martes, 21 de enero de 2014

¡Transformado!

Nuestro ministerio no necesariamente se centra exclusivamente en temas espirituales, sino que donde hay necesidad de ropa o alimento allí también podemos bendecir.
Rfcia. Versículo: Marcos 5:1-20
¡Transformado!Después de la increíble liberación del endemoniado de Gadara, el evangelio nos dice que los que cuidaban los cerdos huyeron y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y la gente salió a ver qué era aquello que había sucedido. Llegaron a Jesús y vieron al que había estado atormentado por el demonio, el que había tenido la legión de demonios, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
No se puede incursionar en el campo del enemigo sin ser observado. Jesús logró, en unos instantes, lo que ellos no habían podido lograr en años mediante el uso de cadenas y grillos. La gente que vio lo que sucedió huyó, con la intención de correr la voz de lo que habían visto.

De modo que el primer resultado de la intervención de Cristo en la vida de este hombre, fue que todos los pobladores se enteraron del acontecimiento. Esta es una respuesta normal y natural en la transformación de una vida. No somos seres aislados, sino que vivimos en medio de comunidades, donde nuestras vidas son observadas y conocidas por otros. Cuando se produce un cambio en nosotros, otros lo observan.
Hemos sido llamados a la transformación completa y total del ser humano, tanto en lo psíquico y emocional como también en lo físico.Esta realidad se le presenta a la iglesia oportunamente para tocar la vida de otros en una comunidad. No obstante, la iglesia muchas veces ha insistido en aislar rápidamente a la persona, para afianzarla en el camino que ha comenzado a transitar. Esta maniobra desperdicia las oportunidades que se crean, sólo para una conversión, sólo para tocar a otros, oportunidades que desaparecerán después de un tiempo. Una vez que dejan de existir, tendremos que echar mano de medios artificiales como campañas o reuniones especiales. Al igual que en la historia de la mujer Samaritana. Sin embargo, aquel era el mejor momento para impactar profundamente a la población.

¿Cómo encontraron al hombre cuando volvieron? ¿Observó usted el tremendo contraste con su condición anterior? Antes estaba desnudo; ahora estaba vestido. Antes, corría de un lado para el otro, cortándose con piedras; ahora, estaba sentado, en paz.
Antes, daba grandes gritos; ahora, estaba en su sano juicio. ¡Qué tremendo! El hombre había sido dramáticamente transformado. Tome nota de este cambio, porque esto también habla de la responsabilidad que tenemos frente a los que están en tinieblas. No hemos sido sólo llamados a "salvar almas", como tan frecuentemente se escucha en el pueblo de Dios. Hemos sido llamados a la transformación completa y total del ser humano, tanto en lo psíquico y emocional como también en lo físico.

Espero no se le haya escapado un interesante detalle: el hombre ahora se encontraba vestido. ¿Y de dónde sacó su ropa? Seguramente algunos de los discípulos, o Cristo mismo, le dieron de lo que tenían. Aquí también vemos que nuestro ministerio no necesariamente se concentra sólo en temas espirituales, sino que donde hay necesidad de ropa o alimento allí también podemos bendecir.



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