lunes, 9 de marzo de 2015

El pajarito y el viento

Había un pajarito que continuamente estaba quejándose, porque aleteaba con todas sus fuerzas y a pesar de sus denodados esfuerzos, no podía avanzar muy rápido. El aire lo frenaba. Quería ascender más y más alto, pero el mismo viento se lo impedía. Un día, el “señor de los cielos, -el aire y el viento-” cansado de sus súplicas y quejas decidió hacer algo al respecto. Le quitó el aire.
Entonces, el empeño de aquel pajarillo se vio terriblemente frustrado, porque por más que aleteaba, sin aire, sus alas ya no servían para nada y no conseguía despegarse del suelo. La falta del vital aire se hizo sentir también en su cuerpo. A punto de morir asfixiado por no poder respirar, con el último aliento de vida que le quedaba, clamó a su señor, y éste le devolvió el aire que tanto odiaba y le ofrecía resistencia. Otra vez podía vivir… y volar. ¡Bonita lección!
Muchas veces he pensado y afirmado que las “cartas con las que me ha tocado jugar en esta vida” no son precisamente las mejores. Pero, ¡cuántos esfuerzos, cuántos intentos de estar mejor, cuántos proyectos he visto frustrarse sin llegar a nada!
A veces, cansado y sin aliento, he bajado los brazos clamando a Dios por que tuviera a bien quitarme las dificultades… ¿Y eso no es lo mismo que el clamor del pajarito porque no podía volar más rápido y más alto, a causa del mismo aire que le daba aliento de vida y le permitía volar?
Querer estar y ser mejor en cualquier ámbito, desde cualquier punto de vista que se mire, es perfectamente lícito y absolutamente sano. Lo que no es bueno es querer renunciar a las dificultades que nos toca pasar, o rendirse ante ellas. Así como el blanco no es blanco sin el negro, la luz no es luz sin las tinieblas; nada es nuestra vida en este mundo sin las dificultades que nos rodean.
No se transige ni se negocia con las dificultades. Las vencemos o nos vencen. No salió a negociar David cuando se enfrentó a Goliat. No afrontó el desafío contra el enorme gigante precisamente con las mejores armas… sólo con las “cartas” que la vida le dio para que las pusiera en juego. Sin armadura de guerrero y tan sólo con una honda de pastor y unas piedras.

Amada/o: Clama a Dios por visión, ciencia y sabiduría para usar las armas que tienes en tus manos. Te sorprenderá lo que no sabías que puedes hacer y el gigante se desplomará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario