martes, 20 de mayo de 2014

Oremos todos

Existe una razón por la cual, muchos en el pueblo de Dios, hoy en día, no están experimentando resultados en sus vidas espirituales y esta carencia de resultados, en gran parte, tiene que ver con la oración. Hay un gran número de creyentes que ha descuidado esta práctica fundamental de la fe.
Oracion
Amigo(a), al contrario de muchas creencias religiosas y antiguas tradiciones, la oración no es una repetición incesante de palabras y frases, como si se tratara de una fórmula mágica, ni tampoco se trata de negociar con Dios para que Él obre a nuestro favor. Debemos tener claro que ni la palabrería, ni las buenas obras, ni el mucho alardeo de espiritualidad, ni los despliegues emocionales de gritos y llantos, mueven a Dios a nuestro favor.

La Oración es hablarle a Dios con el corazón, sin fingimiento, no por obligación o rutina, es hablar con nuestro Dios con fe, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, creyendo plenamente en nuestro corazón, que Él está presente ahí donde le hablamos y que no sólo entiende nuestras situaciones, sino que atiende nuestras suplicas por el amor que nos tiene a todos. Va más allá de abrir simplemente la boca y decir palabras, es más que una simple comunicación.
La palabra de Dios nos enseña que El Señor está atento al clamor de su pueblo (Salmos 34:15). Cuando oramos de corazón, conforme a la voluntad del Señor, podemos estar confiados de que los resultados serán inevitables.
Y la oración nos debe dar tranquilidad y paz mental, pues creemos que, por la fe, lo que hemos pedido es como si ya hubiera sido hecho. Amigo(a), no se puede orar con temor y duda en nuestros corazones, no podemos esperar oír a Dios, si no tenemos la plena certeza de recibir lo que hemos pedido en oración. La palabra de Dios en el libro de Santiago, nos alerta de que el que pida así (dudando), no puede esperar nada de Dios (Santiago 1:6-7).
Algo fundamental en la oración eficaz, es conocer la palabra de Dios, ¿Por qué? La respuesta es que, al conocer las promesas y la voluntad de Dios para nuestras vidas a través de las escrituras, tenemos la base de conocimiento para saber, que lo que pedimos está en alineamiento a la voluntad de Dios y que por tanto, recibiremos lo que pedimos. OREMOS SIN CESAR, UNOS POR OTROS Y POR NUESTRA IGLESIA.

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