miércoles, 22 de octubre de 2014

Aurora Boreal

Los pingüinos emperador, son aves que no tienen más de 115 centímetros de estatura, no pueden volar y viven solo en la Antártida. En esta zona, la inclinación de los polos hace que la noche dure seis meses y que el día dure otros seis.
Durante el periodo nocturno que pasan, esta especie permanece viviendo en un solo lugar, concentrándose en numerosos grupos, muy juntos, para soportar las bajas temperaturas y la adversidad perturbadora de las noches largas. A veces, la densidad de la oscuridad es muy grande, debido a que la luna se aleja, se refleja la luz del sol en otras latitudes, y las estrellas son tapadas por las nubes. Sin embargo, para los pingüinos que permanecen firmes hasta el final, existe una señal que los ayuda a saber que pronto está por llegar el amanecer.
Cuando la energía solar acumulada, hace que los primeros rayos del sol se estrellen contra la capa de ozono que cubre la Antártida después de 6 meses, no penetran en su totalidad en la tierra, sino que son dispersados sobre esa capa de ozono, y se descomponen en varios colores. Aunque en la mayoría de las veces, el azul del cielo se combina con el dorado amanecer, en otras ocasiones se logra crear uno de los más elegantes espectáculos que nos puede ofrecer la naturaleza, la aurora boreal.
Los pingüinos son los únicos animales que la pueden ver con la misma diversidad de colores que el hombre, de modo que no se pierden el luminoso festival en toda su majestuosidad, que anuncia el inminente amanecer.
Quizá esta misma sensación tuvo una mujer llamada Ana. Era una mujer a la que no le hacía falta nada, pero tenía mucha tristeza porque no podía concebir hijos. Las ganas de comer se le habían ido, los golpes sentimentales que recibía por medio de las palabras sarcásticas de algunas mujeres que tenían hijos y el escaso consuelo que le daba su esposo, la empujaban hacia el abismo.
Pero una mañana se levantó temprano, comió y bebió, para luego salir a orar al templo. Una vez allí, con amargura en el alma, clamaba pidiendo que Dios le permitiera tener un hijo.
Un sacerdote que estaba cerca, al verla mover solo los labios, pensó que estaba ebria y le pidió que se fuera, pero ella le respondió: “No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová… porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.” Entonces el sacerdote le dijo: “Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.” 1 Samuel 1:17 (RVR 1960)
Esta palabra resplandeció en lo más profundo de su corazón; al igual que una aurora boreal, levantó la cabeza y vio un espectáculo colorido después de incontables noches de desolación. Ella aún no tenía cumplida su petición, pero tenía una palabra que la llenaba de fe. Aún no había visto el amanecer, pero veía como la aurora boreal se levantaba colorida, en medio de su oscuridad.
Enseguida la mujer se fue por su camino y comió, y no estuvo más triste, porque ella sabía que llegaría pronto el amanecer que tanto había estado esperando. Después de poco tiempo, Ana pudo concebir un hijo al que llamó Samuel, el gran profeta que ungiría a la monarquía que reinaría en el pueblo de Dios. 1 Samuel 1:1-20 (RVR 1960)
La aurora boreal anuncia, para los pingüinos, que ya viene el amanecer, y también una promesa de Dios: anuncia al que espera con fe, que ya viene la respuesta a la petición de su corazón.
No te pierdas en medio de las densas tinieblas de tu problema, no te dejes vencer si no ves aún la luz. Sigue orando con firmeza y deja que las promesas de Dios iluminen tu momentánea oscuridad, porque al igual que la aurora boreal, Sus promesas anuncian que el amanecer está cerca.

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