viernes, 27 de septiembre de 2013

El veredicto - Reflexión, devocional

Cuentan que en la Edad Media un hombre muy íntegro fue acusado injustamente de haber asesinado a una mujer. El verdadero autor del crimen era una persona muy influyente del reino, y por lo tanto, desde el primer momento se buscó un “chivo expiatorio” para encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a juicio, conociendo de antemano que tendría pocas o nulas esperanzas de escapar de la terrible sentencia: ¡La horca! El juez, quien también había sido comprado, cuidó los detalles para dar todo el aspecto de un juicio justo y por ello dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino: Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras ‘culpable’ e ‘inocente’. Tú escogerás, y será la mano de Dios la que decida tu destino”.
martilloPor supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: ‘CULPABLE’ y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se percataba de que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.
El juez ordenó al hombre tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo tragó rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon: “Pero, ¿qué hizo?, y ahora, ¿cómo vamos a saber el veredicto?” El hombre respondió tranquilamente: “Es muy sencillo, es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué”. Con un gran coraje, mal disimulado, tuvieron que liberar al acusado y jamás volvieron a molestarle.

Sólo quiero cuidarte - Devocional-reflexión - Vídeo

“Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, es dolorosa. Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella.” Hebreos 12:11 NTV
Cuando era niña fui muy disciplinada por parte de mi papá, entonces no entendía por qué me prohibía vestirme como yo quería y participar en algunas actividades. Tampoco comprendía por qué no me compraba todas las cosas que yo quería. Supe comprender, poco a poco, que esta era su manera de protegerme y ayudarme a formar mi carácter. Doy  gracias a Dios porque mi padre fue capaz de ponerme límites, pues esto sirvió de formación para mi vida.
disciplinaRecuerdo que en una ocasión me habían invitado a una fiesta, y sabiendo que no iba a obtener el permiso de mi padre, me escapé por la noche para poder asistir. Cuando regresé a mi casa mi padre me esperaba furioso, estaba indignado con mi actitud de ignorar su autoridad y terminar haciendo lo que yo quería. Pasé un mal momento, la expresión del rostro de mi padre me hizo ver que él no sólo estaba enfadado, sino que también se había preocupado por mí. Entonces mi padre me castigó, me prohibió salir durante un mes, lo cual me sirvió de escarmiento para no volver a hacerlo sin su permiso. Hoy después de muchos años, reconozco el valor de todos estos límites. Dios les dio autoridad a nuestros padres con el propósito de corregirnos y protegernos, como parte de un sano proceso de crecimiento.
La disciplina es necesaria en nuestras vidas. Hebreos 12:10 dice: “Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron, pero la disciplina de Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad.” Dios como Padre, sabe cómo corregirnos, y aunque nos duela, tenemos la seguridad en su Palabra que es para formarnos a la semejanza de Cristo.

Tu Verdadera Identidad Personal - Crecimiento personal-espiritual

“No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios.” 1 Pedro 3.3-4
La palabra griega “Cosmos” es utilizada 187 veces en el Nuevo Testamento. Esta palabra puede ser definida como tierra, universo, mundo, humanidad, arreglo armonioso, orden, adorno. Es el orden creado de las cosas, el orden que Dios puso en su lugar en el universo cuando Él lo creo. 186 veces la palabra “Cosmos” es traducida como “mundo” en la traducción Reina Valera. 1 vez se refiere a “adorno” y esa es precisamente en el versículo mencionado.
A través del orden y el diseño, aprendemos a reconocer las cosas. Este es el caso de nuestros sentidos. El maquillaje de todo es ordenado de tal manera que siempre es reconocido como tal. Cuando pruebas algo nuevo, estás iniciando un nuevo patrón u orden. Cuando escuchas un idioma nuevo, se te presenta por primera vez a un nuevo orden de sonidos.
Cuando conoces a una persona nueva, se te presenta un nuevo orden de imágenes, habla, personalidad, etc. Pero cuando pruebas, ves, escuchas o tocas algo reconocible, eso es una combinación de patrones que realmente reconoces.
Podría decirse que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio orden, que en cierto sentido somos nuestro propio mundo y es este orden o arreglo de las cosas lo que nos hace individuos reconocibles, con nuestra propia personalidad. En cierto sentido, la gente conoce nuestro arreglo cuando nos conocen realmente, hasta nuestra alma es arreglada únicamente.

