viernes, 6 de diciembre de 2013

¿Con qué estoy luchando? - Crecimiento personal-espiritual

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.” Albert Einstein
Estamos en la recta final de este año y muchos creen que no alcanzarán sus metas. Es probable que sea así, por las creencias que tienen acerca de sí mismos, o por los malos hábitos que no terminan de abandonar. Otros porque no adoptan ciertas acciones.
Seguro que los lectores de este blog tienen buenas creencias acerca de sí mismos, son buenos en lo que hacen, adoptan acciones,... pero algunos no están satisfechos con sus resultados y quieren más de la vida. Se preguntan ¿dónde está el problema?
El problema está en los hábitos. Somos seres de hábitos, y hay algunos hábitos que no nos ayudan, que por el contrario nos frustran. ¿Cuáles son esos hábitos que debemos evitar en nuestro liderazgo?:

jueves, 5 de diciembre de 2013

Alma de infantes – Meditación

Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Mateo 19.14

Con los años vamos perdiendo la inocencia, que no es otra cosa que la sabiduría que nos regaló Dios. 
 
Primera historia
Al autor y orador Leo Buscaglia se le solicitó una vez que fuera parte del jurado en un concurso. El propósito del mismo era encontrar al niño más cariñoso. 
El ganador fue un niño de 4 años, vecino de un anciano cuya esposa había fallecido recientemente. 
El niño, al ver al anciano llorar en el patio de su casa, se acercó y se sentó en su regazo. 
Cuando su mamá le preguntó qué le había dicho al vecino, el niño le contestó... 
"Nada, sólo le ayudé a llorar". 

Segunda historia 
La maestra Debbie Moon estaba estudiando con su grupo de primer grado la pintura de una familia. En la pintura había un niño que tenía el cabello de color diferente al del resto de los miembros de la familia. Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado.
Entonces, una niña del grupo le dijo: "Yo sé todo de adopciones porque soy adoptada". 
“¿Qué significa ser adoptado?", preguntó otro niño. 
Significa“ - dijo la niña – , "que tú creces en el corazón de tu mamá en lugar de crecer en su vientre".

“Atados” Por la Verdad - Estudios Cristianos

Satanás “ata” a los hombres con sus mentiras. Cuántos malviven creyendo que no sirven para nada, que nunca nada les saldrá bien, que siempre seguirán siendo pobres y enfermos... Pero gracias le damos a Dios, quien nos reveló Su Verdad para que seamos libres.
Efesios 6:14. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia.
¿Qué hacer para estar firmes en la libertad? Estar firmes, vestidos con la verdad y con la justicia de Dios.
Para permanecer libres no solamente hay que romper las ataduras satánicas, sino que tenemos que llenarnos de la verdad de Cristo. ¡Cuántos a vuelven a caer en esclavitud, por no llenar con la verdad el vacío que dejan las mentiras! Si no quieres tener problemas en tu lucha cotidiana, tienes que estar “atado” por la verdad de Dios. Su Palabra tiene que estar en tu mente, en tus labios a cada momento.
Una de las mentiras de Satanás es hacernos creer, que por los pecados que seguimos cometiendo perdemos la bendición de Dios. Pero Dios no te da sus bendiciones por tus méritos sino por los de Cristo. Esto no te da licencia para pecar sino que, al contrario, no vas a querer entristecerle con tus desobediencias.
Estar atado por la verdad también implica estar protegido con la coraza de justicia. Jesús es tu justicia. Él es el justo y por Su justicia te mantienes firme en la libertad y en su bendición. 

