Diversos estudios de hace algunos años, dicen que una persona que es abrazada recibe un fuerte estímulo emocional. Cada ser humano necesita frecuentemente, unos cuántos abrazos para sobrevivir, para mantenerse, para crecer; sea cierto o no totalmente, un abrazo en cualquier circunstancia especifica en la que necesitamos sentirnos bien, es realmente reconfortante. Pues imagínate sabiendo que Dios sin darnos cuenta, lo hace, que nos abraza y nos rodea con sus brazos de amor; la verdad es que con un solo abrazo de Él nos basta y sobra.
Tal vez hoy, hayas sentido la necesidad enorme de un abrazo que te dé la fuerza para continuar, que alguien sin muchas palabras te haga ver que no estas solo y que te comprende, que te tome entre sus brazos y te haga sentir querido. Puede que no haya esa persona ahora a tu lado, pero si alguien sabe exactamente lo que estás sintiendo es Dios, te conoce tanto que, ante la necesidad de un abrazo Él extiende sus cálidos brazos para ti, para que encuentres esa paz que estás buscando y para mostrarte que no estás solo, que te protege y te comprende en tu situación, que eres tan especial que sus brazos siempre estarán abiertos para ti.
Si hoy te ha faltado fuerza, si hoy has sentido que no puedes continuar, si la dificultad o la incomprensión te han hecho sentir que estas solo y si la desesperación es tan grande, que ni siquiera las palabras pueden cambiar tu ánimo, ve a los brazos de Dios; en ellos hay descanso, ahí se encuentra el escondite seguro donde nadie puede hacerte daño, donde todo se convierte en nada cuando eres tocado por su amor. Tal vez no necesites oír nada más que estas palabras, “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”. Mateo 11:28 (NVI)
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