lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Cuánto vales?

…  pues ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1 Pedro 1:18-19
Se cuenta que, en el año 75 a.C., un joven de la nobleza romana llamado Julio César fue secuestrado por piratas, tras lo cual se pidió un rescate para liberarlo. Cuando exigieron 20 talentos de plata (unos 600.000 dólares de hoy), César se rió y dijo que era evidente que no tenían ni idea de quién era él. Entonces, insistió en que elevaran el montante del rescate a 50 talentos. Creía que valía más de 20.
¡Qué diferencia vemos entre la arrogante valoración personal de César y el precio que Dios le pone a cada ser humano! Nuestro valor no se mide en términos monetarios, sino en función de lo que el Padre celestial ha hecho a nuestro favor.
¿Cuál fue el precio del rescate que pagó para salvarnos? La sangre de su único Hijo al morir en la cruz. Así, el Padre nos liberó de nuestro pecado: «fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo» (1 Pedro 1:18-19).
Dios nos amó tanto que entregó a su Hijo para que muriera en la cruz y resucitara de los muertos para redimirnos y rescatarnos. Éste es el valor que tienes para Él.

Padre, gracias por el precio que pagaste para que fuera perdonado. Que mi vida sea una expresión constante de gratitud hacia ti.
Nuestro valor lo determina el precio que Dios pagó para rescatarnos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

10 Preguntas

Resultado de imagen de 10 Preguntas QUE TE HARÁ DIOSDios no te preguntará qué modelo de coche usabas;
te preguntará a cuánta gente llevaste para ayudarla.
Dios no te preguntará los metros cuadrados de tu casa;
…te preguntará a cuánta gente recibiste en ella.
Dios no te preguntará la marca de la ropa de tu armario;
te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse.

Dios no te preguntará lo alto que era tu sueldo;
te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo.

Dios no te preguntará cuál era tu oficio;
 te preguntará si hiciste tu trabajo con lo mejor de tu capacidad.

Dios no te preguntará cuántos amigos tenías;
te preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.

Dios no te preguntará en qué vecindario vivías;
te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.

Dios no te preguntará el color de tu piel;
te preguntará por la pureza de tu interior.

Dios no te preguntará por qué tardaste tanto en buscar la salvación;
te llevará CON AMOR a tu casa en el cielo y no a las puertas del infierno.

Dios no te preguntará a cuántas personas les compartiste el mensaje;
te preguntará si te dio vergüenza hacerlo.

Dios no acusa; solo te pide que prediques con el ejemplo.

¿La muerte es un tema tabú?

No hay hombre que tenga potestad sobre el aliento de vida para poder conservarlo, ni potestad sobre el día de la muerte. Y no valen armas en tal guerra, ni la maldad librará al malvado.  Eclesiastés 8:8
El tema de ese debate filosófico reciente era: «¿La muerte dejará de ser un tema tabú?»
Efectivamente, nuestra sociedad trata de quitarle el carácter sagrado a la muerte, para demostrar que no debemos tener miedo de ella. Pero, ¿ésa no es precisamente la prueba frehaciente de una inquietud? La muerte siempre ha asustado al hombre. Éste puede evadir el tema o evocarlo haciendo bromas, pero esas actitudes revelan una inquietud que el hombre se niega a reconocer. Lo que perturba a los hombres, sobre todo, es lo desconocido que sigue a la muerte. La Biblia habla de forma precisa sobre este tema. Ella nos dice que morir no es solo dejar de existir en esta tierra, que hay una existencia después de la muerte. El Señor Jesús dijo: “Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28-29).

Muchos Lápices

Mi madre vive sola. Hace ocho años que mi padre murió, y ella no puede salir sola excepto a dar caminatas cortas. Tiene muchas dificultades con su memoria, y las conversaciones se limitan a unos cuantos comentarios repetidos.
Sin embargo, mi madre me dijo algo profundo: «El otro día estaba pensando en mis problemas y concluí que no tengo nada de qué quejarme. Dios me está cuidando y tengo gente que me ayuda. Mi único problema es que no puedo acordarme de nada, aunque tengo muchos lápices y papel para escribirlo todo.»
El apóstol Pablo luchaba con lo que él llamaba «un aguijón en la carne» (2 Corintios 12:7). Pero descubrió que en su debilidad, él experimentaba «el poder de Cristo» (verso 9). Dijo: «Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo» (verso 10).
Todos tenemos luchas. Éstas están relacionadas con la edad, las finanzas, las relaciones o miles de otras dificultades. Pero si de verdad disponemos nuestro corazón en confiar en Dios, y si permanecemos agradecidos, incluso en medio de nuestros problemas, es más probable que reconozcamos que «no tenemos nada de qué quejarnos». 


Sus palabras no fallan

Bendito sea Jehová, que ha dado reposo a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho: ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado. (1 Reyes 8:56)

Imagen relacionadaTuvimos la oportunidad de contemplar la más hermosa puesta de sol que vi en mi vida. Las palabras no bastan para describir tanta belleza. Los últimos rayos del sol poniente, con sus pinceladas de oro y plata, colores púrpura, ámbar y carmesí, lanzaban su fulgor hacia la altura, adquiriendo cada vez más resplandor y elevándose cada vez más, hasta dar la impresión de que los portales de la ciudad de Dios se habían abierto de par en par, para dejar escapar destellos de la gloria que encierran. 
Durante dos horas ese extraordinario reflejo mantuvo encendido el frío cielo nórdico: era un cuadro pintado por el Artista supremo sobre el cambiante lienzo de los cielos. Parecía que la sonrisa de Dios se extendía sobre todos los hogares terrenales, sobre las llanuras ceñidas de rocas, sobre las ásperas montañas y las solitarias selvas que atravesamos durante nuestro viaje. Parecía que los ángeles de misericordia susurraban: “Levanta la vista. Esta belleza es apenas un reflejo de la luz que fluye del trono de Dios. No vivas solo para este mundo. Levanta la vista y contempla por fe las mansiones del hogar celestial.” 

sábado, 3 de diciembre de 2016

¡Soy rico!

Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. Salmo 119;14
Una publicidad en la televisión muestra a una persona abriendo la puerta y viendo a alguien que le entrega un cheque por una cantidad enorme de dinero. Ante eso, el sorprendido destinatario empieza a gritar, cantar, saltar y abrazar a todo el mundo. «¡Gané! ¡Soy rico! ¡No lo puedo creer! ¡Se terminaron los problemas!». Hacerse rico de repente desencadena una gran reacción emocional.
En el Salmo 119, encontramos esta notable declaración: «Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza» (verso 14). ¡Qué comparación! ¡Obedecer a Dios en la vida puede ser tan emocionante como recibir una fortuna! El verso 16 repite la idea cuando el salmista expresa su gratitud y alegría: «Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras».
¿Y si no tenemos aquel sentimiento? ¿Podemos regocijarnos en las instrucciones de Dios como si recibiéramos una fortuna? Todo empieza por ser agradecidos, lo cual implica una actitud y una elección. Nuestra atención se centra en lo que valoramos; por eso, debemos dar gracias por lo que Dios nos da para nutrir nuestra alma, y pedirle que nos abra los ojos para apreciar la sabiduría y la paz que transmite su Palabra.
¡Nos hacemos ricos al amar a Dios cada día más!

Señor, gracias por la riqueza de los consejos sabios de tu Palabra. Ayúdame a disfrutarla.
Los ricos tesoros de la verdad de Dios están esperando ser descubiertos en su Palabra.

La Gente Que Me Gusta

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas,... sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierde de vista que somos humanos y nos podemos equivocar. –Mario Benedetti
Solo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser. –Gabriel José García Márquez
Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Además, el universo siempre está dispuesto a complacernos, por lo que estamos rodeados de buenas noticias. Cada mañana es una buena noticia. Cada niño que nace es una buena noticia, cada cantante es una buena noticia, porque cada cantante es un soldado menos, por eso hay que cuidarse del que no canta porque algo esconde. –Facundo Cabral
Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la moneda, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo. Enséñame a querer a la gente como a ti mismo y a no juzgar a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso. Más bien, recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo. –Mahatma Gandhi
La vida es una obra de teatro que no permite ensayos… Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida…antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos. –Charles Chaplin

Cansado de luchar

Los problemas constantes, la falta de comprensión, el dolor de esperar, junto con el cansancio, son los principales motivos por los que la mayoría en algún momento, hemos sentido el deseo de abandonar la lucha por el anhelado pero en ocasiones difícil objetivo. Momentos en los que parece que estamos luchando solos por algo que no sabemos cuándo conseguiremos, o simplemente vemos que lo prolongado del proceso agota nuestras fuerzas, y acaba poco a poco con nuestras ganas de continuar, a pesar de saber que es algo que verdaderamente deseamos.
Una de las cosas que se aprende en la vida cristiana es que todo es mejor cuando invitas a luchar a Dios contigo; luchar solo en algún momento de la vida trae solo frustración al no poder hacer nada. El caso es que a veces tratamos de arreglar todo a nuestra manera, de la forma y en el tiempo que creemos que es mejor, pero luego, cuando vemos que no conseguimos nada, es tanta la tristeza que decidimos dejarlo todo y renunciar.
¿Estás luchando hoy por algo muy deseado para ti?, ¿has sentido que se acaban tus fuerzas para continuar?, entonces es momento de pedir la ayuda de aquel que tiene esa fuerza que necesitas; no tienes que buscar más aquí y allá, la respuesta está en Dios y su interminable amor; amor que te ayuda a continuar en esa batalla que tú no quieres dejar.
Dios no te ha llevado hasta donde estás para abandonarte en medio de tu situación, al contrario, si has llegado hasta ahí es porque estás más cerca de llegar al objetivo. Cuanto más cansado estás es porque ya has recorrido buena parte del camino, ¡no te detengas! Tal vez es la última parte del recorrido, no puedes rendirte ahora.

La fe conduce a Dios

No les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.
Hebreos 4:2

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:8
El escritor Pierre Loti declaraba que le hubiera gustado mucho creer en el Evangelio, pero no podía, a pesar de haber sentido la falta de Cristo en su vida.
Expresó sus sentimientos así: «Sin la cruz y la promesa que ilumina al mundo, el hombre permanece en la oscuridad, en el camino de la muerte. ¡Quién se puede imaginar este miedo incesante en sus reflexiones cada noche y cada mañana! Cristo no puede ser reemplazado por otra cosa; pues jamás en los momentos más siniestros de mi juventud pasada, jamás en los tiempos de desaliento extremo, jamás en el dolor de la separación y en el horror de los funerales de mis seres queridos, sentí otra cosa aparte de un gran vacío eterno. Pero si nos encontramos al borde del foso en donde todo se desintegra, en donde sentimos la inmensidad de lo desconocido, más allá de todas las religiones humanas que no pueden satisfacer, la promesa de Cristo es la única realidad. Fuera de esta personalidad todavía radiante de Cristo, todo es terror y oscuridad».
Después de haber dicho todo esto nos preguntamos si el escritor aceptó por la fe esta salvación divina. ¡Qué drama no reconocer en Jesús el único medio para ser salvo, para tener la vida eterna!
A menudo nuestra razón puede llevarnos a callejones sin salida. Solo la fe conduce a Dios, quien nos mostró su amor y su verdad al enviar a su Hijo unigénito, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).