Cuando somos un milagro - Reflexiones

Conducía de vuelta a casa alrededor de las cinco, tras una reunión de trabajo, atascado en el tráfico del bulevar, cuando el coche comenzó a fallar y se apagó. A duras penas pude empujarlo, maldiciendo, a una estación de gasolina, contento únicamente por no estar obstruyendo el tráfico y porque tendría un lugar más tranquilo para esperar la grúa. Ni siquiera se podía arrancar. Antes de que pudiera hacer la llamada telefónica, vi a una mujer saliendo de la tienda de compras que pareció resbalarse sobre el hielo y cayó al lado de un distribuidor de combustible, por lo que fui a ella para levantarla y preocuparme en ver cómo estaba.
Cuando llegué donde estaba, parecía más sobrecogida por el llanto que por la caída; era una joven mujer, bastante desaliñada y con ojeras alrededor de sus ojos. Dejó caer algo cuando le ayudaba a levantarse y lo recogí para dárselo. Era una moneda de cinco centavos.
En ese momento todo quedó claro para mí: la mujer llorando, su antiquísima camioneta, repleta de cosas, con tres muchachos en la parte de atrás (uno en un asiento del coche), y el distribuidor de combustible leyendo 4.95 dólares. Le pregunté si todo estaba bien y si necesitaba ayuda, a lo que ella enseguida dijo: “No quiero que mis hijos me vean llorando”. Así que nos paramos al lado opuesto del distribuidor de su coche. Ella dijo que conducía hacia California y que las cosas estaban muy duras para ella en ese momento. Así que le pregunté: “¿Y está orando?” Eso le hizo alejarse de mí un poco, pero le aseguré que no era un loco y le dije: “Él la oyó y me envió”.
Saqué mi tarjeta de crédito y la pasé por el lector de tarjetas para que pudiese llenar el depósito de su coche, y mientras cargaba el combustible, me dirigí al McDonald’s de al lado y compré dos grandes bolsas de comida, algunos regalitos, y una gran taza de café.
Ella le dio la comida a los muchachos en el coche, quienes la devoraron como lobos, y nos quedamos parados junto al distribuidor comiendo patatas fritas y conversando un poco.
Me dijo su nombre y me compartió que vivía en Kansas City. Su novio la había abandonado hacía dos meses y no había podido arreglárselas sola. Sabía que no tendría dinero para pagar el alquiler el 1 de enero, por lo que, finalmente, había llamado a sus padres, con quienes no se había comunicado en cinco años. Ellos vivían en California y le dijeron que podía mudarse con ellos y comenzar de nuevo allí. Así que empaquetó todo lo que poseía en el coche. Le dijo a los muchachos que se iban a California para Navidad pero no que se mudaban para allí.
Le di mis guantes, un breve abrazo y dije una rápida oración a su favor por seguridad en su viaje. Al dirigirme a mi coche, ella dijo: “Así que, es Ud. un ángel o algo parecido?” Eso definitivamente me hizo llorar. Le dije: “Querida, para esta época, los ángeles están muy ocupados, así que a veces, Dios utiliza a gente normal”.
Fue increíble ser parte del milagro de alguien. Y por supuesto, como pueden imaginar, cuando me subí a mi coche, encendió a la primera y me llevó a casa sin problema alguno.
Lo meteré al taller mañana para revisarlo, pero sospecho que el mecánico no hallará problema alguno en él. Algunas veces los ángeles vuelan tan cerca de uno que podemos escuchar el batir de sus alas…

La Autodisciplina en la Biblia, 3 pasos para lograrla - Cristianismo

auto-disciplina
“…LO PONGO EN SERVIDUMBRE…” (1 Corintios 9:27b)
Controlarte a ti mismo va a ser siempre tu mayor desafío. Para conseguirlo debes seguir estos 3 pasos simples:

(1) Conocerte


Pablo escribió: “…golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27). Si Pablo hacía frente a esta posibilidad, es mejor que aprendas a reconocer “las minas” que hay en tu propio camino.

(2) Eliminar excusas


Lucha contra toda tendencia interior a poner excusas. Lo que fue bueno para algunos, no lo fue para Pablo porque él entendió su misión. “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene… para recibir una corona… incorruptible” (1 Corintios 9:25).

