viernes, 14 de diciembre de 2012

Es Por Tu Gracia - Reflexiones con vídeo

Cuando nadie me ve, en la intimidad
Donde no puedo hablar más que la verdad
Donde no hay apariencias
Donde al descubierto queda mi corazón
Allí soy sincero, allí mi apariencia de piedad se va
Allí es tu gracia lo que cuenta
Tu perdón lo que sustenta para estar de pie.
Y no podría dar la cara si no fuera porque soy revestido de la gracia y la justicia del Señor.
Si me vieran tal cual soy,
se enterarían que es Jesús.
Lo que han visto reflejado en mí,
tan sólo fue su luz.
Es por tu gracia y tu perdón,
que podemos ser llamados instrumentos de tu amor.
Es por tu gracia y tu perdón,
mi justicia queda lejos de tu perfección.
Y no podría dar la cara si no fuera porque soy revestido de la gracia y la justicia del Señor.
Si me vieran tal cual soy,
se enterarían que es Jesús.
Lo que han visto reflejado en mí
tan sólo fue su luz.
Es por tu gracia y tu perdón,
que podemos ser llamados instrumentos de tu amor.
Es por tu gracia y tu perdón,
mi justicia queda lejos de tu perfección.

¿Está listo para correr la gran maratón? - Reflexiones

El que trabaja la tierra tendrá abundante comida; el que sueña despierto solo abundara en pobreza.
Proverbios, 28, 19
¿Se imagina correr una maratón? ¿Qué cree que se necesita para ganar una? ¿Cree que está listo para ganar una maratón a día de hoy?
Yo, particularmente, NO ESTOY LISTA PARA CORRER y GANAR LA MARATÓN. ¿Qué quiere decir esto?
Bien mi querido hermano(a), para correr una maratón necesito prepararme muy bien y eso implica años de intenso entrenamiento, que no sólo tiene que ver con levantarme todas las mañanas y salir a correr y dar vueltas por todo el parque como una loquita.
Necesito tener una alimentación sana, baja en grasas y muy bien equilibrada, que quizá yo no sepa como programar, pero que un especialista, como lo es el nutricionista, puede hacer.
Tengo que formar mi carácter, y sobre todo ser disciplinada en todo, desde que abro los ojos por la mañana hasta que le digo buenas noches a mis padres. No puedo tomarme el permiso de perder ni siquiera un minuto invirtiendo mal mi tiempo cuando sé que mi sueño es ganar esa maratón. Por el contrario, necesito tener puesta mi mirada y todo mi ser en ella.
Como todo buen deportista, necesito a una persona que me entrene, que me diga cómo tengo que guiarme en esta nueva decisión mía de correr una maratón. Mi entrenador se levantará temprano, igual que yo, me corregirá cuando no cumpla con alguna serie de ejercicios, quizá en ocasiones me felicite, pero también me exigirá humildad y me pedirá tener los pies sobre la tierra.
Este entrenador mío cuidará que no eche todo a perder con mi ímpetu y vehemencia de creer que ya no es necesario practicar más porque ya estoy lista, él me hará ver mis errores, me exigirá al máximo porque la meta que deseo alcanzar lo merece.
Habrá días en que posiblemente quiera tirar la toalla, que quiera decir ¡BASTA!  Pero mi entrenador me alentará, me exhortará y, sobre todo, me hará ver más allá de lo que en ese momento yo puedo ver.
Los días pasarán y, junto a ellos, todo aquello que necesitaba corregir, y mi entrenador seguirá junto a mí. Hasta que el gran día llegue, que mis piernas no tengan ninguna fractura y que todo mi ser esté bien preparado; ese día mis músculos estarán fortalecidos, no seré más esa niñita a lo que todo solía refutar o la que se desesperaba porque no quería esperar más. Ese día, tanto mi cuerpo como mi mente estarán listos y será cuando me encamine a esa gran meta, correré muchos kilómetros pero ya sabré cómo hacer para que el aire no me falte, mi cuerpo resistirá, mi mente controlará mis emociones hasta que finalmente diré: LLEGUÉ A LA META.
Querido hermano(a), correr la gran maratón es empezar una amistad especial con un hijo(a) de Dios, donde el temor a Él sea el primer ingrediente, donde los egoísmos de ambas partes no existan, sino la infaltable búsqueda del bienestar del otro. Donde el propósito sea llegar a la meta: EL MATRIMONIO.