Equipo de estrellas o Equipo de trabajo - Devocional - Vídeo

La característica que más destacaba en Carlos era su velocidad de lectura y capacidad de síntesis de lo que leía. Confiada en esto, su maestra de grado a menudo le daba un libro para que el niño lo leyera y gracias a su enorme capacidad de comprensión, hiciera un resumen que ayudara a comentar el libro en clase. Dependiendo del tamaño y complejidad del libro, Carlos tardaba más o menos, pero su promedio era de dos semanas en hacer la tarea completa, es decir, desde que recibía el libro hasta que lo devolvía a la maestra con su bosquejo.
Pero un día, los padres de Carlos fueron trasladados por cuestiones de trabajo a otro estado y el niño tuvo que ir a otra escuela. La maestra entonces, tuvo que comenzar a hacer ella los resúmenes de los libros que leían en clase; una tarea que para ella resultaba tediosa, pesada. A esto había que sumar el detalle, para nada menor, de que no leía tan rápido como Carlitos ni tenía ese talento tan especial del niño, por lo que el promedio de dos semanas fue alargándose a tres, luego al mes…
Fue entonces cuando decidió elegir a dos de los niños de la clase, para que hicieran la tarea que antes hacía uno solo. Tomó de la biblioteca dos ejemplares idénticos de un libro y les entregó uno a cada uno, con la consigna de que cada niño trabajase sobre una mitad diferente del libro. Micaela y Juan no eran tan rápidos en la lectura ni tenían la enorme capacidad de síntesis de Carlos, pero la maestra advirtió con sorpresa, que cada mitad del libro fue leída y resumida en diez días. Es decir, había conseguido hacer el trabajo completo, que antes hacía su “alumno estrella” en dos semanas, en varios días menos con chicos aplicados y estudiosos, pero que no gozaban de un talento increíble.
Esto ocurre con frecuencia en muchos aspectos de la vida, desde lo estrictamente familiar, pasando por lo deportivo, lo laboral e inclusive el ámbito eclesiástico. Así como la maestra de nuestro ejemplo, se apoyaba de forma excesiva en la capacidad de su mejor alumno, a menudo los entrenadores deportivos se hayan tentados a basar su estrategia de juego en la capacidad y talento de su jugador estrella. Y en el ámbito hogareño, hay familias en las cuales una excesiva parte de la carga pasa por mamá, papá o algún otro de los integrantes de la familia, que habitualmente “resuelve todo” o “se ocupa de todo”. En lo eclesiástico, hay comunidades en las que una desmedida proporción de las cargas pasan por el pastor y unos muy pocos colaboradores, y aquí no hablamos de concentración de poder, que es otra cosa bien distinta, hablamos de concentración de tareas. En el ámbito laboral, hay empresas donde muchas veces una excesiva carga del trabajo recae sobre unos pocos empleados, mientras que otros tienen muy poco que hacer, dejando aparte situaciones particulares, excepciones, capacidades, conocimientos y jerarquías, que "no vienen a cuento".

jueves, 26 de septiembre de 2013

Honra a tu padre y a tu madre - Historia, Reflexión - Vídeo

honra a tu padre y a tu madre
Es muy necesario en los tiempos que estamos viviendo, procurar recibir toda la instrucción posible relacionada con la Palabra de Dios, de manera que el aprendizaje constante produzca buenos frutos. Hoy más que nunca, el mundo necesita de la influencia de la Iglesia en todos sus ámbitos; esta debe ser la intención de cada hijo e hija de Dios Creador.
Anteriormente hicimos referencia a los Diez Mandamientos. En esta ocasión destacaremos un mandato de los que se entregaron en el Monte Sinaí.

HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE

Buscando algo interesante relacionado con el mandamiento, hallé una poesía de un autor desconocido, que dice del padre: 
Cuántas cosas son necesarias decir antes de que sea demasiado tarde.
Escucho a tanta gente sufrir del recuerdo, del instante, no queriendo admitir,
aceptar lo irreparable, lamentos, gritos, dolor, sin ni siquiera ya escucharse.
Por eso hoy no quiero escribir.
No quiero escribir para mi padre que lo tengo hoy aquí, y reparar lo irreparable…
Yo siempre pienso en ti, mi viejo inolvidable, y hoy te digo te amo.
Gracias por ser mi padre…
Tengo los recuerdos de niño, de cuando te veía gigante, y hoy que soy adulto…
te veo aún más grande.
Por eso hoy te digo…
¡Te amo padre…antes que sea demasiado tarde!

