lunes, 9 de marzo de 2015

¿Evangelista o Evangelizador ?

El predicar el Evangelio, o mejor dicho, anunciar el Evangelio para dar a entender que únicamente estamos hablando del Evangelio desde un púlpito, es tarea de todo creyente. Eso es lo que el Nuevo Testamento nos enseña, en lo que se da por llamar La Gran Comisión. 
Mateo 28:19-20 dice: “Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Amén.” 
Este mandamiento es general para todo aquel que ha confiado en Cristo como su Salvador. Nuestra responsabilidad es anunciar las Buenas Nuevas de Salvación o el Evangelio a todas las personas en todo el mundo. Las personas que respondan al Evangelio recibiendo a Cristo como Salvador, necesitan luego ser discipuladas. Se entiende el texto, bajo el punto de vista de que debemos ir y hacer discípulos a todas las naciones. Como resultado del propio discipulado, los nuevos creyentes llegarán a saber que necesitan bautizarse en agua en cumplimiento del mandato de Cristo, y aprenderán a vivir conforme a lo que Dios ha dicho en su Palabra.
Pero esta tarea no es solamente para los pastores y para los que han experimentado alguna prueba difícil y tienen algo para contar a sus oyentes. Esta tarea es absolutamente para todos. No importa si seamos pastores o no, no importa si hayamos tenido o no alguna prueba difícil en nuestras vidas. Cierto es que no todos podremos predicar el Evangelio desde un púlpito, a través de la radio, o a través de la televisión, pero todos nosotros podemos anunciar el Evangelio personalmente a nuestros amigos, a nuestros vecinos, a nuestros familiares.
Todos podemos entregar un folleto evangelístico. Todos podemos predicar el Evangelio sin palabras, por medio de nuestro ejemplo, por medio de nuestras vidas, transformadas por el poder de Dios a raíz de que fuimos salvos. La gente incrédula no se va a salvar por oír interesantes testimonios de personas que han atravesado por severas adversidades, antes o después de recibir a Cristo como Salvador.
La gente incrédula se va a salvar por oír con fe los hechos del Evangelio, por depositar su fe en esos hechos y por dejar que su voluntad se active para recibir a Cristo como Salvador. Las historias interesantes de contar de lo que éramos antes de conocer a Cristo, puede ser que en algo colaboren a la salvación de una persona, en el sentido de ayudar a ver cómo Dios salvó a alguien, pero definitivamente, lo que transforma a una persona es el poder del Espíritu Santo y el testimonio de la palabra de Dios.
Así que, si Ud. no tiene nada interesante para contar de su propia experiencia, no se preocupe por eso; sea fiel anunciando el Evangelio, y dejando que sea el Espíritu Santo quien grabe ese evangelio en el corazón de los que escuchan su mensaje. Dios no nos ha llamado a ser los salvadores de la gente, Dios nos ha llamado solo para anunciar su mensaje de salvación. Quien salva a la gente es Dios, no nosotros.

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