La experiencia de otros sirve para ilustrar de qué manera podemos nosotros ejercitar la fe en el tiempo presente.
Hebreos 11
Este capítulo de la epístola es muy conocido. En él, el autor escoge a algunos de los grandes personajes de la historia del pueblo de Dios, para ilustrar los principios que ha expuesto hasta este punto. Nos resultará de provecho, entonces, intentar resumir el argumento presentado hasta aquí, para que podamos, luego, examinar de qué manera algunos de estos héroes lograron implementar esta verdad en sus vidas.
La epístola comienza con una exposición de uno de los grandes sucesos de la historia, y con qué Dios ha escogido hablarnos. Lo hizo primero por medio de diversos profetas y, en los últimos tiempos, por medio de su propio Hijo. Por ser el mismo Creador el que habló, el autor nos exhorta a prestar mucha atención a lo que dice. No habló simplemente para rellenar los silencios, por la falta de explicación que a veces se produce entre dos seres. Habló porque su Palabra es esencial para que nos encaminemos de nuevo, hacia una vida que se alinea con los propósitos del Reino.
Para que la Palabra pueda penetrar hasta lo más profundo de nuestro ser, es necesario que no permitamos que el engaño de nuestros corazones produzca en nosotros, una actitud de incredulidad. Creer la Palabra es esencial para desarrollar una vida espiritual, pero el engaño de nuestros corazones nos inclina hacia la desobediencia.
Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Pañuelos de papel
En tu mano están mis tiempos… Salmo 31;15.
Aquel día, mientras estaba sentado en la sala de espera de cirugía, tuve tiempo para pensar. Hacía poco, había estado allí cuando recibimos la desgarradora noticia de que mi único hermano, mucho menor que yo, tenía "muerte cerebral".
Por eso, aquel día mientras esperaba noticias sobre mi esposa, a quien estaban operando, le escribí una larga nota. Después, rodeado de charlas nerviosas, me concentré en la suave voz de Dios.
De pronto… ¡noticias! El cirujano quería verme. Fui a esperarlo a una habitación solitaria. Allí, sobre la mesa, había dos cajas de pañuelos de papel colocadas a propósito. Éstos no eran para resfriados, sino para usarlos ante frases duras, como las que oí cuando murió mi hermano.
En momentos de angustia e incertidumbre como esos, la sinceridad de los salmos los convierte en un lugar adecuado adonde acudir. El Salmo 31 revela el corazón de David: mi vida se va gastando de dolor (verso 10). El dolor del alejamiento de sus amigos agudizaba su tristeza (verso 11).
Sin embargo, su fe estaba fundada en el Dios verdadero: Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos (versos 14-15).
Aquel día, el cirujano me dio buenas noticias: mi esposa se recuperaría. Pero aunque hubiese sido lo opuesto, seguimos en las buenas manos de Dios.
Señor, tu amor permanece en toda circunstancia.
Cuando ponemos nuestros problemas en manos de Dios, Él pone paz en nuestro corazón.
Aquel día, mientras estaba sentado en la sala de espera de cirugía, tuve tiempo para pensar. Hacía poco, había estado allí cuando recibimos la desgarradora noticia de que mi único hermano, mucho menor que yo, tenía "muerte cerebral".
Por eso, aquel día mientras esperaba noticias sobre mi esposa, a quien estaban operando, le escribí una larga nota. Después, rodeado de charlas nerviosas, me concentré en la suave voz de Dios.
En momentos de angustia e incertidumbre como esos, la sinceridad de los salmos los convierte en un lugar adecuado adonde acudir. El Salmo 31 revela el corazón de David: mi vida se va gastando de dolor (verso 10). El dolor del alejamiento de sus amigos agudizaba su tristeza (verso 11).
Sin embargo, su fe estaba fundada en el Dios verdadero: Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos (versos 14-15).
Aquel día, el cirujano me dio buenas noticias: mi esposa se recuperaría. Pero aunque hubiese sido lo opuesto, seguimos en las buenas manos de Dios.
Señor, tu amor permanece en toda circunstancia.
