Conducir de manera negligente, discutir e insultarse es habitual entre algunos taxistas y chóferes de minibuses en Accra, Ghana, lo cual suele generar peleas. Sin embargo, una vez presencié un incidente que acabó de diferente forma. Un taxista casi chocó contra un autobús. Supuse que el chófer del autobús se enojaría y le gritaría al otro hombre. En cambio, lo miró y, con tranquilidad, le sonrió. Esa sonrisa obró maravillas. El chófer del taxi levantó la mano, se disculpó, le sonrió y siguió su camino… la tensión había desaparecido.

Cuando el enojo, la tensión o la amargura amenazan
nuestra relación con Dios y con los demás, recordemos que «el corazón alegre
constituye buen remedio» (Proverbios 17:22), que nos traerá gozo y bienestar.
¿Cómo te
sentiste la última vez que discutiste con alguien? ¿Cómo te afectó?
Encontramos
gozo cuando aprendemos a vivir en el amor de Cristo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario