domingo, 14 de abril de 2013

La última palabra - Mensaje reflexivo - Vídeo


Recuerdo con nostalgia mis primeras clases en la Universidad, cuando estaba llena de temores, de sueños y de expectativas. Mi profesora, a quien nunca logré simpatizarle, nos dijo: “el lenguaje crea realidad, y  cuanto antes lo entiendan, mucho mejor”. Esa frase se me quedó grabada e incluso hoy es parte de mi “filosofía”. Efectivamente, el lenguaje crea realidad, lo que yo digo comienza a ser un hecho, algo que veo y que existe.

No sé si les ha pasado a ustedes, pero cuando uno está enamorado y habla de la persona que ama, parece que le ama aún más, es como si todo lo bueno que tiene se hiciera aún más evidente y, a través de lo que voy diciendo, me voy dando cuenta o “veo” al compañero o compañera que tengo. Cada vez que hablo, construyo una realidad.

Si comienzo el día diciendo que está horrible, que será pesado y que está lleno de cosas que no tengo ganas de hacer, mi disposición frente a este día que comienza, evidentemente no será la mejor, y mi día se perfilará de acuerdo a lo que he declarado con los dichos de mi boca. Por el contrario, si comienzo mi día declarando que será bueno, que tendrá situaciones difíciles pero de las cuales aprenderé, que soy optimista con respecto a lo que vaya a ocurrir, mi disposición y ánimo también cambiará.
Tiempo ha, leí la historia de un hombre que tenía cáncer en la garganta y que en un breve plazo de tiempo no podría hablar o emitir sonidos, ya que la única forma de salvarle la vida era extirpándole todas las estructuras físicas, encargadas de esta importante función. El mismo día de la operación, ya en la camilla y antes de que le adormecieran por completo para empezar la intervención quirúrgica, el médico le preguntó si había algo que le gustaría decir, puesto que esas serían las últimas palabras que emitiría. El hombre, tendido sobre la camilla, y con los ojos puestos en los ojos del médico, balbuceó una palabra que no se entendió muy bien; la volvió a emitir sin ser escuchada por el doctor, pero sí por el anestesista que estaba a su lado, y la repitió hasta quedarse totalmente dormido…
Al terminar la operación con éxito, extirpándole el tumor canceroso, aunque era ya una persona sin la posibilidad de hablar, el doctor se acercó al anestesista y con curiosidad le preguntó cuál fue la última palabra del paciente. El anestesista le miró y sonriéndole le dijo: “Su última palabra fue JESÚS”.

¿Cuál sería nuestra última palabra si estuviéramos en esta situación? Yo quiero que mi última palabra también sea JESÚS…. ¿Y la tuya?

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