Cuando ponemos nuestros problemas en manos de Dios, Él pone paz en nuestro corazón.
Una conversación con Dios
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a las que le pidan? Mateo 7:7-11
Nos disponíamos a almorzar. Siempre acostumbramos a dar gracias por los alimentos y pedir la bendición de Dios. Esta vez era el turno de mi nietecita de orar por los alimentos. A sus dos años, era todo un acontecimiento.
Ella oró, dio gracias y mencionó a toda la familia, nombre por nombre; pero después, en vez de decir “en el nombre de Jesús”, dijo al Señor: “Ok, babai” [bye bye]. Podría causar risa; pero a mí me hizo pensar. Me di cuenta de que mi nieta confiaba verdaderamente en Dios, y había conversado con Él tan naturalmente, que se despidió como si fuera visible a sus ojos.
Hay un escrito inspirado que nos dice: “Orar es el acto de abrir tu corazón a Dios como a un amigo… Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar a Dios sus necesidades diarias y a confiarle todas sus preocupaciones. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían escuchadas se nos da a también a nosotros”.
Ella oró, dio gracias y mencionó a toda la familia, nombre por nombre; pero después, en vez de decir “en el nombre de Jesús”, dijo al Señor: “Ok, babai” [bye bye]. Podría causar risa; pero a mí me hizo pensar. Me di cuenta de que mi nieta confiaba verdaderamente en Dios, y había conversado con Él tan naturalmente, que se despidió como si fuera visible a sus ojos.
Hay un escrito inspirado que nos dice: “Orar es el acto de abrir tu corazón a Dios como a un amigo… Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar a Dios sus necesidades diarias y a confiarle todas sus preocupaciones. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían escuchadas se nos da a también a nosotros”.
El que persevera alcanza
Hace unos años, a un hombre en sus sesenta años le fueron ofrecidos $200,000 dólares americanos por su motel, restaurante y gasolinera que había construido a lo largo de toda su vida. Y rechazó la oferta porque no quería jubilarse.
Dos años después, cuando tenía 65 años de edad, construyeron una autopista que desvió el tráfico de donde estaba su negocio y, como consecuencia, perdió todo.
La mayoría de las personas de su edad hubieran tirado la toalla, pero no este hombre. Él sabía cómo cocinar pollo, así que cogió su viejo y deteriorado coche y empezó a viajar por todos los Estados Unidos, intentando vender su receta de pollo a otros restaurantes.
Su recorrido fue difícil. Su receta fue rechazada por más de 1.000 restaurantes hasta que por fin, alguien la quiso. A pesar de sus obstáculos, el hombre siguió hacia su meta y al cabo de unos pocos años, había desarrollado una cadena de restaurantes por todo el país y por todo el mundo llamado Kentucky Fried Chicken. ¿Su nombre? Coronel Sanders.
¡El que persevera... alcanza!
Una frase muy repetida, pero cuántas veces pasamos por alto el peso de esta verdad… Muchos de nosotros tiramos la toalla y nos rendimos al primer intento fallido de nuestros proyectos de vida, metas, negocios, relaciones, estudios, etc.
Abriendo puertas
El año pasado conversábamos con una amiga sobre su novio. Él es profesor de inglés y trabajaba en la capital del país mientras ella lo hacía en un Colegio en otra región; comentábamos lo ideal que sería que él encontrara un trabajo en la zona, para que pudieran estar juntos y comenzar a planear sus vidas. Estábamos conversando, y comenzamos a mover nuestros "hilos" para ver si era posible que así fuese, pero no ocurría nada. Parecía que el “sueño” no se iba a cumplir.
Ahora, un año y algo más tarde, tras la baja médica de una de las profesoras del colegio donde trabaja mi amiga, su novio está dentro de la nómina de profesores reemplazando a dicha docente, dado que además está embarazada. Los períodos pre y post-natal los cubrirá él. En cuanto supe esto no pude dejar de pensar en el título de este escrito. Dios siempre va abriendo puertas que nadie puede cerrar.