(3) Concentrarte en las recompensas


Un matrimonio anciano había pasado un par de días en un camping, cuando una familia llegó a su lado. Inmediatamente que el vehículo paró, salió un matrimonio con sus tres hijos. Un niño rápidamente empezó a bajar neveras, mochilas y otros enseres, mientras los otros dos montaban de prisa las tiendas de campaña. El lugar quedó listo en quince minutos. El matrimonio de ancianos estaba perplejo.
-“Está claro que trabajáis muy bien juntos”, dijo el viejo señor. 
-“Sólo con el sistema de recompensa adecuado”, contestó el padre. “¡Nadie va al baño hasta que no esté montado el campamento!” ¡Nada nos motiva más que las recompensas! 

Así que la próxima vez que estés tentado a hacer lo que es fácil en vez de lo que es correcto, cambia tu enfoque; ¡piensa en las recompensas en vez de los inconvenientes!

¿Te puedo decir gracias? - Ánimo en mensaje

question sky

Aunque hoy haya recibido un tiro en el corazón
Y esté sumergida en el dolor
Quiero en este preciso momento de dolor, decirte
GRACIAS
Gracias por haberme creado
Gracias por haberme dado tanta sensibilidad
Y si bien ésta me ha causado sentir el dolor muy profundamente
Me alegra que sea parte de mí, porque esta bendita sensibilidad
Me ayuda a comprender a las demás personas
Me ayuda a hacer amigas(os)
Me ayuda a entender el dolor ajeno y la felicidad bella
Gracias por crearme aunque ahora sienta que no podré continuar este camino
Gracias por estas piernas y brazos
Gracias por darme tanto amor y por permitir que mi ser sienta el dolor
Porque más o menos comprendo el dolor que tu hijo Jesús sintió en la cruz
¡Y sí que duele!
Que te lastimen duele, pero quién mejor que Tú para entenderlo
Gracias por esa inseguridad y esa nobleza caprichosa
Que me jugó malas pasadas,
Eres bello de pies a cabeza
Quisiera tener una cita contigo viéndote a los ojos
Sé que lloraría mucho, mucho
Pero sé que tu abrazo secaría toda lágrima con una sonrisa de oreja a oreja
¡Qué bello eres Papá!
Gracias mi Jesús, por haberme enseñado a ser obediente
Mira que gracias a ti tengo esta bella relación con mi Padre celestial
Fue duro todo lo que pasé
He llorado largas noches pensando que mi llanto no es nada
Ante tanto dolor, que no sabía cómo expresarlo
¿Pero sabes algo?
Mientras caen mis lágrimas quiero que sepas que agradecida estoy
Gracias por darme tanto amor en esos días de tristeza
Y haberme dado tanto silencio cuando no sabía qué hacer
Porque ese silencio me decía todo, me alentaba
Me clamaba amor, me sumergía en mí misma y te encontraba tan bello
Diciéndome que no estoy sola
Que estás Tú conmigo
Y por tenerte gran tesoro tengo ya
Soy millonaria porque te tengo
Soy deliciosamente bella porque Tú eres ese maquillaje anti-todo
Gracias, aunque mis lágrimas corran una y otra vez
Gracias Padre
TE AMO, y aunque esas palabras tanto las gasté y tenga tanto dolor en mi interior
Quiero que sepas que este TE AMO es puro, sincero,
De una hija a su Padre, súper-Padre.
Gracias por esta noche que me ha dolido, pero
Que he sabido afrontar muy bien, porque Tú me diste la sabiduría
Y el equilibrio.
Gracias porque mis lágrimas saben a dolor,... pero a gloria
Porque sé muy bien que en cualquier momento, sin darme cuenta, estas lágrimas
Serán convertidas en gotitas de felicidad, gozo, en tanta alegría que me faltarán sonrisas.
Gracias, nada más que decirte, nada más porque lo eres todo y sin ti no soy nada.
¡GRACIAS!

