sábado, 6 de febrero de 2016

Tienen que saber


Cada día puedo ver en sus ojos el sufrir, 
gente llena de dolor y sin rumbo aquí. 
En angustia y soledad, llenos de temor, 
risa esconde su aflicción. Solo Cristo ve.

Tienen que saber del amor de Dios, 
en las pruebas y el temor, Él refugio da. 
Tienen que saber del amor de Dios, 
que en Él hay salvación, 
tienen que saber.

Él nos llama a brillar en un mundo de confusión, 
nada iguala el llevar vida a quien perdido está. 
Por Su amor podemos ver que sufriendo están, 
ellos tienen que oír, debemos compartir.

Tienen que saber del amor de Dios, 
en las pruebas y el temor, Él refugio da. 
Tienen que saber del amor de Dios, 
que en Él hay salvación, 
y nuestras vidas dar, 
tienen que saber.

Esta canción la compusieron Greg Nelson y Phill McHugh, y la frase más impactante, a la vez que desafiante, es la que aparece en la segunda estrofa que dice: “nada iguala el llevar vida a quien perdido está”. Doy gracias a Dios por los lugares en los que me ha permitido trabajar, y la mayor satisfacción no ha sido una buena venta efectuada, ni ver a personas que tienen ansias de escuchar la Palabra de Dios; como bien dice esta canción, “nada iguala el llevar vida a quien perdido está”. Sin dar nombres, porque esos nombres, esas vidas, las conoce el Señor, pero es gozoso ver a “hijos espirituales” que Dios nos confirió. 
Cuando a veces pienso y me detengo en los problemas, cuando lucho contra tantas dificultades, cuando a veces me asalta la duda de si merece la pena seguir luchando, pienso en la bendición que ha sido “llevar vida a quien perdido está”, y ahora no solo no está perdido sino que es un hombre o una mujer nueva. Gracias a Dios porque me da ese gozo.

viernes, 5 de febrero de 2016

¿Existe el destino?

No nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Tesalonicenses 5:9
Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos. Salmo 31:14-15
"La mujer que se había salvado milagrosamente del accidente aéreo, murió en un accidente automovilístico", era el titular de un artículo en internet. "La suerte les había sonreído. Una pareja italiana no había podido subir a bordo del vuelo AF 447 que se hundió en el océano Atlántico, y así había escapado a la muerte. Pero el destino los atrapó: en el viaje de regreso, la esposa murió en un accidente automovilístico". El periodista se preguntaba: ¿Es el destino o el azar?
Y usted, ¿cree en el destino? ¿Nuestra vida está trazada de antemano? ¿Hagamos lo que hagamos el resultado es el mismo? El hombre se hace preguntas y habla mucho sobre este tema, pero las opiniones varían. ¿Y Dios qué piensa de todo esto? Busquemos las respuestas que Él nos da en la Biblia.

Una herencia escogida

Materialmente, cuando hablamos de herencia nos referimos a dinero, negocios, bienes materiales etc. Pero también es cierto que nosotros no escogemos la herencia que queremos, sino que nos es delegada por un familiar siempre y cuando sea su voluntad, o puede que nos corresponda por ley.
Resultado de imagen de Una herencia escogidaA pesar de eso hay excelentes noticias, y es que tenemos una herencia en los cielos y que la escogemos desde el momento en que decidimos recibir a Jesús en nuestro corazón. La herencia consta de un corazón lleno de mucho amor y junto a eso, miles de millones en bendiciones, y además, una vida eterna para disfrutarla.
Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Alma mía, dijiste a Jehová: tú eres mi señor; no hay para mí bien fuera de ti. (Salmos 16 1-2). Tienes que confiar en Dios, en Él está tu beneficio. Hagas lo que hagas, si lo dejas de lado no te irá bien.
Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado (versículos 5-6). Tienes una gran herencia, la más inmensa e incomparable de todas, y esa herencia es Dios. Siempre lo vamos a tener de nuestro lado, Nuestro Padre celestial es todo lo que tenemos, y suplirá todas nuestras necesidades espirituales, materiales, económicas o sentimentales.

