domingo, 7 de febrero de 2016

Ojos brillantes

No hace mucho tiempo, tuve la oportunidad de ver un vídeo que en medio de un día común y corriente, transformó algo dentro de mí. El vídeo lo he vuelto a ver una y otra vez, y sigue teniendo el mismo efecto, es increíble.
benjamin zanderBenjamin Zander es director de orquesta de la filarmónica de Boston, y con una sencillez y entusiasmo sin igual, logra transmitir tantas ideas de una manera tan locuaz, que es imposible quedar igual después de verlo. Dentro de sus míticas frases, él señala que cada uno de nosotros puede saber si está haciendo bien su trabajo de relacionarse bien con las personas, si a éstas les brillan los ojos después de conversar o pasar tiempo con ellas. Pero esto también sucede al revés para nosotros. ¿Hace cuánto tiempo no se nos iluminan los ojos al hablar sobre algo o alguien? Personalmente, cada vez que hablo de mi marido o con él, mis ojos podrían iluminar una ciudad entera con el brillo que me genera estar con él.
Y parece ser que la vida se trata un poco de esto: de ojos brillantes. De encontrar una pasión, un sueño, una meta que queramos alcanzar. Que cuando encontremos “eso” que buscamos, podamos pasar horas y horas hablando de ello como si no existiese el tiempo, como si las palabras no se acabaran, como si fuera lo mejor que nos ha pasado. Esto es fabuloso, en el sentido de que seguramente, a la primera persona que le brillaron los ojos con tal magnitud fue a Jesús, y con esa luz brillante que se proyectaba en su mirada, fue capaz de envolvernos e iluminarnos.

Salvado De Las Galletas

Los que lo oyeron, dijeron: Entonces, ¿quién podrá ser salvo?
Lucas 18.26
Recientemente vi una foto del “Monstruo Come galletas” que tenía una frase en la parte inferior, “Hoy viviré el momento, a menos que sea desagradable, en cuyo caso me comeré una galleta.” Me pareció gracioso. Me imaginé al “monstruo come galletas” durante el día, contento, haciendo sus quehaceres, y luego, en un momento de estrés o ansiedad, necesitando una galleta para consolarse, y devorándola en segundos. Para el “monstruo come galletas”, vivir la vida sin galletas es inimaginable. Esa vida no existe, ni siquiera es posible.
Nosotros no somos muy diferentes a nuestro amigo azul peludo. Muchos de nosotros emprendemos nuestro día haciendo diligencias, vamos a trabajar, nos reunimos con amigos y familia; aparentando ser muy libres y sin trabas. No obstante, en nuestra mente tenemos un plan de seguridad, algo a lo que sabemos que podemos acudir cuando nos sentimos estresados, ansiosos, inseguros o con miedo. Tenemos una persona, lugar o cosa esperándonos cuando necesitamos sentirnos seguros o en paz.
En el versículo mencionado, Jesús está hablando con un líder religioso que era rico. El hombre quería saber lo que necesitaba hacer para heredar la vida eterna. Jesús le dijo al hombre que fuera y vendiera todos sus bienes y le diera el dinero a los pobres. Esto entristeció mucho al hombre porque obviamente, estaba apegado a su dinero y pertenencias. Jesús siguió explicando que es sumamente difícil para alguien que adora al dinero, lograr poner a Dios como Rey en su Corazón. Esto tenía sentido para la multitud. Ellos se sintieron tan identificados con esto, que dijeron ¿Entonces quien podrá ser salvo? No se podían imaginar a alguien así; a una persona que amara a Dios más que a la comodidad de sus cosas y el dinero. Vivir una vida sin la comodidad de las cosas materiales era imposible. La seguridad y el placer que venían con el dinero eran demasiados seductores como para dejarlos ir.

