos en su obra mediante la oración humilde y persistente. A pesar de nuestras limitaciones humanas, el Señor seguramente quiera obrar de maneras asombrosas a través de nuestras oraciones. Por eso, Santiago afirma que «la oración eficaz del justo puede mucho» y nos recuerda que «Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras» (Santiago 5:16-17).
Cuando nos proponemos servir a Dios orando fielmente como lo hizo Elías, participamos de un privilegio maravilloso… y en cualquier momento, podríamos ver un milagro delante de nuestras narices.

Señor, ¿cómo puedo servirte hoy con mis oraciones?
Las grandes expectativas de nuestra parte honran a Dios.

¿Soy un esclavo atemorizado o un hijo amado y perdonado?


El apóstol Pablo nos presenta un profundo contraste entre los conceptos de esclavo e hijo. En un lenguaje propio de la época escribe: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y administradores hasta el tiempo señalado por el padre. Gálatas 4:1-2

En aquellos tiempos, el niño (heredero) tenía solamente derechos muy similares a los de un esclavo, hasta que cumpliese cierta edad y fuese considerado no solo heredero, sino también señor y patrón de otros. Bajo la ley (siendo niños con herencia), estaban confinados en los derechos de su propia libertad.

Es como una paradoja de sentimientos mezclados que dice “soy heredero, pero todavía no”. Escogidos desde antes de la fundación del mundo, (Efesios 1:4; Romanos 8:29), pero con desconocimiento pleno de esta nueva libertad e identidad con la que Cristo nos hizo libres.

El niño heredero estaba bajo el tiránico tutor de la ley, la cual no determina para nada su herencia. Sino que la ley, habiendo tutor o administrador, ha de llevarnos durante nuestra niñez y adolescencia (en el cumplimiento del tiempo), al encuentro glorioso con la Gracia de Jesucristo.

Muchos hombres de Dios no son impactados por Su Gracia hasta que la ley los consume en verdad. Dios tiene que humillarnos para poder salvarnos. Nunca se saborea la gracia de Dios hasta que el pecado no agobie sobremanera, como
tampoco nosotros sabremos qué hacer con la libertad que nos confiere la gracia divina. Tantos años bajo el yugo cruel de la ley han producido heridas, iras reprimidas, sentimientos de culpabilidad, indignación y rebeldías. Todo ello nos ha conducido (a muchos) a una interpretación desordenada y confusa de nuestra libertad en Cristo, por lo tanto necesitamos la aceptación de la ley de Dios dentro del marco de una nueva perspectiva de la gracia infinita.

Afrontamos el reto de vivir una vida de obediencia para Dios no bajo el peso de nuestros propios esfuerzos, sino por dejar fluir el esfuerzo de la obra de Cristo en nosotros. 

No se trata de un moralismo religioso, sino del descanso sincero y por completo en la obra consumada por Cristo en la cruz del Calvario.

Más allá de esta vida


Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual os dará el Hijo del hombre, porque a éste señaló Dios, el Padre.  (Juan 6:27, RV95).
Resultado de imagen de Más allá de esta vidaTras un grave accidente que sufrió y que lo dejó al borde de la muerte, Henri Nowen se recuperó increíblemente bien de la tragedia, y sus amigos comenzaron a felicitarlo por ello, a expresarle la alegría que sentían de verlo de nuevo con la misma salud física y mental de antes.
Sin embargo, él no analizaba su recuperación de la misma forma en que lo hacían ellos.
Nowen se preguntaba si estar bien era realmente lo mejor para él; si no hubiera sido preferible haber muerto, para encontrarse así más cerca de la vida eterna con Dios.
“Nadie de los que me escribieron, llamaron, enviaron flores o me visitaron, ni siquiera sugirió que mi vuelta a la vida de siempre no era necesariamente lo mejor que podría haberme ocurrido tras el accidente. Nadie me dijo: "Debe haber sido una decepción para ti tener que seguir aquí, pero como compañero tuyo de viaje que soy, te doy la bienvenida una vez más a las luchas de la vida en esta tierra”, cuenta Nowen.