Esa amistad especial necesita, en PRIMER LUGAR, entrenar muy duro y sobretodo dejarse entrenar, disciplinar, guiar, corregir por su entrenador: DIOS. Así es, Dios será ese entrenador que le hará ver sus errores, quien le alentará, Él le dará paciencia, fe en la medida que usted se lo pida en oración. Dios escuchará esa petición suya de cambiar de manera de pensar si así lo necesita.
Y, así como el deportista que tiene que tener una alimentación sana, usted necesitará alimentarse sanamente también; ¿cómo?: buscando de Dios para ser un mejor hombre o mujer de Dios y también será imprescindible dejar ciertos hábitos que no le ayudarán para nada en su propósito de correr esa maratón con su compañero(a).
¿Quién dijo que los cambios no cuestan? Desde luego que cuestan, y mucho, porque se renuncia a uno mismo y se da paso a lo que es bueno para su crecimiento como ser humano, pero estoy segura que valdrá la pena si realmente quiere llegar a esa META y sobre todo celebrarla de la manera más dulce y tierna, con el AMOR NADA EGOÍSTA QUE USTED ESTARÁ LISTO(A) PARA DAR.
Ya sé que en ocasiones es desalentador mirar a los lados y ver a muchas personas con sus medias naranjas, complementos, o como usted desee llamarlo, pero de un tiempo a esta parte me he hecho una pregunta de esas que me hacen pensar mucho: ¿Habrán entrenado estas parejas, cada una de manera individual, para ahora correr esa gran maratón? ¿O es que sólo están juntos por emoción, ilusión o un amor quizás nada edificante?
La respuesta la obtengo en un plis plas: desafortunadamente es contestada cuando veo divorcios, peleas, golpes, insultos, engaños, egoísmos, búsqueda de otro ser amado y no dar amor verdadero, cuando veo lágrimas de amargura de muchas muchachas o de muchachos yendo a hoteles a dar “amor”. Cuando veo todo ese desorden en sus relaciones compruebo, efectivamente, que NO ESTABAN LISTOS PARA CORRER LA GRAN MARATÓN y que NO LLEGARÁN A LA META SANOS Y SALVOS.
Como dije al principio, YO RECONOZCO NO ESTAR LISTA PARA CORRER LA GRAN MARATÓN Y MUCHO MENOS PARA LLEGAR A LA META, tengo muchas cosas que resolver conmigo misma y por supuesto con mi Padre Celestial, necesito, a decir verdad, su entrenamiento. Necesito que me ayude, dirija, aliente, enseñe y corrija. En estos momentos sería una necedad muy grande si decido correr la gran maratón con otra persona.
Uno de mis sueños es casarme con un hombre que ame a Dios verdaderamente, porque sólo de esa manera él me amará de verdad y no “a su manera”. Dios ha puesto ese sueño en mi corazón y sé que el matrimonio es mi llamado, pero ahora necesito entrenarme, desechar de mí lo que no me edifica. Más claro, querido hermano(a), quiero darle a esa persona lo mejor que tengo: DIOS EN MI VIDA, LATIENDO A MIL POR HORA. Y no niego que tengo que negar mis sentimientos, emociones e inseguridades, falta de confianza... que solían acecharme de una manera increíble y que muchas veces me hicieron alejarme de una de mis metas.
Sin embargo, nuestro Dios cuando te llama a servirle no te suelta para nada; aunque usted huya como Jonás, con Dios no se juega, Él le buscará y le hablará a través de todo y de todos. Por eso querido hermano soltero, soltera, si se encuentra en una relación que sabe perfectamente que no está bien o ve que está cometiendo muchos errores debido a esa falta de entrenamiento, entonces le invito a que sea sabio(a) y se ponga a entrenar desde ya. Su futuro está en sus manos; usted decide, es únicamente un Sí o un No a la felicidad que sólo obtendrá bajo la cobertura de Dios.
Luche, pero no con su cuerpo, pelee la gran batalla sin buscar a “salvadores del amor”, no espere que las heridas que tiene en su corazón sean sanadas por personas de carne y hueso, permita que Dios se las sane. No espere ser la víctima, sea más bien el valiente de la película, ... ¡Sea valiente....!

