miércoles, 25 de enero de 2017

¿Qué significa que Jesús cumplió la ley, pero no la abolió?

En la narrativa de Mateo, donde se encuentra lo que comúnmente conocemos como el Sermón del Monte, se registran estas palabras de Jesús: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” (Mateo 5:17-18).
Con frecuencia se
 discute que si Jesús no “abrogó” la ley aún debe ser obligatoria. De acuerdo a ello, sus componentes, como guardar el Sabbath, aún deben estar vigentes, quizá junto con otros muchos elementos de la Ley de Moisés. Esta suposición está basada en un malentendido de las palabras y la intención de este pasaje. Cristo no estaba sugiriendo aquí que la naturaleza obligatoria de la ley de Moisés permanecería vigente para siempre. Esta visión sería contraria a todo lo que aprendemos de la armonía del Nuevo Testamento registrado en Romanos 10:4; Gálatas 3:23-25 y Efesios 2:15. Tengamos en cuenta los siguientes puntos. 
Resultado de imagen de "¿Qué significa que Jesús cumplió la ley, pero no la abolió?La palabra traducida como “abrogar” o “abolir” adquiere un especial significado en este estudio. Es traducción del término griego "kataluo", que literalmente significa “derribar”. La palabra se encuentra diecisiete veces en el Nuevo Testamento. Es usada cuando se habla, por ejemplo, de la destrucción del templo judío por los romanos (Mateo 26:61; 27:40; Hechos 6:14), y de la desintegración del cuerpo humano cuando muere (2 Corintios 5:1). El término, además, conlleva el significado de “derrocar”, en el sentido de “inutilizar, privar del éxito.” En el griego clásico se usaba en relación a las instituciones, leyes, etc., para transmitir la idea de “invalidar.”

Y es especialmente importante apuntar cómo es usada esta palabra en Mateo 5:17. En este contexto, “abrogar” es usado como lo opuesto a “cumplir”. “Cristo vino …. no para abrogar, sino para cumplir”. El significado es éste: Jesús no vino a este mundo con el propósito de actuar como un oponente de la ley. Su objetivo no era evitar su cumplimiento. Más bien, Él la respetaba, la amaba, la obedecía, y llevó a cabo su cumplimiento. Cumplió las leyes proféticas pronunciadas respecto a Él mismo (Lucas 24:44). Cristo cumplió con las demandas de la ley mosaica, la cual ordena una obediencia perfecta, y si no, se aplica una “maldición” (ver Gálatas 3:10, 13). En este sentido, el divino diseño de la ley siempre tendrá un efecto duradero. Siempre realizará el propósito para lo cual fue otorgada.

Dedicar todo

Por lo tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto. Romanos 12:1
Cuando jugaba al baloncesto en la universidad, cada año, al empezar la temporada, tomaba la decisión de ir al gimnasio y atender por completo las indicaciones de mi entrenador… es decir, hacer todo lo que me pidiera.
Al equipo no lo habría beneficiado que yo hubiese dicho: «¡Oye, entrenador. Aquí estoy! Quiero lanzar la pelota al aro y driblar, ¡pero no me pidas que corra, que juegue bien en defensa ni que sude!».
Todo deportista de éxito tiene que confiar en su entrenador lo suficiente como para hacer todo lo que éste le pida para beneficio del equipo.
En Cristo, debemos convertirnos en un «sacrificio vivo» (Romanos 12:1). Le decimos a nuestro Salvador y Señor: «Confío en ti. Estoy dispuesto a hacer todo lo que me pidas». Entonces Él nos transforma renovando nuestra mente, para que nos concentremos en las cosas que le agradan.
Es útil saber que el Señor nunca nos pedirá que hagamos algo para lo cual no nos haya primeramente equipado. Como nos recuerda Pablo: «Ya que tenemos diferentes dones, […] usémoslos conforme a la medida de la fe» (verso 6).
Podemos confiarle nuestra vida a Dios y dedicarnos a Él, ya que nos fortalece saber que nos creó y que nos ayuda a hacer lo que nos pide.

