María es su nombre y la Biblia relata que Jesús, en una de esas visitas de amistad, llega a la casa de estas dos hermanas, que ante la visita de Jesús toman diferentes actitudes.
A una de ellas (Marta), le da por hacer las cosas del hogar, quiere que todo esté en perfectas condiciones por el qué dirá su amigo; ansiosa por dar una buena imagen, recorre cada estancia de la casa verificando que todo esté en orden, pero la frustración le viene al ver que por más que se apresura a terminar sus labores, cada vez encuentra más cosas por hacer. Sabe que su invitado la espera en la sala.
Pero hay una persona a quien no le importa absolutamente nada de lo que sucede a su alrededor. A esta otra hermana (María), no le importa si hay cosas por hacer en la casa, no le interesa saber si su hermana necesita ayuda; ella solo quiere estar a los pies del Maestro y no quiere saber nada más que no tenga que ver con Jesús, … Familia, tareas del hogar, preocupaciones siempre tendré, medita en su corazón, pero no todos los días tendré la oportunidad de compartir con el Rey de reyes y Señor de señores en mi propia sala; esta actitud causa indignación en su hermana Marta que ve correr el tiempo y no ve los resultados deseados ni la comprensión de su familia, así que explota de indignación, y en su ira desenfrenada, no presta atención a quién dirige sus palabras y exclama:—Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude! (Lucas 10:40), Jesús sonríe, al ver la cara de angustia de Marta y como todo un buen Padre que corrige a su hijo, le enseña una de las mejores lecciones que Cristo nos dejó en la Biblia; le dice: Marta, Marta, ¿por qué te preocupas por tantas cosas? Hay algo más importante. María lo ha elegido, y nadie se lo va a quitar. (Lucas 10.41-42)