¿Empezará el entrenamiento para que en el tiempo de Dios corra la gran maratón con su compañero(a) y así llegar a esa gran meta?

Cristo es todo lo que tengo - Vídeo Reflexivo + Video



Cristo es todo lo que tengo, porque todo lo que tengo es gracias a Cristo 



jueves, 13 de diciembre de 2012

Un sueño roto - Reflexiones

El sueño de su vida era ser misionero, y parecía que finalmente se iba a hacer realidad. Sentado en la oficina de la agencia misionera, el nervioso joven le aseguró al entrevistador que él y su flamante esposa estaban decididos a trabajar duro, a administrar sus recursos como buenos mayordomos, y procurar que se proclamara a Cristo al mayor número de personas posible. Confiaban en que todo su futuro iba a salirles a pedir de boca.
Pero pronto todo iba a parecer como si su sueño se fuera a hacer añicos. Durante su preparación para vivir entre otras culturas, él y su esposa se percataron de que ella nunca resistiría los rigores de vivir en el extranjero. Ella era demasiado frágil y débil. Si iban a África, como habían planeado, era seguro que ella moriría.
reflexiones uvas Confuso y destrozado emocionalmente, el joven fue a trabajar para su padre, que era dentista y que tenía un pequeño negocio colateral que producía vino sin fermentar, para los cultos de la Santa Cena en las iglesias.
Al envejecer su padre, el joven se hizo cargo de este negocio secundario. Un día se le ocurrió que tal vez aún podría tocar al mundo para Cristo.
Todavía podría cumplir las palabras que le había dicho al representante misionero ese día. Trabajaría duro, sería un buen mayordomo de sus recursos, y procuraría que se proclamara a Cristo a tantas personas como fuera posible; sólo que lo haría de una manera un poco diferente.
Mantendría su promesa sosteniendo financieramente a otros que podrían ir al extranjero como misioneros.
Trabajó duro, y con el tiempo logró transformar la pequeña compañía en una empresa gigantesca. ¿Cómo se llamaba?
Welch.
Hoy su jugo de uva se vende en todas partes. El Sr. Welch ha ofrendado gigantescas sumas de dinero a la causa de las misiones mundiales. Irónicamente, ha hecho mucho más por la evangelización mundial que lo que podría haber hecho trabajando duro personalmente en el campo misionero. Debido a que se adaptó a sus circunstancias y floreció en donde estuvo plantado, llegó a ser un compañero valioso de las misiones en todo el mundo.
Cuando una puerta se cierra, no te des por vencido, quizá hay otras puertas que no has visto y que se abrirán, para hacer incluso mucho más de lo que inicialmente habías pensado. ¿Cuál fue la última puerta que se te cerró?
¿Ya encontraste la nueva puerta? No olvides que con Dios siempre hay nuevas puertas delante de nosotros.
De cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. Gen 22:17
Conozco tus obras. Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre. Apocalipsis 3:8

