jueves, 17 de abril de 2014

La batalla de la vida

Un problema, por definición, es aquello para lo cual existe una solución. Y un imposible, sólo un milagro de Dios puede resolverlo.
Nosotros no somos estoicos, no soportamos todo con resignación. Habitualmente, no creemos en esta doctrina filosófica, en ningún momento. Creemos que se debe luchar por el bienestar y la felicidad. Debe ser una lucha sin cuartel y nunca rendirnos.
Pero aunque el hombre haga sus planes y trate de ejecutarlos, lógico, el resultado de los mismos depende de Dios, no de él. Existe una infinidad de imponderables, de factores y de variables que intervienen en el proceso de la vida, que no le permiten al hombre tener todo bajo control.
. Un problema, por definición, es aquello para lo cual existe una solución. Un imposible solo un milagro de Dios puede resolverlo.De manera que, a veces el resultado es el que queríamos, pero otras no. Esto es inevitable y los hechos así lo demuestran. Nadie puede lograr todo lo que quiere, es, simplemente, imposible. Y cuando algo es imposible ya no es un problema. Un problema, por definición, es aquello para lo cual existe una solución, pero un imposible, sólo un milagro de Dios puede resolverlo.
Por lo tanto, está muy bien luchar por todo lo que queremos con todas nuestras fuerzas, pero debemos tener claro que, esa batalla, así como puede ganarse, puede perderse. Y debemos saber cómo actuar cuando se pierde, hablando bajo el punto de vista humano y material. Porque desde el punto de vista espiritual, que es el que interesa, tal pérdida no existe, ya que Dios ha dicho que “todas las cosas ayudan para bien a los que le aman”.
Imagina esta lucha humana, como la de un boxeador en un cuadrilátero. Se prepara y se esfuerza al máximo para la pelea; pero esa pelea puede ganarse o perderse. Vemos así, cómo en el onceavo round un boxeador puede que sienta que ya no da más, que sienta que no puede continuar peleando, que todo está perdido; y entonces alguien tira la toalla... Y la pelea se pierde.
Usted puede hacer todo lo que está a su alcance para lograr algún objetivo en particular, cualquier objetivo. Pero puede ser que después de una lucha intensa, en la cual se hayan agotado todos sus esfuerzos y posibilidades, llegue, al igual que ese boxeador, a no tener más remedio que abandonar. Pero no olvidemos que Dios puede resolver cualquier imposible,... mas lo hará de acuerdo a su sabiduría, voluntad y señorío.
Al tirar la toalla ¿qué vamos a hacer?
Sólo dos opciones, nada más:
1- revelarse. No aceptar los hechos. Lamentarse, golpear al aire con los puños cerrados, Enfadarse. Llenarse de ira, rencor, soberbia, y convertirse en una persona triste, solitaria y amargada, o...
2- dejar a un lado el orgullo y la soberbia. Arrodillarse ante el Dios Todopoderoso, Nuestro Creador, aceptar su voluntad y pedirle ayuda, sea para que Él haga un milagro en nuestra vida y resuelva el asunto de acuerdo a nuestros deseos, o nos dé las fuerzas y la sabiduría precisas, para aceptar estos hechos sin amargura y con agradecimiento a ese Dios que es todo amor.
¿Tenemos nosotros o cualquier otro ser humano, una mejor opción?

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