lunes, 5 de septiembre de 2016

Suelta Las Estacas

“Si hiciéramos todo lo que somos capaces de hacer, quedaríamos realmente sorprendidos”. Thomas A. Edison
Recientemente estuve en una empresa prestigiosa donde compartí acerca del cambio, entendiendo los tiempos que vivimos, para poder ser más efectivos en nuestros negocios. Es un tema que puede adaptarse a la vida, ya que si no entiendes el cambio tu tendencia será quedarte atrás. El cambio es constante, y lo único que no cambia es la Palabra de Dios. En ella encontramos principios para vivir en cualquier época o cultura. Lo que debemos procurar es adaptar los principios a los tiempos que vivimos.
Resultado de imagen de Suelta Las EstacasLos cambios se están dando constantemente y si yo quiero crecer, si yo quiero vivir debo estar dispuesto a cambiar. ¿Qué cosas debo cambiar? Muchas personas están enfrentando problemas en su matrimonio, en sus finanzas, en sus empleos, en su carrera  y no saben qué hacer. Ellos tienen estacas que no les permiten avanzar. Las estacas pueden ser barreras mentales con las cuales crecemos.
¿Qué estacas te mantienen en el suelo que no te permiten ir tras tus sueños?
Es como el cuento de “El elefante” de Jorge Bucay. Para los que no lo han leído se lo dejo aquí:
“Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante, que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales… Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba sus patas
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre y un tío por el misterio del elefante. Uno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí, por suerte para mí, que alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió porque aquella estaca era demasiado fuerte para él.
Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre,... cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor de todo, es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Nunca intentó volver a poner a prueba su fuerza…
Ese elefante se parece a muchos de nosotros que creamos estacas mentales: “yo no puedo”, “yo no sirvo para eso”, “yo nunca lo lograré”, “nadie lo ha hecho”, “siempre lo hemos hecho así”, y podemos llegar a realizar una larga lista de estacas o barreras mentales que no nos permiten ir más allá. Son muchos hoy los que se sienten encadenados a relaciones disfuncionales, a trabajos o empleos que no les gustan, a adicciones que no pueden controlar, a malos hábitos que esclavizan..., lo que les genera insatisfacción, frustración, ira, enojo, tristeza, miedo, entre otras emociones y estados de ánimo.
Todo esto que se produce en usted, se debe al desconocimiento de su propósito en la vida. Cuando desconoces tu propósito, tu vida pierde significado. El propósito te mantiene motivado, con energía, listo y enfocado.
Cuando descubres tu propósito te das cuenta de que eres capaz de hacer muchas cosas que pensabas que no podías hacerlas. Cuando descubres tu propósito puedes fluir libremente en los dones y en los talentos que Dios te dio. Cuando descubres tu propósito puedes cambiar y vivir la vida a la cual Dios te ha llamado.
“Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.” Juan 8:36 (NVI)
Dios te ha llamado a vivir en libertad. Hoy es un buen día para cambiar, para soltar las estacas y comenzar a vivir, a soñar, a sentir tu corazón volar. Busca tu propósito en la vida, descubre tus dones y talentos; tú no eres un elefante, tú eres imagen y semejanza de Dios. Tú eres un ganador/a.

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