Jesús Te Invita a Orar - Por todos

“Clama a mi yo te responderé y en enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”  Jeremías 33:3
Un día, mientras leía varias revistas cristianas, mi corazón fue tocado por un artículo adaptado del libro "La necesidad de orar" de Bounds, lo cual era una invitación de Jesús para orar. Como si el Señor lo dijera, la invitación decía así: "Todo lo que tienes que hacer es amarme, y sólo háblame acerca de alguien por quien sientes carga. ¿Hay personas por quién tú quieras orar? Dime los nombres y pide por ellos. Yo soy generoso y capaz de suplir todas sus necesidades.
Yo quiero que tú muestres tu amor por mí confiando en mí, para que yo haga lo que sé que es mejor. Háblame acerca del pobre, acerca del enfermo, de quien se encuentra turbado, del que está en estrés o del desanimado y acerca de los pecadores. Y si has perdido tu afecto por alguien, dímelo también a través de la oración.
Háblame en oración acerca de tu orgullo, tu terquedad o tu egoísmo o de tu pereza. Si quieres ser honesto, sé honesto conmigo a través de la oración. No te avergüences, que hay muchos santos en el cielo que tuvieron las mismas faltas tuyas; ellos oraron a mí acerca de esas faltas y poco a poco esas faltas fueron corregidas. No te preocupes en pedirme por las bendiciones para el cuerpo y la mente, por la salud y por la memoria, por tu éxito y tu triunfo.
Yo puedo dártelo todo. Soy capaz de suplir lo que es necesario para que tu alma sea más santa y tu vida más abundante.  ¿Qué es lo que quieres hoy?  Dímelo en oración porque yo me complazco en hacerlo. ¿Cuáles son tus preocupaciones hoy?  Háblame acerca de ellas.  ¿Hay alguien a quien tú quieres hacer feliz?  ¿Qué es lo que quieres hacer por él o por ella?
Háblame acerca de tus fallos y yo te mostraré la causa de ellos. ¿Cuáles son tus preocupaciones?  ¿Quién ha causado tu dolor?  Háblame de eso y te daré mi gracia para que seas perdonado y yo te bendeciré.  ¿Estás temeroso acerca de algo?  ¿Te sientes atormentado con temores que parecen no tener razón? Yo estoy a tu lado, yo veré por ti.
No hay nada imposible para mí y yo jamás te dejaré ni te abandonaré. ¿Has perdido tu gozo?  Háblame de eso. Muéstrame tu gratitud y agradéceme en oración por todo lo que he sido para ti. ¿Quieres hablarme acerca de las almas de tus amigos? Yo estoy esperando ser el Padre de ellos…   Estás determinado a ser victorioso sobre las tentaciones.  Has expuesto tu mente a películas degradantes o libros no sanos. Estoy dispuesto a limpiarte".
- Yo soy Jesús.
Amén.

El que Habita Al Abrigo de Dios - Reflexiones con Vídeo - Salmo 91

Ya no temeré nunca más
Del terror nocturnal
O saeta mortal sobre mí
Y a mi lado caerán
Como mil y otros diez mil morirán
Y Tú me librarás
Porque he puesto mi fe en ti
No sobrevendrá mal
A salvo estoy en tu mano
Y me refugiaré en ti
Ángeles mandarás
Que me guardarán siempre
Y como mil caerán a mi lado y diré
En ti confiaré
Y a mi lado caerán como mil y diez mil caerán
Y confiaré en ti Señor, siempre en ti confiaré 
El que habita al Abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente…
Salmo 91
Salmo 91
1 El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: "Esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré".
3 Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y protección es su verdad.
5 No temerás al terror nocturno ni a la saeta que vuele de día,
6 ni a la pestilencia que ande en la oscuridad, ni a mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegarán.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación,
10 no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada,
11 pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán para que tu pie no tropiece en piedra.
13 Sobre el león y la víbora pisarás; herirás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; lo pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y lo glorificaré.



Escrito en la Biblia, mas no en el corazón


Cuando era maestro de la Escuela Dominical, era muy joven y estudiaba mucho. No sólo las lecciones que debía presentar a mis alumnos, sino que también estaba cursando el Instituto Bíblico y, si todo esto no fuera suficiente, estudiaba por mi propia cuenta muchos otros temas bíblicos. A veces mis pequeños alumnos hacían preguntas realmente de altos vuelos espirituales y me tenía que poner a investigar y estudiar muy en serio para ofrecerles una buena respuesta. Después de todo, ellos se lo merecían y yo para eso estaba: para servirles y enseñarles. Hoy me parece increíble que niños de entre diez y doce años me hicieran preguntas tan interesantes. Fue un tiempo muy bello. Disfruté mucho enseñándoles y, a la vez, estudiando junto a ellos. Aprendí mucho de ellos y de sus padres. Todo eso me apasionaba, me incentivaba, me desafiaba a aprender y estudiar más y más. Y eso me gustaba. Creo que en esa época de mi vida es cuando más estudié y aprendí de las Escrituras.
Pero fue bueno mientras duró. Un día, cansado, abatido, literalmente erosionado, desgastado y presionado por un ministro, no soporté más y a mis tempraneros veinticuatro años abandoné esa iglesia y mi ministerio.
Los siguientes años de mi vida no fueron mejores que eso. Las pruebas, una tras otra, como tormenta que parece no acabar nunca, arreciaron sobre mi vida y mi paraíso se transformó en un infierno. Tumbo tras tumbo, iglesia tras iglesia, portazo tras portazo, fracaso tras fracaso, junto al transcurrir de los años, continuaron limando mi vida.
En uno de esos naufragios, frente a la isla de Patmos, conocí a mi “ayuda idónea”, la fiel compañera que me ha acompañado contra viento y marea durante los últimos casi veinticinco años de mi vida, y por quien estoy agradecido a Dios (habría que preguntarle a ella si piensa lo mismo… je!).
Pero ese “oasis” en medio del desierto, esa pausa entre tormenta y tormenta, me sirvió para caer en la cuenta de que todo lo que había estudiado y aprendido no había servido prácticamente de nada. 
Fue, entonces, hora de reconocer los errores y demoler todo lo “construido” hasta ese momento y comenzar a edificar de nuevo sobre otras bases. Tanto es así y hasta tal punto llegó la cosa, que en esa época me citaban un versículo y yo simplemente lo encontraba en la Biblia. Sabía exactamente en qué parte se encontraba. Hoy, confieso que a veces me cuesta encontrar un libro en la Biblia. Hasta ese punto llegó mi “desprogramación”.
Pero lo mejor de todo es que descubrí que todo lo que había estudiado estaba escrito en la Biblia y puede que bien grabado en mi cabeza. Pero si en el momento de la prueba no me sirvió de nada, evidentemente que estaba escrito en la Biblia, mas no en mi corazón.
Hoy veo y escucho a predicadores y líderes de iglesias transitando por el mismo camino. Citan con vehemencia, entusiasmo y hasta con cierta emoción, porciones o paráfrasis de la Biblia, pero, a menudo, descubro que en su vida, aparte del púlpito, en el campo de batalla de todos los días, su modo de conducirse, su manera de relacionarse, de responder ante los eventos de la vida cotidiana, dejan mucho que desear. De nada tengo que escandalizarme. Yo fui igual y no sé si tal vez aún lo sigo siendo.

Palabras bíblicas sin lugar a dudas, pero escritas en la Biblia, mas no en el corazón.

Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos,  sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto,  no de la letra,  sino del espíritu;  porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

(2 Corintios 3:4-6 RV60)