Consejo: Si sientes dolor perpetuo en tu interior en este momento, tan solo di GRACIAS PADRE y trata de recordar la historia que te contaron de tu nacimiento, recuerda ese bello momento y recuerda que eso es gracias a Dios.
Por favor, si quieres llorar por ese dolor que te cala hasta los huesos, detente y di
Gracias
Gracias
Gracias
Y luego llora con tu Padre bello.
Quizás tu dolor no es igual al mío, pero sé que tienes el corazón hecho añicos, por eso

Aunque no te vea: TE QUIERO

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Muerte impresionante - Meditación

LA MUERTE CIENTÍFICA DE JESÚS
A los 33 años Jesús fue condenado a muerte.
La "peor" muerte de la época. Sólo los peores criminales murieron como Jesús. Y con Jesús todavía fue peor, porque no todos los criminales condenados a aquel castigo recibieron clavos en sus miembros.
Sí, fueron clavos... ¡y de los grandes! Cada uno tenía de 15 a 20 cm, con una punta de 6 cm. y el extremo puntiagudo. Fueron clavados en las muñecas y no en las manos como dicen. En la muñeca hay un tendón que llega a nuestro hombro, y cuando los clavos fueron martillados, ese tendón se rompió obligando a Jesús a forzar todos los músculos de su espalda, por tener sus muñecas clavadas, para poder respirar porque perdía todo el aire de sus pulmones.
De esta forma, estaba obligado a apoyarse en el clavo metido en sus pies, que era más grande aún que el de sus manos, porque clavaban los dos pies juntos. Y como sus pies no aguantarían por mucho tiempo sin rasgarse también, Jesús era obligado a alternar ese "ciclo" simplemente para lograr respirar.
Jesús aguantó esa situación algo más de 3 horas.
Sí, ¡más de 3 horas! Mucho tiempo, ¿verdad? Algunos minutos antes de morir, Jesús ya no sangraba más. Únicamente le salía agua de sus cortes y heridas. Cuando le imaginamos herido, imaginamos meras heridas, pero no; las de Él eran verdaderos agujeros, agujeros hechos en su cuerpo.
No tenía más sangre para sangrar, por lo tanto, le salía agua.

El cuerpo humano está compuesto de aproximadamente 3,5 litros de sangre (en un adulto).
Pues Jesús derramó 3,5 litros de sangre; tuvo tres clavos enormes metidos en sus miembros; una corona de espinas en su cabeza y además un soldado romano le clavó una lanza en su tórax.
Todo esto sin mencionar la humillación que pasó después de haber cargado su propia cruz casi dos kilómetros, mientras la multitud le escupía el rostro y le tiraba piedras. La cruz pesaba cerca de 30 kilos, y la parte superior, la más pesada, fue en la que le clavaron sus manos.

