…trae gozo al corazón, las buenas noticias contribuyen a la buena salud”, dice uno de los versículos de proverbios.
Trabajo en un Colegio en donde ocurren cientos de cosas a la vez. Se empieza a trabajar en algo y al minuto siguiente ya se debe estar enfrascado en otra tarea. Hay que trabajar rápido, hay que alcanzar a hacerlo todo. Y en medio de ese tren de alta velocidad que es, me tomo el momento de saludar y regalar un “buenos días” o una sonrisa. Muchas veces he creído que los demás o no me escuchan o no me ven, pero definitivamente no es así.
La “tía” que hace el aseo de mi oficina, pasó por allí esta mañana a retirar una cantidad enorme de papeles que había en el basurero. Cuando la vi entrar, la saludé como me es habitual, y una vez que vertió el contenido del recipiente, hizo una pausa y me miró diciéndome: “tía, me encanta cuando está usted porque me alegra el día”. Después de esa declaración no me quedó más remedio que darle muchas gracias, quedando absolutamente sorprendida por su comentario. Traté de verificar mi rostro, para ver si tenía algo peculiar en él y no… estaba igual que siempre.
... Continuó la mañana y seguí en mi avalancha de actividades. En esto que, necesitaba un documento y fui hasta la secretaría, y como no estaba la persona a su cargo, me volví a la oficina. En el momento que llegué, pasó por fuera de la puerta quien yo buscaba y sin necesidad de llamarla, entró y me dijo “esta oficina es otra cosa, es como para venir a desestresarse”. Dos personas sin ponerse de acuerdo, me habían dicho lo mismo. Algo estaba pasando. Algo tenía que aprender. Algo tenía que repetir.
