jueves, 19 de mayo de 2016

Invisible, pero amado

A quien amáis sin haberle visto… 1 Pedro 1:8.
No conocía a Bruce C, como muchos otros del grupo, pero cuando su esposa publicó una nota en el grupo informándonos que su esposo había fallecido, un torrente de respuestas de lugares diferentes reveló que todos sabíamos que habíamos perdido a un amigo.
Inline image 1A menudo, Bruce C nos había abierto su corazón, contándonos sobre las cosas que le importaban y su interés por los demás. Muchos creíamos que lo conocíamos, pero íbamos a extrañar la delicada sabiduría que había obtenido tras años siendo agente de policía y de confiar en Cristo.
Recordar nuestras conversaciones, me hizo renovar mi aprecio por las palabras de un testigo de Jesús en el siglo I. En su primera carta del Nuevo Testamento, el apóstol Pedro escribió refiriéndose a Jesús: a quien amáis sin haberle visto (1 Pedro 1:8).
Pedro, como amigo personal de Jesús, les escribía a personas que habían escuchado sobre Aquel que les había dado tanta esperanza, en medio de sus dificultades. Estos, como miembros de una comunidad mayor de creyentes, lo amaban. Sabían que, con su propia vida, había pagado el precio para incorporarlos a la familia eterna de Dios.
Señor, aunque nunca te vimos, creemos en ti. Haznos pertenecer a una comunidad de amor entre hermanos en Cristo.
Nuestro amor al prójimo es la medida de nuestro amor a Dios.

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