La Biblia dice que estamos en guerra y que dicha guerra, no es contra carne ni sangre, sino contra principados y potestades; o sea, las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en el Señor.
Yo crecí en una congregación llena del poder de Dios, en la que obraba ciertamente, la manifestación del Espíritu Santo a nuestro favor. No siempre el desarrollo de la guerra va a ser de forma bélica.
Romanos 8:31-39 (VRV)
La Biblia nos enseña que Satanás es el maestro del ilusionismo, padre de la mentira, que siempre está tratando de convencernos de que el Señor nos desecha o ha dejado de amarnos a causa de nuestras equivocaciones. Pero lo cierto es que como dice esta cita bíblica, nada puede separarnos del amor de Dios.
Hay veces en las que nos sentimos acorralados y sin salida, buscamos luchar pero nos sentimos condicionados y con falta de fuerzas. Esto se debe a que generalmente, nos centramos en el problema para tratar de ver, aunque sea difícil, la solución al mismo. En el libro de Ester, en la Biblia, se nos narra que en un momento de angustia para los judíos, teniendo ya un edicto publicado de sentencia de muerte para todo el pueblo judío por parte del primer ministro Amán, Ester se presenta ante el rey, y este, deslumbrado por la belleza y gracia de la reina, le promete concederle hasta la mitad del reino. Pero Ester lo invita a un banquete que ella realizaría para agasajarlo, y también invita a Amán, su enemigo.
¿Invitarías a tu enemigo a tu mesa? ¿Cómo disfrutar de un banquete cuando tu verdugo está comiendo frente a ti? Lo cierto es que así aconteció. El salmista dice que el Señor, en su Amor, nos pastorea y adereza mesa delante de nosotros en presencia de nuestros angustiadores. No tenemos por qué temer.
Dice la Biblia:
Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. Salmo 37:4 (VRV)