¡Cambia! - Devocional - vídeo

Un rey caminaba por un pueblo todo rocoso y se enojó y dijo: “Quiero que maten todas las vacas y que me alfombren todo el pueblo”. Se juntaron todos los sabios y le dijeron: “Muy bien rey, tenemos que matar diez mil vacas, curtir todo el cuero y en diez años tendremos alfombrado todo el reino para que nuestro rey no se lastime”. Y vino un bufón que le pidió permiso para decir algo: “¿Por qué no matan una vaca, le sacan el cuero y le hacen unos zapatos?” Y el rey aprendió que era mejor cambiarse uno mismo que tratar de cambiar a todo el pueblo.
No gastes tus energías queriendo cambiar a tu esposo, esposa, novio, novia, suegros, hijos, porque si la persona no quiere, no cambia.
Al pretender cambiar a alguien estamos queriendo ocupar el lugar que le corresponde al Espíritu Santo;  entonces se activa en la persona un mecanismo de defensa que hace que se resista a ello. Sólo Dios cambia a la gente y si estás tomando su lugar, Él no puede operar.
Hay una historia en la Biblia en donde se narra el cambio que tuvo un hombre llamado Saúl, que fue ungido rey, por el profeta Samuel:
 ”Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel? El Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás MUDADO en otro hombre”.
Del anonimato a la fama:
Saúl era un hombre que pertenecía a la tribu más pequeña del pueblo de Israel y su familia no era de renombre; al contrario, él mismo dijo que era “la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín”. Saúl, por lo que se puede entrever, tenía problemas con su estima, pues se consideraba a sí mismo una persona “muy insignificante”. Cuando Samuel le dijo que todo lo bueno y codiciable que había en Israel sería para él y su familia, a Saúl le sonó tan raro que le parecía una locura que alguien como él fuera el candidato al trono.
Pero Samuel le había dicho que cuando el Espíritu de Dios viniera sobre él sería cambiado a otro hombre. Sufriría una transformación interna, de tal manera que aún profetizaría junto a una compañía de profetas. Cuando Saúl fue encontrado por Samuel, andaba buscando unas asnas que se le habían perdido a su padre; o sea, hasta ese momento su vida era muy rutinaria, no había en ella emoción para nada y, de repente, por elección divina, dejó de ser un hombre común y corriente para ser el hombre más importante del pueblo. Él sería el futuro rey de Israel.
¿Te preguntaste cuántas cosas extraordinarias puede hacer Dios con tu vida, si sólo le das lugar para que Él te muestre las cosas excelentes que tiene preparadas para ti?
“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”.
Una mente pobre, transformada en una mente brillante:
Lo único que hizo que Saúl sintiera que él era apto para tan gran responsabilidad, fue que el Espíritu Santo cayó sobre él con poder. O sea, la única Persona que puede convencernos de que hay algo más para nosotros es Él y sólo Él, SIEMPRE QUE LE DEMOS OCASIÓN. No pienses que esto es algo mágico. Fíjate que en el libro del profeta Joel, dice: “convertíos a mí con todo vuestro corazón”, ¡y le está hablando a su pueblo! Convertirse es abrir nuestra vida a la obra del Espíritu Santo, dejar de ponerle límites a Dios, dejar de decirle cómo debe moverse y cómo debe actuar. Es poner los dos oídos, los ojos y la boca a disposición de la voz y la guía del Espíritu Santo.
Un converso es alguien que ha dejado de ponerle límites a Dios y vive con la unción del Espíritu Santo.
La gente nos puede llenar de consejos, darnos palabras de ánimo, de estímulo y de consuelo; pero NADIE NOS PUEDE CAMBIAR LA MANERA DE PENSAR. Y no olvides que esto es tu decisión, porque tampoco va a haber cambios en tu vida si no le das opción a la Palabra de Dios.
Los cambios te llevarán hacia la cima:
 En el ejemplo de Saúl, vemos que si por él hubiera sido, nunca hubiera aceptado ser rey, porque él no se veía dirigiendo los caminos de todo un pueblo. No cambió porque Samuel le anunciara su asunción del trono, sino porque Dios mismo le convenció para que lo hiciera.
En el tiempo de Saúl, el Espíritu Santo tenía una morada temporal sobre quienes Dios designaba para tareas específicas. Pero en este presente siglo ya no es siempre así, su morada es, muchas veces, permanente. Ahora, no es Dios quien elige a las personas, sino al revés, son las personas las que tienen la libertad de elegirle a Él, muchas veces. Que alguien quiera cambiar es una DECISIÓN PERSONAL, como el rey del cuento que decidió cambiar él y no cambiar a todos los demás. Por eso Jesús “llama a la puerta”, no la fuerza, ni siquiera él que es el Dios de toda la tierra, no nos obliga a abrir, mas bien nos invita a recibirle.
Por eso, el cambio más importante que tenemos que lograr es que nunca pretendamos cambiar a nadie. Mejor decide cambiar tú. Por ejemplo, a veces tienes ideas brillantes para llevar a cabo pero no encuentras la gente que te acompañe en la misión y, entonces, te desilusionas y terminas hablando mal de ellos. Pero así no vas a lograr nada, lo que tienes que hacer es buscar personas que tengan una visión como la tuya y así emprender el proyecto que tienes pensado.
A veces quieres cambiar a tu mamá o a tu papá y les repites una y otra vez las mismas cosas, sin darte cuenta de que ellos ya tienen una vida hecha, y que sus costumbres están muy arraigadas en su corazón; quizá te escuchan un día, pero al siguiente día van a estar haciendo lo que a ellos les parece correcto. Cuando hay mucha oferta de consejos hay muy poca demanda; nadie te va a agradecer los consejos que no te pidió. Los consejos se dan cuando alguien te los pide, no cuando no te los piden, porque si no el consejo no sirve de nada. Debemos dar libertad a la gente y entender que para todos no es igual el proceso de maduración emocional y espiritual. Pero nosotros debemos seguir “renovando espiritualmente nuestra mente”, porque esa es la voluntad de Dios para cada uno de nosotros.
Tienes que creer que tienes capacidad para que todas las cosas te vayan a salir bien. Cree, que vivirás cosas grandes y gloriosas.

