Cuando era niña fui muy disciplinada por parte de mi papá, entonces no entendía por qué me prohibía vestirme como yo quería y participar en algunas actividades. Tampoco comprendía por qué no me compraba todas las cosas que yo quería. Supe comprender, poco a poco, que esta era su manera de protegerme y ayudarme a formar mi carácter. Doy gracias a Dios porque mi padre fue capaz de ponerme límites, pues esto sirvió de formación para mi vida.
La disciplina es necesaria en nuestras vidas. Hebreos 12:10 dice: “Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron, pero la disciplina de Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad.” Dios como Padre, sabe cómo corregirnos, y aunque nos duela, tenemos la seguridad en su Palabra que es para formarnos a la semejanza de Cristo.