Señor, Tú mereces más que nadie nuestro sacrificio y dedicación. Ayúdame a comprender que la consagración a ti trae gozo.
Consagrarnos a Dios no implica ningún riesgo.

Voy a Seguir Creyendo

Voy a seguir creyendo aunque la gente pierda la esperanza. Voy a seguir dando amor aunque otros siembren odio. Voy a seguir construyendo, aún cuando otros destruyan.
Voy a seguir hablando de paz, aún en medio de una guerra. Voy a seguir iluminando aún en medio de la oscuridad.
Resultado de imagen de Voy a Seguir CreyendoY seguiré sembrando aunque otros pisen la cosecha. Y seguiré gritando aunque otros callen. Y dibujaré sonrisas en rostros con lágrimas. Transmitiré alivio cuando vea dolor. Y regalaré motivos de alegría donde solo haya tristeza.
Invitaré a caminar al que decida quedarse. Levantaré los brazos a los que se han rendido, porque en medio de la desolación siempre habrá un niño que nos mirará esperanzado, esperando algo de nosotros.
Y aún en medio de una tormenta, por algún lado saldrá el sol, y en medio del desierto crecerá una planta.
Siempre habrá un pájaro que nos cante, un niño que nos sonría y mariposas que brinden su belleza.
Pero si algún día ves que ya no sigo, no sonrío o callo, acércate y dame un beso, un abrazo o regálame una sonrisa, con eso será suficiente.
Seguramente, la vida me abofeteó y me sorprendió por un segundo. Ese gesto hará que vuelva a mi camino. 
Nunca lo olvides: “El pasado es polvo, el futuro es viento, el presente es la vida. Si amas perdona, si no amas olvida … pues el amor nunca muere, solo cambia de lugar…”

No digas nunca “No puedo”

“No puedo” es la peor frase que se ha escrito o dicho, pues hace más daño que la calumnia o las mentiras. Con ella muchos espíritus fuertes se han quebrantado, y muchos buenos propósitos mueren.
Brota, cada mañana, de los labios de quienes no piensan, y nos roba el valor que necesitamos durante el día.
Suena en nuestros oídos como una advertencia, y se ríe cuando tropezamos y caemos por el camino.
“No puedo” es la madre de la gente con iniciativa débil; de quienes adoptan como suyos al terror y al trabajo a medio hacer.
Debilita los esfuerzos de inteligentes inventores y hace del que se esfuerza un indolente conformista.
Envenena el alma del hombre con visión, aplasta en su infancia muchos planes.
Saluda al trabajo honesto con abierto desprecio y se burla de las esperanzas y los sueños del hombre.
“No puedo” es una frase que nadie debería pronunciar sin ruborizarse; pronunciarla debiera ser motivo de vergüenza.
Aplasta la ambición y el valor; devasta el propósito del hombre y acorta sus metas. Despréciala con todo tu odio por el error que inculca; rehúsale el alojamiento que busca en tu mente.
Ármate contra ella como contra una criatura de terror, y cree que todo lo que sueñas algún día lo obtendrás.

