sábado, 16 de mayo de 2015

La búsqueda de la Felicidad y el Placer

pradera floresDías atrás, charlando con un hermano de la Iglesia que tiene fama de ser algo legalista, me hizo esta pregunta: "¿eres una de esas personas, hedonistas, que solo viven sus vidas buscando placer?" Sin duda, es una pregunta que a muchos cristianos les puede resultar un tanto incoherente, absurda o chocante, pero para mí no lo fue, y al instante le contesté: "¡Claro que Sí, soy una de ellas!" Su cara no demostró estar muy conforme con mi respuesta, es obvio que no esperaba escuchar eso. Pero segundos más tarde esbozó una leve sonrisa, algo irónica, y dijo: "Un creyente no debería vivir así!". Por supuesto que no podía quedarme callado sin darle una explicación sobre lo que dije, y comencé por hacerle una pregunta.
"¿De verdad, tú crees que para llevar una vida como cristiano hay que mantenerse alejado del placer? Yo no lo creo así. Vivir en Cristo no es dejar de sentir placer, sino renunciar a aquellos placeres que van en contra de sus enseñanzas, y disfrutar plenamente, de los que van acorde con ellas".  
O sea, "Placeres eternos contra Placeres pasajeros".
El profundo placer que experimentamos siendo cristianos y la felicidad que nos da el Espíritu Santo, no tiene comparación con el estilo de vida mundano que solo brinda emociones pasajeras y vacías. Cierto escritor escribió: "el deber del creyente es disfrutar al máximo de las cosas que vienen de Dios"; recordemos lo que dice el Salmo 37:4 "Deléitate asimismo en Jehová..."  y tras estas palabras hay una hermosa promesa: "... y te concederá los deseos de tu corazón". 
Amigo, sería bueno que te preguntes y respondas, al terminar de leer el texto...: ¿vives tu vida buscando placeres?, ¡seguro que Sí! Pero lo que de verdad importa es ¿qué tipo de placeres buscas?, ¿profundos o vacíos?, ¿eternos o pasajeros?, ¿los que honran al Señor o los que lo menosprecian?
Dios mío, Tú sabes que estamos en tiempos maleables, que pocos practican y enseñan lo bueno, que en cambio, son muchos los que hacen el mal e indican a otros caminos erróneos de lo que es la verdadera ruta a la felicidad. Padre amado, ilumina nuestras vidas con tu luz, guía nuestros pasos por tus sendas y llena nuestros corazones de ese placer que solo Tú puedes dar. Amén.


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