Si examinas tu vida con detención, seguro que en más de una oportunidad has visto cómo Dios ha abierto puertas delante de ti. Tal vez no han sido en el momento en que tú lo hayas pedido, o tal vez sí, pero que las ha abierto es bien cierto. Y si aún esperas que abra otras... también puede suceder. Dios nunca se cansa de abrirte puertas, Él nunca se agota de darte oportunidades y nuevos desafíos para que sigas adelante. Donde quiera que vayas, sea lo que sea que tengas que hacer, Él te va abriendo el paso, te va abriendo el camino.
Impresiona lo real que esto ha sido en la vida de muchas personas. Seguro que nadie podría decir que nunca tuvo una oportunidad o que nunca estuvo ante una puerta abierta. La misma posibilidad de experimentar a Jesús como nuestro Señor y Salvador fue una inmensa puerta que se abrió ante nosotros, pero lo más extraordinario de todo es que Dios, con todo su detallismo y dedicación, se encargó de que encontráramos exactamente lo que necesitábamos al otro lado de la puerta. Si Él ya lo hizo una vez ¿no crees tú que podría hacerlo una vez más?
sábado, 26 de septiembre de 2015
Familia Tóxica : El enemigo en casa
Todos tenemos una familia, nacimos en un núcleo que no elegimos, pero no somos conscientes del “premio” hasta que es demasiado tarde. Unos tienen la suerte de encontrar en ella su apoyo y su guía, y otros tienen en ellos a su peor enemigo. Si tienes la fortuna de tener una familia idílica es probable que no te sientas identificado, o que no logres discernir lo que es una familia tóxica. Quien más quien menos, ha chocado frontalmente con algún miembro de su núcleo familiar, y también es más común de lo que parece, tener varios frentes abiertos con cada uno de los miembros que forman tu familia. Esos seres con los que te une un nudo férreo, a los que estás unido por el lazo irrompible de la sangre, pueden hacer de tu casa una auténtica pandemia, un infierno comprimido y asfixiante en el que ninguna penitencia parece aliviar su fuego.
Lo normal en muchas familias, es que cuando hay un miembro que se muestra capaz, independiente y resuelto en el entorno, un ser que agarra con fuerza su timón y se guía por la vida allí donde se propone, termine levantando las iras y las envidias más feroces de sus progenitores. Un polluelo que no necesita lecciones para emprender el vuelo es un desagradecido y merece su rechazo más absoluto. Por regla general, los progenitores no reciben con agrado que un hijo pueda aleccionar y dar ejemplo, ellos o no supieron o no tuvieron el valor de enfocar sus vidas de la manera que idearon, y desprecian irracionalmente a su vástago por lograr lo que ellos no se atrevieron a emprender.
Usa esa situación angustiosa que mastica tu familia en tu provecho, porque quizás es la manera que proyectaste de que te vieras obligado a emprender tu camino en solitario. Una familia opresora y castrante es el impulso que necesitas para salir y encontrarte a ti mismo. Encontrarás indiferencia y rechazo, y ese será el ultimo empujón que necesitabas para tomar un rumbo distinto al que te ofrece hasta este momento la vida, en esa especie de bucle sin salida, sin progresos, sin metas para desarrollarte como persona; para encontrar tus verdaderos dones, desarrollarlos y perfeccionarlos. Convertirte por ti mismo, en un ser completamente nuevo con un bagaje amplio y unas experiencias que te hagan crecer y evolucionar.
Una opción distinta e irreal
Volver a casa, regresar al origen. Ese quizás sea el propósito que la gran mayoría persigue. Muchos son los que miran al cielo con añoranza, miran a las estrellas esperando hallar un vínculo primario con alguna de ellas. Quizás, movidos por la ignorancia de lo que somos, miramos a ese infinito buscando desesperadamente algo que se nos remueva dentro y nos sirva como señal, para aventurarnos a crear un lazo emocional con ese lejano brillo que titila en la inmensa oscuridad.
