lunes, 16 de noviembre de 2015

Poned vuestra mira en las cosas de arriba


Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Colosenses 3:2.
Cuando el pueblo de Dios aparte sus ojos de las cosas de este mundo y los ponga en el cielo y en las cosas celestiales, será un pueblo peculiar porque verá la misericordia, la bondad y la compasión que Dios ha manifestado por los hijos de los hombres. Su amor le exigirá una respuesta, y su vida evidenciará a quienes lo rodean, que el Espíritu de Dios lo domina, que está poniendo sus afectos en las cosas de arriba y no en las de la tierra.
Al pensar en el cielo, podemos llevar nuestra imaginación hasta el límite, e idear los más elevados pensamientos de que seamos capaces, y nuestra mente se fatigará en el esfuerzo por comprender la anchura, la profundidad y la altura del asunto. Es imposible que nuestras mentes abarquen los grandes temas de la eternidad. Es imposible que nos esforcemos por comprender esas cosas sin que afecte a nuestro carácter para el bien, y recibamos una influencia elevadora en nuestra mente. Al pensar en que Cristo vino a nuestro mundo para morir por el hombre caído, comprendemos algo del precio que se pagó por nuestra redención, y que no existe verdadera bondad o grandeza sin Dios.
Solo por medio de la luz que irradia la cruz del Calvario sabemos a qué profundidad de pecado y degradación cayó la raza humana debido a su transgresión. Solo por la longitud de la cadena que desciende del cielo para levantarnos, podemos conocer las profundidades en las que estuvimos sumidos. Y solo teniendo presentes las realidades invisibles podemos comprender algo del maravilloso tema de la redención.
Estamos casi en el hogar; pronto oiremos la voz del Salvador, más hermosa que cualquier música, diciendo: “Tu lucha ha terminado. Entra en el gozo de tu Señor”. Bendita, bendita bendición; deseo escucharla de sus labios inmortales. Deseo alabarlo; deseo honrar al que está sentado en el trono. Deseo que mi voz suene y resuene en las cortes del cielo. ¿Estaréis vosotros allí? … Que Dios nos ayude… y que podamos gustar de las alegrías del mundo venidero.

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