sábado, 6 de febrero de 2016

La Salvación

¿Qué es la salvación?
La salvación de Dios significa ser rescatado de la pena del pecado. Todos somos pecadores, y la consecuencia del pecado es la muerte, no muerte física, sino la separación eterna de Dios. Para ser salvo de sus pecados, usted debe hacer tres cosas: pida el perdón de sus pecados, apártese de ellos, y crea que Jesucristo - nuestro Señor y Salvador - murió por sus pecados y resucitó de entre los muertos.
¡Si usted ha hecho estas cosas, usted es salvo. Usted tiene la salvación, lo que significa que usted ha aceptado el amor de Dios y el perdón, es adoptado en Su familia y tiene comunión con Su gente, los Cristianos. ¡Usted es libre del poder del pecado, es un niño de Dios! La Biblia le promete así, la eternidad en el cielo (Romanos 10:9-10).
¿Cómo somos salvos?
Juan 3:16-17 y Juan 10:10 nos hablan del gran amor que Dios tiene por nosotros. Debido a ese amor, Dios quiere que nos acerquemos a Él tal como somos. Anhela que hablemos con Él libremente, de nuestros pecados y nuestras necesidades.
Dios reveló Su amor por nosotros enviando a Su Hijo, Jesús, para morir por nuestros pecados hace más de 2,000 años. Jesús nos enseñó por qué Él vivió como un hombre en la tierra durante 33 años. Él vivió una vida libre de pecado y pagó el precio de nuestros pecados ofreciéndose como el sacrificio perfecto en la cruz. Resucitó tres días después, ascendió a los cielos, donde intercede por nosotros (Romanos 8:34; Hebreos 7:25).
¿Va la gente buena al cielo?
Muchas personas creen que ser bueno les permitirá entrar al cielo; que si son agradables, no cometen ningún crimen y tratan de hacer lo correcto, todo ello les abre las puertas al reino de Dios.
Sin embargo, la Biblia dice que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Pecamos, y la pena por el pecado es la muerte (Romanos 6:23). No hay nada que podamos hacer para ganar una entrada al cielo.
¡Pero Dios trazó el camino enviando a Jesucristo para morir por nuestros pecados para tener la vida eterna! Ninguno de nosotros, por sí mismos, somos lo bastante buenos para entrar al cielo, pero si invitamos a Cristo a ser parte de nuestras vidas, sabemos que pasaremos la eternidad con Él en el paraíso. No por las cosas buenas que usted ha hecho, sino por lo que Cristo ha hecho por usted (Efesios 2:8). No es por las emociones que pueda sentir, sino por lo que la Palabra de Dios dice (1 Juan 5:11-13). Jesús proporciona el único camino a la salvación.
Entonces, ¿qué debo hacer?
Ante todo, reconozcamos que Jesús tiene todo el poder y autoridad sobre el pecado y el mal (Mateo 28:18; Hebreos 2:14-15; 1 Juan 3:8), y que por Él también podemos vivir vidas victoriosas. Leemos en 2 Corintios 5:17: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación: ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” La Biblia también dice en 1 Corintios 15:57: ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!”
Para ser salvo, admita a Dios que usted es un pecador. Todos somos pecadores, y como Dios es Santo, Él no tolera el pecado. Sin embargo, dado que Él le ama, Él perdona nuestros pecados cuando le pedimos perdón. No hay nada que podamos hacer para ganar la salvación, es solamente por la gracia de Dios – gracia inmerecida – como podemos ser salvos.
Una vez ya salvo, no significa que podemos seguir pecando esperando que Dios nos perdone una y otra vez. Dios es Santo, y nuestro pecado es una rebelión contra su santidad. Ninguno de nosotros es perfecto y seguiremos pecando, pero lo importante es que de verdad sintamos arrepentimiento por nuestros pecados y hagamos el mejor esfuerzo para corregirlo. Con el arrepentimiento viene la confesión del pecado y el querer cambiar nuestras vidas.
Cuando usted se haya arrepentido de sus pecados, reconociendo a Jesús como su Salvador, dele las gracias a Dios por su amor y por aceptarlo a usted. Si nos damos totalmente a Jesús, Él entra en nuestros corazones y vive allí (Apocalipsis 3:20). Estamos con Cristo Jesús, y Él está con nosotros (Juan 15:4-7; Gálatas 2:20). Debemos encomendarnos a Él y confiar solo en Él como nuestro Salvador y Señor.
Tenga confianza total en la vida eterna por medio de Cristo, y experimente la alegría que viene de conocerle personalmente.

El Gran Poder de Dios

Un día me encontraba clasificando libros, cuando se me acercó un joven, me entregó un ejemplar y me contó una historia mientras lo firmaba: “Me había puesto una pistola en el pecho e iba a suicidarme”, comenzó diciendo, pero, por alguna razón, encendí el televisor y usted estaba hablando acerca del suicidio. Después de escucharlo durante un rato, supe que el Señor me estaba hablando, bajé el arma y le entregué mi vida a Jesucristo”.
No podría contar todas las historias parecidas que he escuchado; alguien, en su desesperación, enciende la radio o el televisor, y escucha una predicación que trata directamente su necesidad. Yo no creo que fuera capaz de hacerlo, me refiero al suicidio. Dios, que es todopoderoso, interviene en la vida de las personas para que sintonicen un programa que pueda ayudarles. Además, solamente un Dios que controla todas las cosas es capaz de transformar a un joven desesperado en un servidor entusiasta y diligente, exactamente la clase de hombre que estaba parado frente a mí junto a la mesa de libros.

