lunes, 23 de junio de 2014

La negligencia en un líder de papel con pies de barro

La diligencia es veloz, simula un guepardo corriendo en la sabana. La negligencia es lenta como una hormiga. No pueden mezclarse, como tampoco el aceite y el agua. 
Una mañana me levanté un poco desanimado y sin muchas ganas de dirigirme a mi oficina. Los papeles estaban acumulados en el escritorio; muchas cartas por contestar y estudios para preparar; algo en mi interior me impulsaba a ser negligente. Sin muchas ganas encendí mi ordenador para revisar el correo electrónico, y unas palabras, que estaban en la pantalla, al leerlas me dieron nuevos ánimos. Son estas: aprendí y decidí. Y así, después de esperar, un día como cualquier otro, 
  • Decidí triunfar. 
  • Decidí no esperar a las oportunidades, sino yo mismo ir a buscarlas.
  • Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución. 
  • Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis. 
  • Decidí ver cada noche como un misterio a resolver. 
  • Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz. Aquel día descubrí que mi único rival no era más que mis propias debilidades y que esa era la única y la mejor forma de superarme. Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer no ganar. 
  • Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui. Me dejó de importar quién ganara o perdiera; ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer. 
  • Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino no dejar nunca de subir. 
  • Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamarle a alguien “amigo”. 
  • Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento: el amor es una filosofía de vida. Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de mi presente. 
  • Aprendí que de nada sirve ser luz, si no vas a iluminar a los demás. 
  • Aquel día decidí cambiar tantas cosas.... Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad. Desde aquel día ya no duermo para descansar, ahora simplemente duermo para soñar. –Walt Disney
Con diligencia el campesino labra y siembra la tierra. Él sabe que la negligencia es el peor enemigo de la productividad. Su diligencia se demuestra a la hora temprana de la mañana en que se levanta, porque desea aprovechar bien el tiempo. Se demuestra también en el lugar donde guarda las herramientas y las semillas. Se ve en su pronto y rápido caminar, y en que jamás dará en su trayectoria un paso que eche a perder la futura cosecha. Mientras anda, tiene cuidado de no deslizarse porque quiere llegar a su destino, y convertir todas sus fuerzas y energías en lo que es primordial para él y su familia. Mientras caminaba por las calles, en invierno, una tarde casi pierdo el equilibrio, ya que algunas aceras estaban muy lisas y al humedecerse, se convierten en un sendero de alto riesgo para los transeúntes. Desde aquel momento, cada vez que camino en invierno lo hago con mucha atención y cuidado. 

El libro de Hebreos dice: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (2:1). ¿Por qué Pablo comienza con un “Por tanto”? Porque: 
1. Dios ha hablado muchas veces (1:1). 
2. Dios ha hablado de muchas maneras: por los profetas y, finalmente, por su Hijo (1:2). 

La Palabra de Dios necesita ser más escuchada por los siervos y ministros, para que no haya un desliz y, al escucharla, puedan levantarse y proceder con diligencia en las transiciones reservadas para los diligentes.

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