No hay condenación sobre tu vida, empieza a fluir en tu vida; no te resistas. Depende de ti vivir tu vida como un esclavo o como una persona libre. Tú decides vivir la vida con miedo o disfrutándola. Tienes dos opciones, o tienes miedo a lo nuevo, o empiezas a disfrutar lo nuevo que viene. O tienes miedo a perder lo que tienes, o disfrutas lo que viene para tu vida. Sólo tú puedes decidir si vivir como una persona renovada o como una persona atada al pasado. ¡Este es el día para tomar una decisión, para empezar a hacer las cosas con excelencia! Porque la excelencia no es hacer las cosas mejor que otros: excelencia es que te superes cada día, es que seas la mejor versión de ti mismo.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Oídos, sólo para Dios - Devocional - vídeo

“El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”
(Salmos 33:11)
A Chuck Ross, un escritor de Los Ángeles, se le ocurrió en 1975 hacer un curioso experimento. Ross envió a cuatro editoriales una parte del libro Pasos (Steps), del afamado escritor de origen judío Jerzy Kosinski. La novela de Kosinski había sido publicada en 1969 y había ganado el National Book Award de ese año. Para sorpresa de Ross, el manuscrito fue rechazado por las cuatro editoriales. Unos años más tarde, y convencido por el mismo Kosinski, Ross repitió el experimento. Esta vez envió el texto completo a catorce editoriales y trece agentes. Nuevamente fue rechazado por todos, incluso por la editorial Random Hause, quien fue la que en 1969 publicó el libro de Kosinski por primera vez. Una historia que hace que riamos un poco, pero que también tiene una segunda lectura menos hilarante. El experimento de Ross nos recuerda que las personas no tienen la última palabra sobre nuestra vocación o talentos. Que no debemos sobredimensionar la opinión de otros, y que debemos creer verdaderamente en lo que queremos alcanzar.
David, el hombre que había sido ungido por Dios para ser rey de Israel, aquél sobre cuya cabeza el gran profeta Samuel había derramado el aceite de la unción autorizando su llamado divino, el que otrora había dado muerte al temerario gigante Goliat, se encontraba huyendo de un rey que veía en David todo lo contrario. Dios veía a David como el rey, pero Saúl como un traidor en potencia. El Señor lo veía como una bendición para Israel, pero Saúl como una mala influencia para su hijo Jonatán y como un soliviantador. El Pueblo consideraba a David un salvador, Saúl sólo lo veía como un usurpador. La ambivalencia de opiniones presionaba a David hasta el punto de temer por su vida. Pero… ¿qué pensaba David de sí mismo? Por su conducta inferimos que siempre le creyó a Dios.
Pasó doce largos años de huidas y dificultades. Rechazado, desterrado y sin rumbo fijo; rodeado de un grupo de hombres de dudosa reputación; recibiendo infortunio tras infortunio, hasta que llegó el día en que todos se dieron cuenta de lo obvio, de lo que Dios había dicho. David fue reconocido como el rey que por decreto del Altísimo era. Su reinado de cuarenta años fue llamado la etapa dorada de Israel. Hoy es recordado como un gran hombre de Dios, capaz de creer, a pesar de la opinión cambiante de los demás.
Al apóstol Juan le llamaban endemoniado, mientras que otros le decían profeta. A veces los que gritan más eufóricamente “¡Hosanna!”, más tarde pueden gruñir a toda voz, “¡que le crucifiquen!”  Se trata de seguir adelante, de reírse de la adversidad y desoír las opiniones vacilantes. “Cuando vayan mal las cosas, como a veces suelen ir, cuando tu camino tenga sólo cuestas que subir, cuando tengas poco  para cobrar, pero mucho que pagar y precises sonreír aún teniendo razones sobradas para llorar, cuando el dolor te agobie y no ya no puedas sufrir más, descansar acaso debas, pero nunca desistir” (Rudyard Kipling).

No sucumba ante la virulenta desaprobación de los demás, ni dé saltos de alegría ante el efímero elogio. Haga lo que por vocación santa ha sido llamado a hacer. No deje que le distraigan los aplausos, ni que le entristezcan las contradicciones. No se preocupe por los que están a su alrededor, sino por el que mira desde lo alto. Sólo persista, persista, persista.