sábado, 5 de octubre de 2013

En las manos del Señor - Devocional

“El Señor es sol y escudo;
Dios nos concede honor y gloria.
El Señor brinda generosamente su bondad
a los que se conducen sin tacha.
Señor Todopoderoso, ¡dichosos los que en ti confían!”
Salmos 84:11-12
Nueva Versión Internacional (NVI)
Quiero compartirles lo feliz que me siento al poder dedicarle tiempo a Dios para crear los devocionales, que al final son para mí mismo, pues para los que amamos al Señor todas las cosas nos ayudan para bien.
Yo vivo muy ocupado trabajando y estudiando, y muchas veces el único tiempo que puedo dedicar a la lectura de La Biblia es este. Y le doy gracias a Dios porque me ayuda a poner mis ideas y mi vida en orden, no olvido que Él está en control y que yo confío en Él con toda mi mente y todo mi corazón.
Debido a mis ocupaciones de esta semana que hoy termina, con muchos asuntos en mi cabeza y muchas tareas, he descubierto que una de las cosas más importantes en la vida cristiana y que nos permite estar conectados con Él, pese a las circunstancias, es no dejar de hacer lo que tengamos que hacer y dejarle los resultados a Él, para que nos dé el fin que crea mejor, y si lo esperamos así, mejor.
No hay lugar más seguro que las manos del Señor, ahí encontramos protección, defensa, perdón, amor, provisión y bendición. El Señor es el sol que ilumina nuestro camino y el escudo que nos protege de las adversidades, enemigos, ataques, incluso de nosotros mismos; pero obviamente nosotros tenemos que hacer nuestra parte, nuestra tarea, y sobre todo entender y asimilar la naturaleza de Dios, perfecta, bondadosa y generosa, y asimilar su fidelidad, constancia y esfuerzo en todo lo que hace. Así Él acabará la obra que empezó en nosotros.
Y debemos aprender a ser constantes, a perseverar en nuestros esfuerzos y a renunciar a los resultados, porque ellos están en manos del Señor. Es normal ver, a los jóvenes especialmente, empezar carreras que no se acaban, matrimonios que se deshacen, trabajos que se abandonan sin una causa real, y un sin número de eventos en la vida que se empiezan y abandonan al primer obstáculo, al primer tropiezo, al primer impedimento, problema o desgana; y después nos sentimos arrepentidos, pero le echamos la culpa a otros o a Dios por los fracasos, cuando en realidad no sabemos qué hubiera pasado de terminar ese proyecto que empezamos.
El mensaje, hermanos y hermanos, es que hagamos lo que hagamos sigamos adelante, sin rendirnos, perseverando y poniendo todo en las manos del Señor; esto significa renunciar a los resultados y confiar en Él,... Él que todo lo puede, Él lo hará.


Las preocupaciones por los resultados son algo realmente agotador y refleja una falta total de fe y de confianza en Dios; igual que la excesiva confianza en uno mismo, que puede acarrear orgullo y arrogancia, la falta de fe y confianza en Dios, trae desesperanza, temor, desilusión y desánimo, y estas son herramientas que ponemos en manos del enemigo para atacar nuestro estado de ánimo y debilitarnos; una vez que hemos sido debilitados, mermadas nuestras fuerzas, nos volvemos vulnerables y presas fáciles de atacar, destruir y hacer caer.
Sin embargo, la Palabra de Dios está diseñada de manera perfecta para que le creamos, para que tomemos de su fuerza, nos cubramos bajo sus alas, nos protejamos bajo su sombra, para que seamos esforzados y valientes, y no nos rindamos tan fácilmente ante las dificultades.
Así es que nuestra fortaleza está en Cristo, en obrar con integridad y correctamente en nuestra vida y en amar y perdonar a los que nos ofenden. Si hacemos esto, El Señor hará lo demás, estamos en sus preciosas manos y Él no nos dejará ni nos abandonará.

“Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho: Nunca te dejaré; jamás te abandonaré.“

 Hebreos 13:5 

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