Y después tomé unos versos de Gabriela Mistral, premio Nobel de Literatura, relacionados con la madre:
“Madre, madre, tú me besas
pero yo te beso más.
Como el agua en los cristales,
caen mis besos en tu faz.
Te he besado tanto, tanto...
que de mí cubierta estás,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar…”

La puerta - Ánimo en mensaje

LA PUERTA
En un país alzado en guerra, había un rey que realmente causaba espanto. Este rey tenía la costumbre de que a sus prisioneros no les mataba; les llevaba a una sala donde había un grupo de soldados a un lado, y una inmensa puerta de hierro al otro, en la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre.

En esa sala el rey les hacía formar en círculo y les decía: “Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis soldados o atreverse pasar por esa puerta misteriosa”.
Los presos, en su mayoría, elegían morir en manos de los soldados sospechando los horrores y torturas que podrían encontrar tras dicha puerta.

En cierta ocasión, al terminar la guerra, un soldado que sirvió al rey durante mucho tiempo, se dirigió al soberano y le dijo:
–"Señor, ¿puede decirme algo? Siempre quise saber qué es lo que había detrás de esa horrorosa puerta”.
–El rey le replicó: ”Ve y míralo tú mismo” .
El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta, y a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y alumbraron la sala… hasta que descubrió con mucha sorpresa, que la puerta  conducía al exterior, a un campo abierto, a la libertad.
Ante la obvia sorpresa del soldado, el rey lo explicó así:
–"Lo que yo hice fue darles a los presos la elección, pero ellos siempre preferían morir que arriesgarse a abrir esta puerta”.

Queridos amigos: En nuestra vida, llena de luchas y problemas, ¿cuántas puertas dejamos de abrir por un temor anticipado, irracional? … ¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, al dejarnos llevar por apariencias engañosas?… ¿Cuántas veces, por nuestros prejuicios, nos llenamos de miedo a lo desconocido, como a tomar el empleo nuevo, a realizar ese viaje no programado, a efectuar una nueva inversión financiera, a estudiar en la vejez, a aceptar una nueva relación afectiva, a adoptar un niño, etc., permitiendo así que se escapen nuestros sueños, metas, ideales?

“Yo soy la puerta;

el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo.

Se moverá con entera libertad,

y hallará pastos”.

(Juan 10:9)

Amor del Corazón - Reflexiones - Vídeo

Hoy en día las aventuras amorosas no son inusuales entre jóvenes adolescentes. Y no es particularmente sorprendente que dichas aventuras amorosas terminen por una u otra causa. Normalmente, los adolescentes soportan sin grandes problemas, al menos aparentemente, el dolor de una relación acabada y descubren que hay otros peces en el mar.
Esta típica norma sirve de ilustración a la historia que comenzó cuando Felipe Garza Jr. comenzó a salir con Donna Ashlock. Felipe y Donna salieron juntos hasta que Donna enfrió el romance y comenzó a salir con otros muchachos.
Un día, Donna se doblaba de dolor. Los médicos rápidamente descubrieron que Donna se estaba muriendo de una enfermedad degenerativa del corazón y necesitaba un trasplante desesperadamente. Felipe se enteró de la condición de Donna y le dijo a su mamá: Voy a morir y le daré mi corazón a mi novia. De vez en cuando los muchachos dicen cosas tan irracionales como ésta. 
En aquel tiempo, Felipe aparentaba para su madre estar en perfectas condiciones de salud. Pero tres semanas después, despertó una mañana y se quejó de dolor en el lado izquierdo de su cabeza.
Comenzó a perder el aliento y a no poder caminar. Fue llevado al hospital, donde se descubrió que una vena de su cerebro había explotado, causándole la muerte cerebral. 
La súbita muerte de Felipe desconcertó a sus médicos, y mientras permanecía con el respirador artificial, su familia decidió permitir a los cirujanos quitarle el corazón para Donna, y sus riñones y ojos para otros que necesitasen esos órganos.
Donna recibió el corazón de Felipe. Después del trasplante, el padre de Donna le contó que Felipe había estado verdaderamente enfermo tres meses antes de morir. Y añadió: donó sus riñones y sus ojos. Hubo una pausa y Donna dijo: Y yo tengo su corazón.
Su padre le dijo: sí, eso fue lo que él y su familia deseaban. La expresión de ella cambió un poquito. Entonces le preguntó a su padre quién lo sabía. 
Él le dijo que todos. Y nada más se habló.