Verdadera Grandeza

Una tarde, mientras regresaba de la ciudad a su casa, el senador John Stennis fue asaltado a mano armada.  A pesar de que Stennis entregó lo poco de valor que tenía, los asaltantes le dispararon dos veces dándole en el estómago y en la pierna. Los cirujanos del Centro Médico Walter Reed trabajaron más de seis horas para salvarle la vida.
Esa tarde también iba de camino a su casa el senador Mark Hatfield, que a menudo había tenido encontronazos con Stennis. Los dos estaban totalmente en desacuerdo en cuanto a la forma de hacer política. Sin embargo, cuando Hatfield oyó en la radio lo que había sucedido, de inmediato se dirigió al hospital en su coche. Ya allí, se percató con rapidez de que el personal del conmutador estaba sobrecargado con las llamadas de los otros senadores, los reporteros y los amigos de Stennis. Y le dijo a un operador: Sé cómo utilizar uno de estos equipos, déjeme ayudarlo. Lo ayudó a atender los teléfonos hasta el anochecer, cuando las llamadas disminuyeron. Luego, sin fanfarronear y calladamente, se presentó mientras se iba.
Mi nombre es Hatfield… estoy encantado de haber podido ayudarlo en algo que concierne a un hombre al cual respeto profundamente.
Grandeza quiere decir ser libre de pequeñeces, rencor, venganzas y prejuicios. Significa cuidado internacional, ayudar con modestia.
1 Samuel 16:7
Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón.



Un camino, un guía

“…Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí…” (Juan 14:6)
I. La gente, ¿qué crees que opina de este versículo?
Desgraciadamente, la respuesta más común es: “todas las religiones llevan a Dios”. Tal vez sea verdad, pero ¿será al mismo Dios que nosotros conocemos?
¿A Jesús, nuestro Jesús, que pagó cada gota de sangre en la cual estaba tu nombre y el mío?,...hummm, creo que no es así. Pienso que sería más fácil que Jesús mismo se manifestase a todos mostrándose tal y como es, y así nos evitaríamos muchas discusiones con mucha gente. Pero como tenemos un propósito que conseguir en este mundo, mientras ese momento llega hay que trabajar duro con aquellas personas que tienen un corazón difícil. Se han petrificado y no lo dejan entrar a Él; es esa gente que grita en silencio clamando a Dios, y es curioso que el silencio no se pueda ver porque estoy seguro que el nombre de Dios se vería en ese silencio. Y duele saber que, a pesar de que lo necesitan, no lo buscan o lo buscan a su manera y no de la forma correcta; el mero hecho de pensar que una de tantas gentes podríamos ser nosotros, nos debería despertar el amor por aquellos que están extraviados sin encontrar ese camino, y por eso debemos estar preparados como se refleja en su palabra: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir”.
II.  ¿Te has preguntado qué estarás haciendo el día en que Él regrese a recoger a los que son suyos?
Es triste que a muchos de sus hijos los va a encontrar en lugares no agradables. Y sabiendo que Él volverá, debemos estar preparados para su venida, que nos encuentre velando, o sea, despiertos en su obra y no dormidos en este mundo tan difícil para mantenerse velando, y ayudando a la gente a encontrar el único camino por el cual se llega a Dios que es por medio del arrepentimiento, y aceptarle a Él como único y suficiente salvador.

jueves, 4 de febrero de 2016

Joya de incalculable valor

“y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios.”
(Tito 2:4-5 NVI)
Ha llegado la hora de honrar a quien me dio la vida y ha entregado todo por mi felicidad, durante treinta y siete años.
Tengo la bendición de ser hija de una mujer maravillosa, digna de toda mi admiración. María Rosa Sarmiento..., oriunda de Santander (España), tierra de mujeres guerreras, forma parte de una familia numerosa en donde los principios y valores son sólidos y muy fuertes.
Lleva cuarenta años casada con mi papá, y me enorgullece verlos después de tanto tiempo, agarraditos de la mano y profesándose amor eterno. Desde que tengo uso de razón, la he visto preocupada por el bienestar de los demás. Es una mujer trabajadora, abnegada, leal, fiel, entregada día y noche a alcanzar el bienestar de su familia; es digna de confianza, y quien la conoce se enamora de su capacidad de servir a los demás sin esperar nada a cambio.

Le doy gracias a Dios porque ella con su ejemplo, dio un valor muy alto a mi rol de mamá y esposa. Es ahora, cuando debo levantarme muy temprano para aprestarme a mis obligaciones para con mis hijas y mi esposo, antes de salir a una larga jornada de trabajo y regresar ya de noche, a seguir cumpliéndole a Dios en hacer lo que tengo que hacer para que ellos se sientan bien a mi lado, repito, es ahora cuando más la valoro, porque mis recuerdos cronológicos me llevan a los días en los que en medio de su cansancio, nos atendía con su amor y se encontraba con una hija egoísta que esperaba recibir en vez de dar.