Otros, por el contrario y como alternativa a su hastío, tratan de ir más allá de esa inmensidad que los observa, y buscan su regreso a un origen más elevado, más remoto y originario. Volver a la fuente, volver a ese ser todo Creador del universo. Tener en este regreso a casa, el fin del paseo por esta Tierra, paseo lleno de penurias y desvelos. Un regreso donde no haya preguntas ni respuestas, porque está todo dicho y todo es lo que es y está como está. Fundido en un todo, que ya es más, que lo que jamás fueron, un tener, un ser, un estar. Uno solo que lo es todo, y sobre todo, el lugar perfecto para saciar la desazón que provoca la incertidumbre actual, la total amnesia y la total incomprensión. Un todo donde no hay perspectiva ni duda, donde solo hay paz y comprensión.
Otros muchos, no bucean tan profundo y se conforman con no seguir aquí, les da igual seguir como y donde sea siempre que no sean lo que son ahora. Cualquier destino vale siempre que sea cualquier otro, no tienen preferencias ni filiación alguna, solo quieren "estar", en otro ser y otro lugar. Piensan que hay tanto para elegir, para explorar, para ver y tocar, que cualquier comienzo es perfecto siempre que sea nuevo y libre. Esta opción no te predispone y no te limita, es casi perfecta, (pero no para nosotros, los cristianos).
Pero miro al cielo y no encuentro en ninguna estrella un vínculo, ninguna parece brillar para mí, tampoco me atrae unirme a ese todo, seguir siendo algo no me llama y si hablamos de ser todo,... me atrae menos. Si he de ser sincero, no persigo volver a la fuente, ni al origen, tampoco quiero el abrazo fraternal que recibe aquel que vuelve a casa, en realidad lo que más me atrae, lo que más me llama y que siento que más necesito, es la nada. Puede que sea por cansancio, puede que por hastío, puede que no le vea final a todos estos principios, pero lo que más desea mi Ser, es no Ser.
Me Rodeará Su Fortaleza
Hierro y metal tu calzado, y como tus días tu fortaleza. Deuteronomio 33:25.
Dos cosas son concedidas al peregrino: el calzado y la fortaleza. El calzado es necesario para viajar por los caminos malos pisando mortales enemigos. No caminaremos descalzos, lo cual no cuadraría bien en príncipes de sangre real. Y nuestro calzado no será de un material cualquiera; tendrá suelas de metal duro que no se gastarán aunque el viaje sea largo y penoso.
Las palabras hasta dicen poco: como tus días tu fortaleza, pero su significado es total. Si en este día nos sobreviene una prueba penosa o un trabajo que requiere toda nuestra energía, también se nos concederá una fortaleza adecuada. Esta promesa, hecha a Aser, también ha sido hecha a todos aquellos que tienen fe para apropiársela. Tengamos esa santa osadía que la promesa de Dios destina a producir en el corazón del creyente.
Hoy su fortaleza será totalmente desplegada.
Señor, Gracias. Tú me preparas para el camino duro y me prometes tu fuerza en este día. Amén.
La Caverna Misteriosa
La leyenda es la narración de un suceso, en parte real, y en parte fantasiosa, que se transmite de generación en generación. Veremos la siguiente leyenda:
En cierta ocasión, una mujer muy pobre y cargando a su hijo, pasó frente a una caverna. Repentinamente, escuchó una voz que salía desde allí, diciendo: “entra y toma todo lo que desees pero no te olvides de lo principal; recuerda que una vez que salgas, la entrada se cerrará para siempre; por lo tanto, aprovecha la oportunidad sin olvidar lo principal”. La mujer entró en la caverna y se encontró frente a una gran cantidad de oro y joyas, y dejando al niño sentado sobre el suelo, fue acumulando en su delantal todo lo que podía. “Tienes ocho minutos”, dijo la voz misteriosa. Terminados los ocho minutos, corrió hacia la entrada llevando oro y joyas, y al salir, la puerta se cerró para siempre. Entonces se percató de que su hijo había quedado encerrado en el interior de la caverna, tenía riquezas, pero se había olvidado de lo principal.
Hay quien todo el día codicia; pero el justo da, y no detiene su mano. Proverbios 21:26.
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4: 6.
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4: 6.
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