En las manos del Maestro - Reflexión

Había una vez un pincel que era la admiración de todos los demás lápices, pinceles y crayones, porque con él habían sido pintados los cuadros más hermosos que habían salido de ese taller.
Cuando el pintor tenía que realizar una obra de calidad o un trabajo muy importante, siempre acudía a él, debido a que sus suaves cerdas eran las que más finos y delicados trazos imprimían sobre el lienzo, y le daban un toque especial a cada detalle de la obra.
Esto llenaba de orgullo al pincelito, que solía pasearse orondo por el taller, mirando por encima del hombro a las demás herramientas de dibujo, porque sabía que él era el mejor. Todas las fibras y acuarelas del taller suspiraban por el galán.
Cierto día, un viejo plumín de tinta china, envidioso porque el pincelito era el centro de la atención femenina del taller, sembró en él una inquietante duda. Le dijo: “¿Tú te crees muy bueno? Pues lamento informarte que tú solo no vales nada. Tú jamás decides qué es lo que pintarás, o qué colores utilizarás, sino que eres un miserable esclavo del pintor, quien te usa como a él le parece mejor”.
Esto inquietó al pincelito. ¿Sería verdad lo que el plumín había dicho? ¡No! El pintor era bueno… pero… si fuera así, ¿qué derecho tenía el pintor de hacer con él lo que quisiera? ¡El pincelito era el que se ensuciaba y el que se desgastaba al raspar contra el lienzo. ¿Por qué el pintor había de llevarse todo el mérito?
La sombra de esta incomodidad quedó flotando en el ánimo del pincelito. Al día siguiente, cuando el pintor lo tomó en sus manos, decidió que sería él quien dictaría los trazos. Así, cuando el pintor quería realizar una línea, el pincelito hacía fuerza para pintarla en otra dirección. Cuando el pintor quería humedecer el pincel en un color, él apuntaba hacia otro tarrito de pintura. El pintor no entendía qué estaba sucediendo, puesto que en el lienzo tan sólo aparecían manchones deformes y desapropiados. Después de varios intentos fallidos, dejó al pincelito a un lado y tomó otro para recomenzar su obra.
Esto puso aún más furioso al pincelito. ¿Quién se creía que era ese pintor para cambiarlo a él, al mejor, por un pincel cualquiera? ¡Ahora mismo se pondría él solo a pintar, sin necesidad de que ese tonto pintor lo manosease con sus manos sucias de pintura!
Y así lo hizo. Se ubicó frente a un lienzo, y con varios tarros de pintura junto a él comenzó a pintar. Todos observaban absortos al pincelito, incluso el pintor, que había dejado su trabajo; y el pincelito, al ver la satisfacción del plumín, comenzó a sospechar que algo estaba ocurriendo. No hace falta decir, que tan sólo una masa deforme de colores superpuestos apareció sobre el lienzo. Y todos se rieron de él.
El pequeño pincel, avergonzado, deprimido y frustrado se retiró a llorar en su vaso. Había hecho el ridículo. Todos se habían reído de él… Todos menos el pintor, que lo tomó dulcemente en sus manos y le dijo: “Querido amiguito, yo sé que tú eres el mejor, pero eres el mejor en mis manos. No eres mi esclavo, sino que juntos, los dos, pintamos. Sólo dejándote conducir por mis manos, juntos podemos crear la belleza. Que sea yo quien dirige tus movimientos no te quita mérito, sino que por el contrario te enaltece, porque yo te elijo a ti entre todos los otros pinceles. ¿Nunca lo habías pensado así? Yo te amo, y te elijo a ti, entre muchos otros, cada vez que te utilizo. Y ahora sécate esas lágrimas, y vamos a seguir pintando”.
Y el pincelito comprendió que en su naturaleza de pincel estaba dejarse conducir por las manos del pintor, que sólo así podía ser lo que él era: un pincel.

El tiempo de justicia - Devocional

Wooden justice gavel and block with brass
Cuando sufrimos alguna infamia, algún engaño, una traición u otra experiencia dolorosa, queremos que la persona que nos dañó o las personas involucradas que lo hicieron paguen por ello. Una frase dice “Si la justicia tarda, ya no es justicia”, y se basa en que aún está a flor de piel el dolor o la rabia de lo acontecido, hasta el punto que queremos tomarnos la justicia por nuestra propia mano.
Cometemos, entonces, el error de actuar por impulso, nos causa rabia, y si en ese momento no vemos a esa persona pagando por lo que hizo, nos frustramos y creemos que no existe justicia en la tierra.
Pero Justicia es dar a cada cual lo suyo, y ten por seguro que Dios te dará lo tuyo: consuelo, amor, paz y sanidad. Preocúpate más en recibir lo que Dios te está dando que en lo que recibirá la otra persona.
Dios tiene un tiempo para actuar en cada caso y su tiempo no será el mismo que el nuestro, puesto que Dios no hace justicia sólo para que nos arrepintamos, sino para provocar el cambio en nuestras vidas. Su justicia va más allá de las leyes terrenales.