El pintor de esperanzas - Devocional

O´Henry narra en uno de sus cuentos, cómo una niña francesa de once años, llamada Marie, fue diagnosticada con tuberculosis, a principios del siglo pasado. La madre, desesperada, intenta animarla de todas las maneras posibles, baja la cama de la niña al salón de su vieja casa parisina y la coloca junto a la ventana que da a un jardín y a un edificio. Estaba comenzando el crudo invierno, y según el médico, las posibilidades para recuperarse de una enfermedad como esta, y en un clima tan desfavorable, dependían más de que la niña luchara, que de los medicamentos que él podía prescribir. Si resiste hasta la primavera, dijo el doctor,... la niña sobrevivirá.
William Sydney Porter.jpgAllí, junto a la ventana, en un aislamiento forzoso, la niña descubrió una enredadera que cubría parte de la pared del edificio de enfrente y cuyas hojas se iban marchitando y cayendo. Le dijo a su madre que creía firmemente que cuando cayera la última hoja, su vida también se acabaría. La madre insistió en que no, que la enredadera tenía muchas hojas y que muchas de ellas aguantarían hasta los retoños de la primavera. Pero las hojas iban cayendo, porque el invierno no tiene en cuenta ni cree las promesas de una triste madre. Entonces Marie vio a un joven pintor en el tercer piso, donde tenía su estudio. Sorprendida y extasiada, se quedaba horas mirando cómo pintaba imágenes de París, Notre Dame, Montmartre, el Mouling Rouge y otras.
Entonces, su madre vio una rara luz en la mirada de la niña. Habló con el pintor y le ofreció dinero para que visitara a su hija y le enseñara a dibujar. El joven, compasivo, sin darle ninguna importancia al ofrecimiento monetario, bajó a conocer a la enferma y a enseñarle a pintar en telas, a usar los carboncillos y a practicar con los colores. Una peculiar amistad surgió, y Marie le contó a su nuevo amigo sobre la enredadera, sobre su miedo a la muerte cuando su última hoja cayera. De miles de hojas que había hace poco, le dijo, sólo quedaron veinte, y ocho después de la tormenta de anoche. El joven pintor le aseguró que tales asociaciones no eran buenas y le comunicó que debía ir a América, a una exposición. Marie pensó que el mundo se le venía encima. Pero él le dijo que volvería en mayo y que durante ese tiempo practicara sus dibujos y con la escala de colores. Y añadió que en mayo irían a pintar fuera, en la campiña.

El Aguijón de la Carne - Devocional aliento - Vídeo

Todos tenemos un aguijón, algunos podemos hablar de él y otros quizá no lo puedan hacer, porque su aguijón es vergonzoso.
2 Corintios 12: 7-10 “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
      En absoluto es malo buscar cada día ser más espiritual, buscar el rostro del Señor para tratarle de agradar, pero hay momentos en la vida en los cuales aparece el aguijón, ese que nos recuerda que no debemos creernos más de lo que somos, ese que nos devuelve los pies a la tierra y nos ayuda a la vez, a seguir en el intento de tratar de ser más agradables a Dios cada día.
Todos tenemos un aguijón, algunos podemos hablar de él y otros a lo mejor no lo pueden hacer, porque su aguijón es vergonzoso o porque puede que prefieran aparentar que son hombres sin tacha alguna.
El Aguijón de la CarnePablo era uno de los hombres más intachables de la historia, casi se puede asegurar la perfección de Pablo en su actuar, pero él mismo relata en este pasaje bíblico cómo le fue dado un aguijón en su carne, para que no le permitiera enaltecerse sobremanera.

¿Cuál era el aguijón de Pablo?

La Biblia no lo describe, algunos teólogos creen que era un dolor fuerte de estómago y otros creen que era alguna otra 
enfermedad en su cuerpo; algunos creen que era alguna faceta de su vida que no había podido vencer, y otros son más específicos y creen que era su carácter, pero la verdad es que nadie tiene la certeza absoluta de cuál era el aguijón de la carne que le abofeteaba y le hacía volver los pies a la tierra.