El manejo de la ira es un tópico importante. Un experimentado consejero en psicoanálisis establece, que el 50% de la gente que acude para consejería tiene problemas con el manejo de su ira. La ira puede hacer añicos la comunicación, romper las relaciones, y arruinar el gozo como la salud de muchos. Y con mucha frecuencia la gente tiende a justificar su enojo en vez de aceptar la responsabilidad por él. Pero hay un tipo de ira que la Biblia llama “justa indignación,” que no debe ser confundida con la ira.
El diccionario Webster define la ira como “emoción excesiva, pasión incitada por un sentido de daño o injusticia;” este daño puede ser hacia nosotros o hacia alguien más.
Bíblicamente, la ira es una energía dada por Dios con la intención de ayudarnos a resolver problemas. Ejemplos de ira bíblica incluyen la confrontación de Pablo con Pedro por su mal ejemplo en Gálatas 2:11-14. También David, disgustado al escuchar al profeta Natán compartirle una injusticia (2 Samuel 12), y Jesús, así mismo airado por la manera en que algunos judíos habían corrompido la adoración en el templo de Dios en Jerusalén (Juan 2:13-18). Es de resaltar que ninguno de estos ejemplos de ira involucran la auto-defensa, sino la defensa de otros intereses, otras personas, o de un principio.
Bíblicamente, la ira es una energía dada por Dios con la intención de ayudarnos a resolver problemas. Ejemplos de ira bíblica incluyen la confrontación de Pablo con Pedro por su mal ejemplo en Gálatas 2:11-14. También David, disgustado al escuchar al profeta Natán compartirle una injusticia (2 Samuel 12), y Jesús, así mismo airado por la manera en que algunos judíos habían corrompido la adoración en el templo de Dios en Jerusalén (Juan 2:13-18). Es de resaltar que ninguno de estos ejemplos de ira involucran la auto-defensa, sino la defensa de otros intereses, otras personas, o de un principio.
Pero la ira se vuelve pecado cuando es motivada por el egoísmo (Santiago 1:20), cuando el objetivo de Dios es distorsionado (1 Corintios 10:31), o cuando se deja que la ira persista (Efesios 4:26-27). En vez de utilizar la energía generada por la ira para atacar de raíz el problema, es la persona quien es atacada en su lugar. Efesios 4:15,29 dice que debemos hablar la verdad en amor y usar nuestras propias palabras para edificar a otros, y no permitir que salgan de nuestra boca palabras corrompidas o destructivas. Desafortunadamente, esta venenosa manera de hablar es una característica común del hombre caído (Romanos 3:13-14). La ira se vuelve pecado cuando se le permite desbordarse sin restricción, dando como resultado un escenario en el que todos a su alrededor resultan lastimados (Proverbios 29:11), dejando devastación en su camino, usualmente con consecuencias irreparables. La ira también se vuelve pecado cuando el airado rehúsa ser tranquilizado, cuando guarda rencor, o lo guarda todo en su interior (Efesios 4:26-27). Esto puede causar depresión e irritabilidad ante cualquier cosita, con frecuencia cosas sin relación alguna con el problema subyacente.