El mundo habla de accidentes y de buena y mala suerte, pero todo eso implica que somos víctimas de las circunstancias. La única verdad es que Dios es soberano y que todo el mundo está bajo su control. Todo lo que nos sucede en la vida, sean bendiciones o pruebas, nos llega porque Dios lo ha permitido. Y en algunos casos, incluso permite el mal, y nos preguntamos por qué no le pone fin pues sabemos que podría hacerlo. Pero Dios tiene un propósito, y la historia ha demostrado que Él saca el bien aun de las tragedias humanas más espantosas.

¿Por qué permite Dios los desastres naturales como los terremotos, huracanes y tsunamis?

¿Por qué permite Dios los terremotos, tornados, huracanes, tsunamis, tifones, avalanchas, y otros desastres naturales? La tragedia del tsunami en Asia a finales del 2004, el huracán Katrina en 2005 en el sureste de los Estados Unidos, y las avalanchas de lodo en el 2006 en Filipinas, hacen que mucha gente ponga en duda la bondad de Dios. Es triste que con frecuencia los desastres naturales sean nombrados como “actos de Dios”, mientras que no se le da “crédito” alguno a Dios durante años, décadas, o incluso siglos en un clima benéfico. Dios creó todo el universo y las leyes de la naturaleza (Génesis 1:1), y la mayoría de los desastres naturales son el resultado de la acción de estas leyes. Los huracanes, tifones y tornados son el resultado de la colisión de diferentes patrones climáticos. Los terremotos son el resultado de desplazamientos de las placas en la estructura de la corteza terrestre. Un tsunami es causado por un terremoto submarino.

La Biblia proclama que en Jesucristo subsiste el control de la naturaleza (Colosenses 1:16-17). ¿Podría Dios prevenir los desastres naturales? ¡Completamente! ¿Algunas veces influye Dios en el clima? Sí, ver Deuteronomio 11:17, Santiago 5:17. ¿Algunas veces causa Dios los desastres naturales como juicio contra el pecado? Si, ver Números 16:30-34. El libro de Apocalipsis describe muchos eventos que en definitiva, pueden ser descritos como desastres naturales (Apocalipsis capítulos 6, 8 y 16). Entonces, ¿Es cada desastre natural un castigo de Dios? Absolutamente, NO.

De manera muy parecida a la que Dios permite a la gente mala que cometa actos malvados, también permite que la tierra demuestre las consecuencias que tiene el pecado sobre la creación. Romanos 8:19-21 nos dice que, “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.” La caída de la humanidad en el pecado tuvo efectos en todo, incluido el universo que habitamos. Todas las cosas de la creación fueron sujetadas a la “vanidad” y a la “corrupción”. El pecado es la causa final de los desastres naturales, así como lo es de la muerte, de la enfermedad y el sufrimiento.

Tienen que saber


Cada día puedo ver en sus ojos el sufrir, 
gente llena de dolor y sin rumbo aquí. 
En angustia y soledad, llenos de temor, 
risa esconde su aflicción. Solo Cristo ve.

Tienen que saber del amor de Dios, 
en las pruebas y el temor, Él refugio da. 
Tienen que saber del amor de Dios, 
que en Él hay salvación, 
tienen que saber.

Él nos llama a brillar en un mundo de confusión, 
nada iguala el llevar vida a quien perdido está. 
Por Su amor podemos ver que sufriendo están, 
ellos tienen que oír, debemos compartir.

Tienen que saber del amor de Dios, 
en las pruebas y el temor, Él refugio da. 
Tienen que saber del amor de Dios, 
que en Él hay salvación, 
y nuestras vidas dar, 
tienen que saber.

