“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”.
Filipenses 3:12-17.
Me gusta la parte que dice, ni que ya sea perfecto, ya que muchas veces suele suceder, que las personas consideran que porque somos cristianos ya somos perfectos, o incluso nosotros mismos nos desanimamos cuando las cosas no nos están saliendo “bien”, pero de lo que sí podemos estar seguros es que Dios nos está dando experiencia.
Pablo decía que fueramos imitadores de él, y sus palabras, totalmente válidas, están ya avanzadas en años, Qué gran ejemplo nos regala, y... ¿por qué muchas veces las personas le dejan de servir a Dios cuando se sienten viejos, cuando se casan y tienen hijos o cuando creen que ya acabó su tiempo de servicio, y cesan de usar los dones y talentos que Dios depositó en cada uno?.