Sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios. 1 Tesalonicenses 2:13.
Para comprender la Palabra necesito la ayuda de Dios, pero también es preciso que mi mente esté:
– Disponible: tomándome tiempo para leer el texto bíblico.
– Abierta: apartando a un lado mis prejuicios, y dejándome interpelar por ella con un espíritu de humildad y fe. En efecto, es Dios quien me habla; puedo confiar en Él porque me ama y siempre me dice la verdad.
– Receptiva: Dios me revela sus pensamientos, me ofrece su amor, se da a sí mismo. Y recibo todo esto como un regalo.
– Obediente: porque la fe conduce a obedecer. Cuando Dios me habla, mi respuesta debería ser espontánea: hacer lo que Él me dice.
El mensaje central de la Palabra es que Dios es amor y dio a su Hijo muy amado. Cuando la leemos con confianza, Dios nos atrae hacia Cristo, su Hijo unigénito, el Salvador. Al recibir su mensaje, recibimos a Jesús, el Salvador. Él es el único camino para conocer a Dios como nuestro Padre.
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