Los que lo oyeron, dijeron: Entonces, ¿quién podrá ser salvo?”
Lucas 18.26
Recientemente vi una foto del “Monstruo Come-galletas”, que tenía una frase en la parte inferior que decía: “Hoy viviré el momento actual, a menos que sea desagradable, y en ese caso me comeré una galleta.” Me pareció chistoso. Pude imaginarme al “monstruo come-galletas” durante su día, contento, haciendo sus quehaceres, y luego, en un momento de estrés o ansiedad, necesitando una galleta para consolarse, devorándola en segundos. Para el “monstruo come-galletas”, vivir la vida sin galletas es inimaginable. Esa vida no existe, ni siquiera como una posibilidad.
En el versículo mencionado, Jesús está hablando con un líder religioso que era rico. El hombre quería saber lo que debía hacer para heredar la vida eterna. Jesús le dijo al hombre que fuera y vendiera todos sus bienes y le diera el dinero a los pobres. Esto entristeció mucho al hombre porque obviamente, estaba apegado a su dinero y pertenencias. Jesús siguió explicando a la multitud, que es sumamente difícil para alguien que adora al dinero, lograr poner a Dios como Rey en su Corazón. Esto tenía sentido para la multitud. Ellos se pudieron identificar tanto, que dijeron, “Entonces, ¿quien podrá ser salvo? No podían imaginar a alguien así; una persona que amara a Dios más que a la comodidad de sus cosas y al dinero; vivir una vida sin la comodidad de las cosas materiales era imposible. La seguridad y el placer que viene (venía) con el dinero, es (era) muy seductor como para dejarlo ir.
