Pasaje Clave: Juan 4:1-38
Jesús quería evitar problemas con los fariseos por lo tanto, ¿qué decide hacer y por dónde elige pasar? (versos.1-4).
Antes de continuar, tengamos en cuenta algo muy importante para entender claramente de qué va esta historia.
Judíos y samaritanos se odiaban. Los samaritanos eran un número considerable en la población total de Palestina. Y los judíos los odiaban y rechazaban cualquier tipo de trato con ellos, porque los samaritanos descendían de la unión de asirios con judíos. No eran judíos “puros” sino un pueblo “mixto”. Aquello constituía un grave problema racial. Un problema que, en diferentes lugares del mundo, persiste hasta nuestros días. Recordemos también que Jesús era judío y que en su camino eligió pasar por Samaria.
Antes de continuar, tengamos en cuenta algo muy importante para entender claramente de qué va esta historia.
Judíos y samaritanos se odiaban. Los samaritanos eran un número considerable en la población total de Palestina. Y los judíos los odiaban y rechazaban cualquier tipo de trato con ellos, porque los samaritanos descendían de la unión de asirios con judíos. No eran judíos “puros” sino un pueblo “mixto”. Aquello constituía un grave problema racial. Un problema que, en diferentes lugares del mundo, persiste hasta nuestros días. Recordemos también que Jesús era judío y que en su camino eligió pasar por Samaria.
¡Jesús se cansó de caminar! Al mediodía (la hora sexta) y con un calor agobiante, decide descansar. Es plenamente Dios y nada lo cansa, pero también es humano y se cansaba como cualquiera de nosotros.
¿Con quién se encuentra junto al pozo?
¿Y cómo reacciona la mujer samaritana?
Ella se pone a la defensiva. “Es un hombre, ¡un judío!, y encima me pide que le saque agua del pozo y le dé de beber, ¡quién se cree que es!”.
Jesús no pierde tiempo, va directamente al grano y empieza a hablarle de temas espirituales, que sacarán a la luz la necesidad escondida en el corazón de esta mujer. - Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le pedirías, y él te daría agua viva. (verso 10)
¿Entiende la samaritana lo que Jesús estaba queriendo decirle?
Ella hablaba del pozo, de lo profundo que era, del agua, de los camellos, pero Jesús ¿de qué hablaba?
“Si tomas de esta agua volverás a tener sed, pero si bebes del agua que yo quiero darte nunca más tendrás sed, y no solo eso, será una fuente de agua en tu corazón que nunca se acabará. Está bien que tengas sed, pero no tienes que vivir con sed para siempre. Yo puedo hacer algo completamente nuevo en tu corazón”.

