viernes, 10 de junio de 2016

Jesús y la mujer samaritana - el agua de vida eterna


No sabemos su nombre ni su edad. Pero su conversación con el Señor es la más extensa registrada en las Escrituras. Razón suficiente para encontrar esta charla muy interesante.
Recordemos: Era mediodía y hacía mucho calor. Jesús había salido de Judea e iba hacia Galilea. El viaje era largo, y pasando por la heredad que Jacob dio a su hijo José, junto a la ciudad de Sicar, decidió detenerse a descansar. Allí había un pozo, del cual pensaba beber agua mientras esperaba a sus discípulos que habían ido a la ciudad por comida. En esto, nuestra mujer sin nombre apareció con el tarro de barro en la mano, y Jesús le hizo una simple petición: "¿Me das de beber?" (Juan 4:7).

¡Vaya!, algunas cosas no cuadraban
. Primero, se suponía que los judíos no debían hablar con los samaritanos. Segundo, a los hombres no se les permitía verse cara a cara con las mujeres sin que estuvieran sus maridos presentes. Y tercero, los rabinos no tenían nada que hablar con mujeres como ésta. Pero Jesús estaba dispuesto a hacer una excepción a las reglas, no así la mujer que estaba junto al pozo. "Tú eres un judío y yo soy samaritana", le recordó ella. "¿Cómo puedes pedirme que te de agua?" (Juan 4:9).
Ella se centró en la ley; pero Jesús lo hizo en la gracia, ofreciéndole algo que no pudo rechazar.

"Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: dame de beber; tú le pedirías y él te daría agua viva" (Juan 4:10). Sin duda una invitación tentadora. Y el regalo, una oferta irresistible, un don especial que vino por la gracia de Jesucristo" (Romanos 5:15).

El Señor, en vez de insistir para que le diera de beber, le ofreció agua, pero un agua diferente,"viva" (Juan 4:10). Ella sintió curiosidad, la del pozo era agua común, pero... ¿cómo sería el agua viva?

La mujer, educada pero con valor, señaló lo obvio: "No tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo, ¿De dónde puedes obtener esta agua viva?" (Juan 4:11). Su curiosidad natural la impulsó a hacer preguntas, tan demandantes como hoy en día. Pero tales preguntas no fueron causa de nerviosismo, pues Jesús sabía como lidiar con la incredulidad y la duda de las personas.

Para saciar su sed espiritual, el Señor primero le enseñó la verdad sobre el agua: "Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed" (Juan 4:13). Y luego le resaltó una promesa que Él ofrecía: "El que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed" (Juan 4:14). En pocas palabras, sencillas
 pero profundas, pasaría de la vida cotidiana a la vida eterna.

¿Estaba esta mujer lista para dar ese paso de fe? No exactamente. Ella quería lo que le estaba ofreciendo, pero solo para evitar regresar otro día al pozo por agua: "Dame esa agua, para que no tenga sed, y tenga que venir al pozo a sacarla" (Juan 14:15). Siendo honestos, admitiremos que muchas veces, también tenemos esta motivación, y las ganas de satisfacer nuestras necesidades y deseos físicos nos hacen pasar por alto las necesidades espirituales.

Y hablándole Jesús le dijo: "Ve, llama a tu marido y vengan los dos" (Juan 4:16). No era una extraña petición, ya que las mujeres no podían conversar a solas con un hombre en un lugar público. Su petición era más sobre el descubrimiento de la verdad que tratar de seguir las reglas de la sociedad.

Solo Jesús tiene el agua de vida eterna, solo Jesús es la solución a la sed espiritual del hombre.



No hay comentarios:

Publicar un comentario