martes, 24 de enero de 2017

Excusas y Más Excusas

El ser humano tiene la increíble capacidad de esgrimir toda clase de excusas con tal de justificar su falta de compromiso.
Somos especialistas en la autodefensa, y muchas veces también, somos indulgentes con nosotros mismos en cosas que no estaríamos dispuestos a tolerar en otros. Es una habilidad ingeniosa para disimular nuestra doble perspectiva que, muchas veces, va de la mano de la primera imagen que tenemos como carta de presentación.
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Sin embargo, la vida siempre nos presenta oportunidades, cruza nuestro camino con personas y circunstancias que nos ofrecen auténticamente su afecto y su ayuda, pero lamentablemente, tenemos la mala costumbre de usar múltiples caminos a los que adornamos para decir que no. Estrechamos manos, sí, pero los corazones se encuentran a mucha distancia del apretón. Cada día usamos palabras cuyo significado es realmente profundo, pero nuestra actitud en la vida no las respalda, son solo frases bonitas pero huecas.
Hablando sobre las excusas que tenemos los hombres ante Dios, Jesús habló a los discípulos ilustrando su punto de vista con una parábola, como fue su costumbre para enseñar; y les refirió la llamada “Parábola de la gran cena” (Lucas 14:15-24), la cual narra cómo un hombre que había convidado a varios de sus amigos a comer en su casa, al estar todo listo y viendo que ninguno de ellos había llegado, manda a su siervo a llamarlos, diciéndoles que todo estaba preparado. ¡Que la cena estaba servida!
Pero, cada uno de sus amigos pone una excusa valedera por la cual no puede asistir a la invitación. Entonces el anfitrión, padre de familia, envía a su siervo a ir a la ciudad a buscar por las plazas a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos. Luego, al ver que aún había dispuesto para más personas lo envía por segunda vez, pues su deseo era tener su casa llena. Termina la parábola con estas palabras del anfitrión: Os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados gustará mi cena.

Fracaso o éxito, ¡decídete!

“…Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús…” (Filipenses 3:13-14).
Todos los seres humanos nacimos potencialmente para vencer. Por supuesto, la pecaminosidad, heredada de Adán, nos llevó a percibir el fracaso como algo previsible. No obstante, al recibir la libertad por la muerte sacrificial del Señor Jesús y su resurrección, recobramos esas potencialidades.
Tengamos en cuenta que la derrota anida sobre todo en el corazón. No es algo que lo determinen las circunstancias reinantes porque, contrariamente a lo que podamos pensar, fuimos llamados a sobreponernos a todas las condiciones difíciles.
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Por esta razón, no está de más afirmar que cada uno determina si se somete al fracaso o se levanta y emprende el camino a la victoria.
¿Qué determina el éxito y la victoria?
Al interrogante respecto a qué determina el éxito y la victoria, es necesario ofrecer una respuesta sencilla y práctica: la perseverancia. Esta disposición a perseverar es fundamental en todas las áreas de nuestra vida.
En cierta ocasión, y refiriéndose a los momentos difíciles que experimentarían sus seguidores al final de los tiempos, el Señor Jesús dijo: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13).
No se trata de un asunto banal sino al contrario, de algo trascendental. Aquí se marca la diferencia: renunciamos ante los primeros tropiezos o, por el contrario, seguimos adelante, ascendiendo los escalones hacia la cima del éxito y la victoria. Determinados a vencer.
Si somos conscientes de nuestra condición de vencedores en Cristo Jesús, podemos repetir lo que el apóstol Pablo escribió en su carta a los cristianos del primer siglo en Corinto: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Corintios 2:14).

Aliento de vida

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente. Génesis 2:7
Una mañana fría y escarchada, mientras caminábamos con nuestra hija a la escuela, nos encantó ver cómo nuestro aliento se convertía en vapor, y nos reíamos ante las diferentes figuras que podíamos hacer. Ese momento me pareció un regalo, tanto por el deleite de estar con ella como por estar viva.
Nuestro aliento, que suele ser invisible, se percibía en el aire frío, y eso me hizo pensar en el origen de nuestro aliento y vida: Dios, nuestro Creador. Aquel que formó a Adán del polvo de la tierra y sopló en él aliento de vida, también nos da vida a nosotros y a todo ser viviente (Génesis 2:7). Todas las cosas proceden de Él; incluso nuestra propia respiración… inhalamos y exhalamos sin pensarlo.
Con todas las comodidades y las tecnologías de que disponemos, tal vez tendamos a olvidarnos de nuestros comienzos y de que Dios es quien nos da la vida. Sin embargo, cuando hacemos una pausa para pensar que Él es nuestro Creador, podemos agregar a nuestras rutinas diarias una actitud de gratitud, pedirle al Señor que nos ayude y reconocer con un corazón humilde y agradecido el regalo de la vida. Que esta gratitud impacte e incentive a otros, para que ellos también den gracias al Señor por su bondad y fidelidad.

¡Querido Dios, gracias por tu poder y tu creación! Te alabo por haberme dado la vida.
Demos gracias a Dios, nuestro Creador, quien nos da el aliento de vida.

¿Eres sabio e inteligente según la Biblia? o ¿sigues a la masa?

DEFINICIÓN DE SABIDURÍA E INTELIGENCIA
La Biblia nos dice que el cristiano debe ser inteligente y sabio. Sin embargo, la inteligencia y sabiduría a la que se refiere la Biblia no es la misma que la que cree o define el mundo. Por ejemplo, en el día a día el estudiante que saca las mejores notas de una clase es considerado como el más inteligente, y los intelectuales que son invitados a ciertos programas de televisión para opinar sobre un tema son considerados sabios. Para Dios, el tema es muy diferente. Veamos cómo la Palabra define a la sabiduría y la inteligencia:
“Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia.” Job 28:28
“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre.” Salmos 111:10
“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.” Proverbios 1:7
“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” Proverbios 9:10
Estudio Biblico de Sedientos.Org: Sabiduria e inteligencia de Dios. A modo de conclusión después de leer estos cuatro versículos, queda claro que el significado de ambas palabras son:
SABIDURÍA: Temor de Dios.
INTELIGENCIA: Conocimiento del Altísimo y apartarse del mal.
El Señor nos manda en su Palabra que aprendamos sus mandamientos y preceptos, y los pongamos por obra para que seamos personas inteligentes y sabias. Leamos con detenimiento los siguientes versículos:
“Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta.” Deuteronomio 4:6
“En los ancianos está la ciencia, y en la larga edad la inteligencia. Pero con Dios está la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y la inteligencia.” Job 12:12-13
“De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.” Salmos 119:104
“Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.” Proverbios 2:6
“Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; y adquirir inteligencia vale más que la plata.” Proverbios 16:16

lunes, 23 de enero de 2017

¿Cuál es el origen de las diferentes razas humanas?

Resultado de imagen de ¿Cuál es el origen de las diferentes razas?La Biblia no nos dice explícitamente el origen de las diferentes “razas” o colores de la piel de la humanidad. Las ve como solo una raza, la raza humana. Dentro de ella, de la raza humana, hay una gran diversidad de colores de piel y otras características físicas. Algunos especulan que cuando Dios confundió las lenguas en la Torre de Babel (Génesis 11:1-9), también instituyó la diversidad racial. Y es posible que Dios hiciera cambios genéticos en la humanidad para permitir que la gente sobreviviera en los diferentes ambientes ecológicos, tales como el que los africanos estuvieran mejor “equipados” genéticamente para sobrevivir en el calor extremo de África. De acuerdo a este punto de vista, Dios confundió los lenguajes, causando que la humanidad se segregara lingüísticamente, y dando origen a las diferencias genéticas raciales basadas en el lugar en el que el grupo racial se asentara geográficamente. Pero aunque es posible, no hay ninguna base bíblica explícita para esta opinión, de hecho las razas/color de piel de la humanidad no son mencionadas en ningún lugar en conexión con la Torre de Babel.
Eso sí, después del diluvio, cuando existieron los diferentes lenguajes, los grupos que hablaban el mismo idioma se mudaron con otros de la misma lengua. Al hacerlo, la reserva de genes de cada grupo disminuyó drásticamente porque ya no tenían a toda la población humana con quien mezclarse. Entonces surgió la endogamia (norma que restringe el matrimonio a los miembros del mismo grupo social), y con el tiempo, ciertos rasgos y características fueron acentuados en estos diferentes grupos. Mientras más endogamia ocurría a través de las generaciones, la reserva de genes fue disminuyendo más y más, hasta el punto en que toda la gente que tenía un lenguaje familiar tenía características y rasgos similares, y sería muy raro que surgiera uno diferente.