¿Tiene usted Vida Eterna?

La Biblia presenta un sendero claro hacia la vida eterna. Primero, debemos reconocer que hemos pecado contra Dios. En las Sagradas Escrituras leemos en Romanos capítulo 3 y el versículo 23: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Todos hemos hecho cosas que desagradan a Dios, las cuales nos hacen merecedores de castigo. Debido a que a la larga todos nuestros pecados van en contra de un Dios eterno, únicamente bastaría un castigo eterno. Pero, en Romanos capítulo 6 y el versículo 23 leemos, “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro.”

Como solución, e
n 1 de Pedro capítulo 2 y el versículo 22, leemos que Jesucristo es el santo Hijo de Dios, sin pecado. En Juan capítulo 1, los versículos 1 y 14, leemos que el eterno Hijo de Dios se hizo hombre y murió para pagar nuestro castigo. Y en Romanos 5:8 leemos: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Jesucristo murió en la cruz (Juan 19:31-42). Él llevó la culpa que merecíamos nosotros (2 Corintios 5:21). Tres días más tarde se levantó de la tumba, demostrando Su victoria sobre el pecado y la muerte. (1 de Corintios 15:1-4) Y en 1 de Pedro capítulo 1 versículo 3, leemos: “Que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.”

¿Cómo no me voy al infierno?

No ir al infierno es más fácil de lo que tú piensas. Algunas personas creen que tienen que obedecer los Diez Mandamientos durante toda su vida para no ir al infierno. También hay personas que creen que deben observar ciertos ritos y rituales para no ir al infierno. Otras creen que no hay manera de saber con seguridad si vamos o no a ir al infierno. Ninguno de estos puntos de vista es correcto. La Biblia es muy clara sobre cómo una persona puede evitar ir al infierno después de la muerte.

La Biblia describe el infierno como un lugar aterrador y horrible. El infierno se describe como "fuego eterno" (Mateo 25:41), "fuego que nunca se apagará" (Mateo 3:12), "vergüenza y confusión perpetua" (Daniel 12:2), un lugar donde "el fuego nunca se apaga" (Marcos 9:44-49), y "eterna perdición" (2 Tesalonicenses 1:9). Apocalipsis 20:10 describe el infierno como un "lago de fuego y azufre", donde los malos son "atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 20:10). Obviamente, el infierno es un lugar que debemos evitar.


¿Por qué existe el infierno y por qué Dios envía gente allí? La Biblia nos dice que Dios "preparó" el infierno para el diablo y los ángeles caídos, después de su rebelión contra Él (Mateo 25:41). Los que rechazan la oferta de perdón de Dios sufrirán el mismo destino eterno del diablo y los ángeles caídos. 
¿Y por qué es necesario el infierno? Todo pecado es, en última instancia, contrario a Dios (Salmo 51:4), y puesto que Dios es un ser infinito y eterno, solo un castigo infinito y eterno sería el indicado. El infierno es el lugar donde las exigencias de la justicia santa y justa de Dios se llevan a cabo. El infierno es el lugar donde Dios condena el pecado y todos aquellos que lo rechazan a Él. La Biblia deja claro que todos hemos pecado (Eclesiastés 7:20, Romanos 3:10-23), así que, como consecuencia, todos merecemos ir al infierno.

La verdadera riqueza

“…Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas…” Lucas 16:19-21
El mundo que nos rodea está tan materializado que resulta casi imposible tener una perspectiva espiritual de la vida.
El relato nos ilustra que todos los días este hombre hacía banquetes, pero su estado materialista no le permitía ver a aquel que también estaba TODOS los días debajo de su mesa.
Muchas veces nosotros nos enfrascamos en la tarea de que Dios abra los cielos y derrame a nuestras manos de Su abundancia, sin ver lo que Dios ya nos dio.
En Hechos 3:5-6 Pedro entendió cuál era la riqueza que Dios le había otorgado. No fijándose en el oro ni la plata, que no tenía, dio lo que realmente el cojo necesitaba, ser liberado del mal de toda su vida, y dando voces de júbilo se olvidó de pedir dinero.
¿Nos identificamos con el rico? Verdaderamente, el Señor nos otorgó riquezas (espirituales) en nuestras manos, pero de igual modo, puso en nuestro camino al Lázaro espiritual que necesita lo que Dios nos dio.
¿Viste al Lázaro que tienes a tu lado?