Esta canción la compusieron Greg Nelson y Phill McHugh, y la frase más impactante, a la vez que desafiante, es la que aparece en la segunda estrofa que dice: “nada iguala el llevar vida a quien perdido está”. Doy gracias a Dios por los lugares en los que me ha permitido trabajar, y la mayor satisfacción no ha sido una buena venta efectuada, ni ver a personas que tienen ansias de escuchar la Palabra de Dios; como bien dice esta canción, “nada iguala el llevar vida a quien perdido está”. Sin dar nombres, porque esos nombres, esas vidas, las conoce el Señor, pero es gozoso ver a “hijos espirituales” que Dios nos confirió. 
Cuando a veces pienso y me detengo en los problemas, cuando lucho contra tantas dificultades, cuando a veces me asalta la duda de si merece la pena seguir luchando, pienso en la bendición que ha sido “llevar vida a quien perdido está”, y ahora no solo no está perdido sino que es un hombre o una mujer nueva. Gracias a Dios porque me da ese gozo.

viernes, 5 de febrero de 2016

¿Existe el destino?

No nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. 1 Tesalonicenses 5:9
Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos. Salmo 31:14-15
"La mujer que se había salvado milagrosamente del accidente aéreo, murió en un accidente automovilístico", era el titular de un artículo en internet. "La suerte les había sonreído. Una pareja italiana no había podido subir a bordo del vuelo AF 447 que se hundió en el océano Atlántico, y así había escapado a la muerte. Pero el destino los atrapó: en el viaje de regreso, la esposa murió en un accidente automovilístico". El periodista se preguntaba: ¿Es el destino o el azar?
Y usted, ¿cree en el destino? ¿Nuestra vida está trazada de antemano? ¿Hagamos lo que hagamos el resultado es el mismo? El hombre se hace preguntas y habla mucho sobre este tema, pero las opiniones varían. ¿Y Dios qué piensa de todo esto? Busquemos las respuestas que Él nos da en la Biblia.

Una herencia escogida

Materialmente, cuando hablamos de herencia nos referimos a dinero, negocios, bienes materiales etc. Pero también es cierto que nosotros no escogemos la herencia que queremos, sino que nos es delegada por un familiar siempre y cuando sea su voluntad, o puede que nos corresponda por ley.
Resultado de imagen de Una herencia escogidaA pesar de eso hay excelentes noticias, y es que tenemos una herencia en los cielos y que la escogemos desde el momento en que decidimos recibir a Jesús en nuestro corazón. La herencia consta de un corazón lleno de mucho amor y junto a eso, miles de millones en bendiciones, y además, una vida eterna para disfrutarla.
Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Alma mía, dijiste a Jehová: tú eres mi señor; no hay para mí bien fuera de ti. (Salmos 16 1-2). Tienes que confiar en Dios, en Él está tu beneficio. Hagas lo que hagas, si lo dejas de lado no te irá bien.
Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado (versículos 5-6). Tienes una gran herencia, la más inmensa e incomparable de todas, y esa herencia es Dios. Siempre lo vamos a tener de nuestro lado, Nuestro Padre celestial es todo lo que tenemos, y suplirá todas nuestras necesidades espirituales, materiales, económicas o sentimentales.

Verdadera Grandeza

Una tarde, mientras regresaba de la ciudad a su casa, el senador John Stennis fue asaltado a mano armada.  A pesar de que Stennis entregó lo poco de valor que tenía, los asaltantes le dispararon dos veces dándole en el estómago y en la pierna. Los cirujanos del Centro Médico Walter Reed trabajaron más de seis horas para salvarle la vida.
Esa tarde también iba de camino a su casa el senador Mark Hatfield, que a menudo había tenido encontronazos con Stennis. Los dos estaban totalmente en desacuerdo en cuanto a la forma de hacer política. Sin embargo, cuando Hatfield oyó en la radio lo que había sucedido, de inmediato se dirigió al hospital en su coche. Ya allí, se percató con rapidez de que el personal del conmutador estaba sobrecargado con las llamadas de los otros senadores, los reporteros y los amigos de Stennis. Y le dijo a un operador: Sé cómo utilizar uno de estos equipos, déjeme ayudarlo. Lo ayudó a atender los teléfonos hasta el anochecer, cuando las llamadas disminuyeron. Luego, sin fanfarronear y calladamente, se presentó mientras se iba.
Mi nombre es Hatfield… estoy encantado de haber podido ayudarlo en algo que concierne a un hombre al cual respeto profundamente.
Grandeza quiere decir ser libre de pequeñeces, rencor, venganzas y prejuicios. Significa cuidado internacional, ayudar con modestia.
1 Samuel 16:7
Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón.